Barracas
Tardes de diversión entre medidas
El coronavirus cambió nuestras vidas en marzo de 2020 y las vacaciones no fueron una excepción. Hemos aprendido a vivir con medidas y serán ellas las que nos permitan crear nuevas historias en un verano que va a recuperar algunas tradiciones
Actualizado el 05/07/2021 a las 09:39
Dos niños vestidos con dos camisetas de color rojo bailaban al son de la música que emitía la atracción de los autos de choque en la feria de Pamplona. Mientras cantaban ‘ahí está el tiburón’, la canción de Henry Méndez, observaban a su madre. “¿Me das dos tickets, por favor?”, le decía ella a Alfonso Álvarez, dueño de la barraca y presidente de la Asociación de Industriales Feriantes de Navarra (AIFNA). El riojano le entregó los tickets y esperó a que los dos pequeños se subieran, en los autos de choque habilitados, para pulsar el botón que iniciaba el viaje. Con ellos, cinco niños más compartían el trayecto y Álvarez, que los observaba desde la garita, cambiaba la música para hacer más divertido el viaje. Una rutina que comenzó en Pamplona el 18 de junio, el día que el parque del Runa, en la Rochapea, recuperó las barracas tras un año sin ellas.
Cada día, a las cinco de la tarde, se abrían las puertas de la feria y cientos de personas revivían el ambiente que el coronavirus les robó el verano pasado.
Las atracciones, las casetas de comida, las chucherías y los puestos de peluches gigantes recuperaron su lugar en una ciudad que llevaba esperándolas un verano. “Haber venido a Pamplona ha sido un sueño. Llevábamos parados desde marzo del 2020 y gracias a la Casa de la Misericordia, el Ayuntamiento de Pamplona y al Área de Seguridad Ciudadana hemos podido instalarnos aquí”, explicaba Álvarez muy emocionado. En Navarra son más de 90 las familias que pertenecen al gremio y para muchas de ellas Pamplona ha sido la primera feria del año tras el parón. “Llevamos viniendo a Sanfermines desde hace muchos años y ha sido muy guay el poder inaugurar la temporada aquí, en Pamplona. Ahora estamos pendientes de la feria de San Sebastián del 1 al 15, pero todo irá sobre la marcha porque este año también va a ser diferente”, decía Arturo Bravo Hernández, dueño de los autos de choque. El presidente de AIFNA se sentía orgulloso tras el comienzo de la temporada ya que la feria ha sido una bocanada de aire fresco para muchas familias. “Si hemos estado aquí es porque hemos luchado por ello. Nos juntamos todos los feriantes y elaboramos en común un protocolo de medidas con el departamento de Salud del Gobierno de Navarra para garantizar la seguridad de todas las personas que iban a venir a la feria”, detallaba el presidente de AIFNA. Un protocolo que pretenden seguir durante todo el verano en el resto de pueblos en los que se instalen.
PENSANDO EN EL FUTURO
Pamplona ha sido un ejemplo para el resto de pueblos navarros y la efectividad de las medidas ha abierto las puertas a los feriantes. “El día 3 de julio instalaremos 20 barracas en Barañáin con las familias que normalmente iban allí, aunque será más sencillo que lo de Pamplona”, contaba el presidente. También han obtenido un sí de Tudela y estarán del 13 al 25 de julio. “Habrá unas 40 atracciones, contando las casetas y puestos de comida. Parece el final de este año dramático, además quiero agradecer a la gente que ha venido porque sé que no ha sido fácil para nadie”, decía Álvarez. Las barracas han vuelto a Navarra, con medidas, pero sin perder su esencia.
SEGURIDAD ANTE TODO
Por primera vez, en fechas fuera del calendario festivo, Pamplona instaló las barracas. La pandemia de la covid-19 obligó a suspender, por segundo año consecutivo, los Sanfermines, pero la ciudad no quería perderse otra de sus tradiciones: la feria.
Sesenta comerciantes pudieron instalar sus casetas hasta este sábado, aunque debían cumplir las medidas impuestas para garantizar que los trayectos fueran seguros.
