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Lucía Martínez Alcalde

“Nadie se casa para separarse pero tampoco hay que aguantar, sino ser feliz”

Sobre el ‘amor del bueno’, el ‘para siempre’, el nacimiento de los hijos, la infidelidad o las crisis de pareja. Son algunos de los temas que aborda en su último libro esta periodista especializada en matrimonio, noviazgo y maternidad

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La periodista Lucía Martínez Alcalde, de 32 años, frente al edificio de la Facultad de Comunicación de la UN, donde trabajaEduardo Buxens
  • Sonsoles Echavarren
Actualizado el 06/08/2021 a las 12:34
Las adolescentes sueñan con el amor romántico. El de las películas. El que dura para siempre, más allá de comer las perdices el día de la boda, mientras el fundido en negro deja una imagen de los enamorados entrelazados en un beso. Pero, en ocasiones, con el paso del tiempo, esas chicas (o chicos) se chocan de bruces con la realidad. Y se dan cuenta de que las relaciones, como la vida, son complejas y de que esa persona soñada no es lo que esperaban. O tal vez, sí. Y se convierte en su compañero de vida hasta que la muerte los separe. Sea como fuere, las relaciones de pareja son un tema que preocupa y mucho. Hasta el punto de que el resto de la vida (familia, trabajo, amigos...) puede pivotar en torno a él. Sobre estas cuestiones ha reflexionado la periodista y escritora Lucía Martínez Alcalde (Burgos, 1989), en su último libro, Más que juntos. Cómo disfrutar del matrimonio desde el ‘sí quiero’ (Palabra, 17,50 euros), que ha escrito junto con María Álvarez de las Asturias. Casada y madre de tres hijos (de 5 y 2 años y 8 meses), redactora en la revista Nuestro Tiempo de la Universidad de Navarra, está especializada en matrimonio, noviazgo y maternidad, temas de los que escribe en su blog makelovehappen.blog. Autora de Me debes de un beso, es una de las representantes de España de Cana Vox, un movimiento internacional con sede en Princeton (Nueva Jersey, Estados Unidos), a favor del matrimonio.
A lo largo del libro, habla en varias ocasiones del ‘amor del bueno’. ¿A qué se refiere con eso?
Al amor verdadero, al que todos aspiramos, al que es para siempre e incondicional. Pero esta expresión ya se ha vaciado de sentido y parece algo cursi y solo apto para los románticos. En definitiva, consiste en ofrecer tu mejor tú a la persona amada.
Una situación, sin duda, ideal e idílica pero, ¿poco real en una sociedad en la que las rupturas y divorcios están a la orden del día?
Es un tema que a María (Álvarez de las Asturias, la coautora) y a mí nos preocupa mucho. Es cierto que hay muchas rupturas pero, ¿qué podemos hacer para que no ocurran? Está claro que nadie se casa para separarse. Pero el ‘para siempre’ tampoco se trata de aguantar porque sí, sino de ser feliz y de querer a la otra persona cada día más.
Lo que está claro es que cada vez hay menos parejas que se casan. Ya no existe la presión social de hace unos años...
¡Claro! Y ahora uno solo se casa porque realmente quiere y porque desea comprometerse con la otra persona. El noviazgo no termina con el ‘sí, quiero’, la boda, el viaje... Ahí empieza todo.
Pero el matrimonio indisoluble es algo propio de la Iglesia Católica. ¿Qué pasa con el resto?
No debería ser propio del catolicismo. La fidelidad y el ‘para siempre’ es un anhelo del corazón, de todo el mundo. De hecho, en algunos estados de Estados Unidos, el matrimonio civil también es indisoluble. ¿Por qué los que no son católicos no van a tener ese compromiso del ‘para siempre’? El matrimonio católico, además, es un sacramento, en el que Dios nos ofrece su gracia.
El ‘tabú’ de la mediación
Sin embargo, las relaciones duraderas, a veces no son posibles porque se tuercen. ¿Qué se puede hacer para enderezarlas?
Es lógico que surjan crisis. Como cuando nace el primer hijo. En el postparto, la mujer tiene las hormonas enloquecidas y necesita mucha paciencia, que la dejen llorar, y una especial ternura. Si sabes todo eso antes de dar a luz, se evitarían muchos problemas. Pero, en ocasiones, no basta la voluntad sino que se necesita la mediación de una tercera persona...
Algo que aún no está bien visto se niegan a acudir a terapia de pareja porque no creen necesitarla...
