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Tribunales

El navarro extraditado por Costa Rica niega que volviera a estafar

De Santesteban y con un largo historial, negó las dos estafas que le imputan en Navarra

Foto de Pedro José Urrutia, vestido de chándal (silla derecha), durante el juicio.
Pedro José Urrutia, vestido de chándal (silla derecha), durante el juicio.
Actualizada 16/04/2021 a las 06:00

Pedro José Urrutia Urrutia, el hombre de Santesteban que a sus 77 años acumula tres décadas de condenas por estafas, negó este jueves que las gestiones para comprar una bodega navarra y una nave en Mutilva en 2016 sean dos muescas más en su historial. Aseguró en el juicio que los únicos pasos inmobiliarios que dio fueron por la casa de la cantante Paloma San Basilio en Elizondo y que en las dos operaciones de las que se les acusa se limitó a acompañar a su amigo Miguel Ibáñez Martínez. Este acusado, también con antecedentes, exculpó a Urrutia y se desentendió al asegurar que solo actuaba como intermediario de un inversor catalán ya fallecido.

La fiscal y sus víctimas rechazan estas versiones. Mantienen que fue Urrutia quien se interesó en ambas adquisiciones y realizó sendas ofertas por encima del mercado: 1,5 millones por la bodega y casi 400.000 por la nave. Una vez aceptadas, Urrutia les indicó que tenía el dinero en Costa Rica y que para lograr la autorización del envío era necesario que Ibáñez viajara y realizara allí unas labores de comisionista, para las cuales requería el pago de anticipos (30.000 en el caso de la bodega y 9.000 en la nave). Los vendedores los pagaron.

Urrutia lo negó. “Yo no quería comprar, no tenía dinero. Sí he tenido dinero, mucho dinero. He tenido gasolineras en Costa Rica, restaurantes y discotecas en Barcelona... Pero ya no tengo nada, todo lo retuvo la Audiencia de Guipúzcoa en 2009”, declaró este jueves. Se refería a cuando fue extraditado por Costa Rica, país al que huyó en 2007 con 18 millones de euros tras haber participado en el desfalco de la empresa Indaux de Getaria. Allí llevó un alto tren de vida (le requisaron tres mansiones) hasta que la Policía Nacional dio con él tras la intervención de Villarejo como agente secreto, según alardeaba el excomisario en una de sus grabaciones. La Audiencia de Guipúzcoa condenó a Urrutia a 10,5 años en 2014.

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En 2016, apuntó, solo quería volver a vivir a Navarra. Para ello contactó con un agente inmobiliario y se vieron para decirle que buscaba casa “por Santesteban, Elizondo o Sunbilla”. Agregó que después acompañó a Miguel Ibáñez , que tenía una cita con los dueños de una bodega. “Yo fui porque me gusta el vino. Me quedé fuera visitando la bodega mientras Miguel entraba con los dueños. Salió diciendo que ya estaba hecho y me volví a Barcelona”.

El segundo encuentro con los dueños de la bodega, afirmó, lo tuvo durante sus contactos con Paloma San Basilio para comprar su casa de Elizondo. “La vi y no me gustó porque tenía mucha hipoteca y pedía mucho. Después me fui a comer con ella a Pamplona”. En el restaurante se vio con un abogado de los dueños de la bodega y allí le explicó que Ibáñez estaba en la cárcel. Los denunciantes aseguran que Urrutia les pidió 15.000 euros más para otro comisionista (no ha sido localizado), que pagaron. El acusado lo negó. “Yo no les puse en contacto y delante mía no se ha firmado ningún contrato”, declaró. El abogado de la acusación particular le preguntó en el juicio por un email en el que reconoce el cobro de esos 15.000. “En la vida he escrito ese email. Además que mi cabeza ya no trabaja para eso, no uso el correo, soy alguien de pueblo”, se defendió airado.