Pamplona fue la primera prueba y las medidas, como la distancia de seguridad o la limpieza de manos con gel hidroalcohólico, no privaron ni privarán a los visitantes del ambiente típico de una feria y garantizaron viajes llenos de diversión. En el recinto, completamente vallado, el aforo no estaba marcado para los navarros y tampoco lo estará en las próximas citas de los feriantes en la Comunidad foral. “Seguridad Ciudadana fue quién controlaba la entrada y la salida en la feria. Además, ellos vigilaban que no hubiera aglomeraciones en el paseo y habrá encargados en cada pueblo al que vayamos”, explicaba Álvarez. Las atracciones sí tenían y tendrán determinado el número de personas y el resto de medidas. “En las atracciones siempre se deberá usar la mascarilla, se desinfectarán las manos al entrar y nosotros tenemos que limpiar tras cada viaje a fondo. Además, antiguamente en cada toro se podían montar 4 o 5 personas y este año solo 2, salvo que sean unidades familiares, por eso el aforo depende de la gente que venga. Aunque, nunca vamos a llenar los viajes”, decía Alfonso Álvarez Alonso, dueño de la atracción El Rodeo.
Los paseos en las ferias serán de ida y vuelta y siguiendo el ejemplo de Pamplona algunas solo tendrán un punto de entrada y otro de salida, además la mascarilla fue obligatoria en el recinto y algunos feriantes apostarán para que lo siga siendo a pesar de instalar sus puestos en lugares al aire libre y de retirarse la obligatoriedad en exteriores. “Creo que es lo más seguro para todos, además nos hemos reinventado porque en Pamplona y a partir de ahora los churros se entregarán en una bolsa de papel cerrada y no en un cucurucho. El objetivo que queremos conseguir es que la gente consuma o en las mesas o fuera del recinto para que así no se quiten la mascarilla por el paseo”, contaba Álvarez.
La hostelería de la feria seguirá las mismas medidas que se apliquen en el resto de Navarra. “Lo único diferente es que no tendremos horarios de comida porque abriremos a las 17, pero todos los puestos tendrán mesas y sillas para merendar y cenar”, concretaba el presidente de AIFNA.
Los feriantes tendrán que seguir usando la mascarilla y deberán tener geles a disposición del público. Además, cada puesto se adaptará a la normativa. “Los clientes recibirán vasos desechables con el vino y tendrán mesas para consumir ya que se habilitaran espacios tanto en la parte delantera como en la trasera. Las medidas fueron efectivas en Pamplona y desde sanidad vinieron muchas veces a controlar que todo el mundo cumpliese, incluidos nosotros”, comentaba José Alonso Mazo, de Burgos y dueño de Vino Aragonés. Su mujer, Toñi Fernández Peñalba, insistió en que el protocolo fue adecuado. “Acordamos tomar las mismas medidas que cualquier negocio, pero con la ventaja de que nosotros estamos en la calle, al aire libre y eso da más confianza”, decía la riojana.
El horario de la feria, de lunes a jueves de 17 a 22 horas; el viernes, de 17 a 24 horas; y sábados, y domingos de 12 a 14 y de 17 a 22 será el mismo que aplicará AIFNA en el resto de zonas. “Lo hemos marcado así para evitar que la feria esté abierta por la noche, además es la manera más eficaz que tenemos para evitar que se formen fiestas nocturnas. Aunque, en el resto de pueblos nos planteamos abrir una hora más tarde, a las 18, en el mes de agosto si hace mucho calor”, apuntaba Álvarez.
MUY DIFÍCIL
La pandemia ha tenido parados a los feriantes desde marzo de 2020 y las pérdidas han sido significativas. “Nos habíamos metido en inversiones, teníamos las ITVs pasadas, los papeles firmados… Estábamos preparados para arrancar y hasta hace poco nos veíamos otro verano en casa con todos los materiales listos. Se me partía el alma, solo quería arrancar, daba igual con qué medidas y de qué manera”, detallaba Álvarez, presidente de AIFNA y en el gremio desde los 14 años. Sus hijos, de 25 y 30, también han seguido sus pasos. “Empiezas a vivir esta profesión desde dentro y te cambia. Ellos se ilusionaron conmigo y estamos felices de poder dedicarnos a esto”, decía Álvarez.
El entusiasmo y la pasión por la feria también lo compartía Julio César Guzmán Saldaña, dueño de la Bocateria Santa Ana. “Que podamos reactivarnos ha sido una bendición porque esto me apasiona. He estado con el mínimo de personal porque no doy a más, pero tengo muchas ganas. He estado en Sevilla y en Logroño y ahora estoy esperando otros sitios”, contaba.
La feria fue una oportunidad de empleo. “Las barracas me han permitido tener un trabajo y me alegro mucho de que hayan estado aquí porque creo que ha sido un gremio que ha sufrido mucho”, decía Mercedes Santos Teixeira, del puesto de patatas asadas. Su compañera, Débora Castillo Godoy, se sentía orgullosa de Pamplona por haber dado la oportunidad a los feriantes de volver a comenzar.