¡Hay que quitar el tabú sobre la mediación! Se necesita reconocer que no te va bien y que acudes a un lugar en el que te van a ayudar. Ir a mediación puede sonar a divorcio. ¡Pero no! Se trata de reconstruir los cimientos y de que una persona neutral te ayude a desenrollar la madeja con nudos.
A pesar de todo, habrá veces, que no se pueda volver a levantar ese edificio sobre sus cimientos
Si ha habido malos tratos. La integridad y dignidad física es lo principal. Y ahí terminaría la convivencia, aunque no el matrimonio, que es indisoluble.
¿Y qué ocurre con la infidelidad?
Hay matrimonios se han reconducido. Aunque, ahí ya se atenta contra la línea base de flotación La infidelidad no es solo física. También puede ser emocional.
¿A qué se refiere?
A entablar una relación íntima a través de Internet con otra persona, a que se te vayan los ojos o las ganas de compartir lo que sientes o piensas con otro que no sea tu cónyuge, a criticar a tu marido o tu mujer delante de otros...
Vaya... Entonces muchos se reconocerán como infieles. ¿Puede tener que ver con las dificultades del día a día? ¿El llegar a un consenso? ¿A las tares domésticas?
El consenso es uno de los grandes temazos. No se trata de ceder sino de consensuar. Y de tomar decisiones conjuntamente, en las cosas pequeñas (cómo colocar los cubiertos en el lavavajillas) o importantes (la educación de los hijos). A los niños hay que ofrecerles un ambiente seguro, de unidad y que vean que sus padres también se piden perdón.
Siguiendo con la vida diaria, ¿por qué no le gusta referirse a la corresponsabilidad en las tareas?
Porque no hay hablar de un reparto equitativo del 50-50, como si fuéramos compañeros de piso. En una familia, un día uno hace 70 y el otro, 30; y otro día, al revés. Es que me parece imposible medir. ¿Cómo lo haces? ¿Por horas? En una familia, debemos funcionar como un equipo. No como enemigos ni fiscalizándonos. Igual a uno le encanta planchar porque se pone podcast y el otro prefiere cocinar. Además, no es algo que se pueda prefijar, sino que el reparto de tareas depende del momento de la vida, del trabajo, de los horarios... El hogar es de los dos y ninguno puede desentenderse.
Aunque parece que el cuidado de los hijos y las tareas de hogar son algo ‘de segunda’, de menor categoría que la vida profesional.
Con la pandemia y el confinamiento, se ha vuelto a hablar de la importancia que tiene cuidar, aunque, a veces, esté poco valorado. Porque vivimos en una sociedad que valora el éxito y el brillar. Pero cuidar de unos niños, de un hogar, de unas personas mayores, tiene una relevancia, aunque el impacto no sea visible. Cuando mis hijos eran recién nacidos, me parecía que no había hecho nada en toda la mañana. Pero mi marido me decía: ‘Los has alimentado y mantenido con vida. ¡Ya has hecho mucho’ (se ríe al recordarlo).
A propósito de los hijos. ¿Por qué tenemos la idea de que los católicos deben tener muchos, al no utilizar métodos anticonceptivos que no sean los naturales?
No nos podemos quedar solo ahí. La paternidad responsable es una actitud de apertura a la vida, que es un don. Lo que no significa que haya que tener cuantos más hijos, mejor. Es un tema muy personal en el que nadie se puede meter ni juzgar desde fuera. Los métodos naturales sirven tanto para tener o no tener hijos. Pero no hay que ver a un niño como un estorbo sino como un regalo.
El equilibrio con la suegra
Comidas en casa de los suegros, vacaciones con los cuñados... En ocasiones, las familias políticas afectan al equilibrio y a la convivencia del día a día. “Pero no son dos mundos enfrentados ni debemos verlos como los enemigos que nos están robando el tiempo de nuestro marido o mujer”, explica Lucía Martínez Alcalde. Y recalca la importancia de la comunicación y de hablar de las expectativas. “Sobre todo, si ha habido algo que nos haya molestado de la otra familia”. Pero concluye: “Hay que asumir que, en algún momento, desilusionaremos a nuestras familias de origen. Lo importante es no desilusionar a la persona con la que has iniciado ese proyecto de vida”.
‘Más que juntos’
Editorial: Palabra
Número de páginas: 219
Precio: 17,50 euros
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