Menos participación dijo tener en la compraventa de Mutilva. Un episodio del que solo declaró que se encontraba en un hotel de Pamplona donde Urrutia se había reunido con el comprador. ”Me dijeron que bajara . El señor con el que estaba me dijo que había visto por internet que había tenido líos en Costa Rica y me subí”, afirmó, reiterando que no elaboró ningún contrato, ni firmó ni recibió dinero en estas operaciones.

EL SOCIO DE BARCELONA

El otro acusado, Miguel Ibáñez, también fue condenado por la estafa de Getaria a 3,5 años. Aseguró este jueves que ante la bodega y la nave navarras actuó como intermediario de una sociedad de Barcelona registrada en Panamá a nombre de Alberto Cerdans, fallecido en 2016 y al que también señalaron tras su muerte acusados de otras causas como la estafa de la reaseguradora Merrion. Ibáñez afirmó que nunca dijo este nombre a los vendedores y tampoco supo responder por qué hasta ayer no lo había mencionado en la causa judicial. Pero insistió que este inversor estaba interesado en bodegas y que su política como intermediario era exigir las comisiones por adelantado y que por eso exigió los 30.000 euros, dinero que se devolvía si la operación no salía adelante. “He tenido malas experiencias, ponía todo en bandeja a compradores y vendedores y luego no cobraba”. Afirmó que las compraventas de la bodega y la de la nave no se hicieron porque Cerdans murió. Al enterarse en la cárcel, pidió a su mujer que devolviera 8.000 euros a los dueños de la bodega, algo que se hizo, y antes del juicio depositó otros 16.000. Negó cualquier intervención de Urrutia. “En absoluto, iba conmigo porque no conduce y aprovechaba cuando yo venía a Navarra”, afirmó. Las acusaciones piden para él 3,5 años de cárcel y para Urrutia 7,5.

Propietarios de una bodega denunciantes: “Nos pedía tiempo, que no se podía hacer por los ‘Papeles de Panamá”

 


Si Urrutia dijo que solo iba a acompañar a Ibáñez, los denunciantes de la bodega y la nave aseguraron que el comprador era el de Santesteban, el que “llevaba la voz cantante”. Sobre Ibáñez dijeron que solo era “su chófer”. “Nos llegó a decir que su jefe (Urrutia) había sido director de un banco de Rumasa”, declaró el dueño de la nave. “El comprador era Pedro Urrutia”, declaró el matrimonio propietario de la bodega, negando en ambos casos que se hablara de un tercer inversor. Todos dijeron desconocer el historial de Urrutia.

Les preguntaron si no les pareció rara la explicación de que era necesario el pago a un comisionista para que Costa Rica autorizara el envío del dinero. “Era la primera vez que hacíamos una venta así. Nos pareció raro, pero nos dijeron que era la única manera de hacerse”, afirmaron los dueños de la bodega. Pero pasaba el tiempo y la operación no se cerraba. “Llamábamos a Pedro (Urrutia) y nos decía que había que esperar, que no se podía hacer porque justo había saltado todo lo de los Papeles de Panamá. Ya nos fuimos dando cuenta de que no se iba a hacer ni iban a devolver el dinero”. El de la nave afirmó que el agente inmobiliario, al que sí extrañó este requisitos, llamó a un conocido de Miami y él le indicó que en América era frecuente la figura del comisionista, por lo que se fió. “Mi asesor me dijo que era un engaño, pero le dije que no, que se podía confiar”, declaró el dueño de la nave, a quien Urrutia pidió 12.000 euros y él entregó 9.000. El matrimonio de la bodega detalló que para reunir los 45.000 euros que entregaron tuvieron que tirar de ahorros y de familiares.

MÁS DE 50 AÑOS ANTE LOS TRIBUNALES

La primera de las numerosas condenas por estafa a Pedro José Urrutia, de 77 años, es de 1968. Este jueves, medio siglo después, volvió a ser juzgado. Vestido con un chándal, al ir a declarar dijo que no oía nada a raíz de unos problemas del corazón, los mismos por los que fue extraditado de Costa Rica en un avión medicalizado y los mismos por los que fue excarcelado en 2012. Siguió el juicio en el estrado de abogados. Ahí sí oía.
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