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Tribunales

El navarro extraditado por Costa Rica acumula una nueva condena

La Audiencia le impone 2 años de cárcel por estafar en la compra de una bodega y una nave

Miguel Ibáñez Martínez, a la izquierda, y Pedro José Urrutia Urrutia, a la derecha, durante el juicio en Pamplona.
Miguel Ibáñez Martínez, a la izquierda, y Pedro José Urrutia Urrutia, a la derecha, durante el juicio en Pamplona.
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Actualizada 06/05/2021 a las 06:00

Pedro José Urrutia Urrutia fue condenado ayer miércoles por estafa. Un enunciado casi rutinario en una biografía que contiene su primera sentencia penal allá por 1968 , hace ya más de medio siglo. Este hombre, natural de Santesteban de 77 años, fue condenado en esta ocasión a dos años de prisión por haber estafado a dos familias con las gestiones que emprendió en 2016 para supuestamente comprar una bodega y una nave en Mutilva. Su socio Miguel Ibáñez Martínez también fue condenado por la Sección Segunda de la Audiencia Provincial, en su caso a 20 meses de prisión porque antes del juicio abonó 16.000 euros para compensar a sus víctimas.

Los dos hombres, que entre otros delitos fueron condenados en 2014 en Guipúzcoa por haber participado en el desfalco de la empresa Indaux (a 10,5 años en el caso de Urrutia, que se fugó a Costa Rica en 2007 con 18 millones de euros) negaron en el juicio que lo ocurrido en Navarra en 2016 fuera una estafa. Alegaron que fueron unas gestiones empresariales reales que se truncaron por el fallecimiento de la persona que realmente estaba interesada en la compra.

Pero el tribunal considera probado que ambos, puestos de acuerdo con una tercera persona que no ha sido localizada, se pusieron en contacto con un agente inmobiliario de Navarra, al que Urrutia le dijo que quería “invertir” el capital que había obtenido en operaciones financieras desarrolladas en países caribeños, sobre todo Costa Rica. De este país fue extraditado en 2009 tras la actuación de José Manuel Villarejo, según alardeaba el propio excomisario.


LA FIGURA DEL COMISIONISTA

El agente inmobiliario les puso en contacto con una familia propietaria de una bodega navarra y con el dueño de una nave en Mutilva. En ambos casos, los acusados actuaron de la misma manera, todo dentro de un plan concertado: primero mostraron interés en la compra y después ofrecieron una cantidad, “siempre en el umbral superior de mercado y sin discutir la suma a abonar”. Una vez cerrado el trato, informaban a sus víctimas de que el dinero se encontraba en Costa Rica, y que para lograr la autorización del envío del capital era necesario que un intermediario se desplazara hasta allí. Según argumentaban, “para que en Costa Rica permitieran el envío del dinero a España se requería acreditar ante las entidades bancarias de aquel país la existencia de un negocio jurídico, por lo que era imprescindible la firma de un contrato con un comisionista”. Ese intermediario, en la primera operación, la de la bodega, fue Miguel Ibáñez. A cambio, la familia vendedora le pagó unas comisiones de 30.000 euros, dinero que ya no devolvería. Según declararon las víctimas en el juicio, tuvieron que tirar de ahorros y préstamos de familiares para poder pagar ese dinero.

Pero el tiempo fue pasando y la compra no se materializaba, por lo que los vendedores contactaron con Urrutia, que les comentó que Ibáñez estaba en prisión “por razones que nada tenían que ver con la operación de venta de la bodega y viñedos”. Por este motivo, era necesario firmar otro contrato con un nuevo comisionista que hiciera las mismas funciones que Ibáñez. En este caso, entregaron 15.000 euros. Como la compraventa no se realizaba y Urrutia “no respondía al teléfono”, le requirieron a través de su abogada la devolución de las comisiones. Finalmente, un intermediario les devolvió 8.000. En el caso de la nave de Mutilva, la víctima les entregó 8.000 euros en una operación similar, dinero que no le fue devuelto.

 

RETIRARSE EN SANTESTEBAN

La sentencia recoge que Urrutia quería “retirarse” en Santesteban tras haber vivido años fuera, y que en las gestiones por las que ha sido condenado se presentaba “haciendo ostentación de opulencia económica, utilizando vehículos de alta gama” con chófer (el otro acusado) y portando de forma “ostentosa” un Rolex.

 

"QUÉ IMBÉCIL FUI, SOLUCIONA ESTO O VOY A CANTAR POR TODAS LAS PARTES"

Urrutia declaró que él solo buscaba asa para vivir en la zona de Santesteban y que acompañó a Ibáñez a la bodega porque le gusta el vino. “Su versión fue realmente inaceptable”, resalta la sentencia. El acusado también afirmó que solo estuvo con el vendedor de la bodega durante una comida que mantuvo en un restaurante de Pamplona con la cantante Paloma San Basilio, interesada según el acusado en vender su casa de Baztan. “Esta puntual y fugaz relación en nada resulta creíble”, añade el fallo. Y entre las pruebas, un correo electrónico que la tercera persona implicada (la no localizada y a cuyo nombre se expidieron 15.000 euros de comisión.) envió a Urrutia: “Espero que soluciones esto porque como me reclamen los 15.000 euros que cobré a mi nombre voy a cantar por todas las partes. Lo que faltaba, te cobro 15.000 y me das 200. Qué imbécil fui, soluciona esto”.

 

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