El agente acusado por detener a una camarera en Navarra dice que hubo “hostilidad”
La fiscal considera que el guardia civil abusó de su autoridad y le pide 9 años de inhabilitación


Actualizado el 25/03/2021 a las 06:00
Un café solo, largo y con hielos. Es lo que pidió el guardia civil aquella noche de julio de 2019 en la estación de servicio de la A-12. La discusión que se inició entonces entre él y la camarera, sobre si estaba bien preparado o no el café, acabó con ella detenida en el cuartel de Puente la Reina y con él juzgado por detención ilegal. Es de lo poco en lo que coinciden acusación y defensa sobre lo ocurrido esa noche. Para la fiscal, el agente abusó de su autoridad y practicó una detención ilegal, por lo que ayer ante la Sección Primera de la Audiencia pidió que sea condenado a 9 años de inhabilitación y una multa de 2.160 euros.
El agente defendió su actuación. Tildó una y otra vez de “desagradable”, “hostil”, “amenazante”, “agresivo”, “lleno de menosprecio” y “humillante” el trato que recibió de la camarera y propietaria del bar. Él y su compañeros entraron en él uniformados, camino de un servicio, para tomar un café. Eran las diez y media de la noche y empezaban su turno. No era la primera vez que paraban, dijo el agente. Su compañero pidió un cortado y él un controvertido solo, largo y con hielos. “Desde el principio recibimos un trato desfavorable por nuestra presencia”, declaró. Ella le sirvió el café y él no se mostró conforme, por lo que le dijo que eso no era el café que había pedido. “Ahí lo tienes, ¿no lo ves?”, dice que le respondió ella, y como él insistió, ella volvió a responder con un “a mí no me cuentes películas, es lo que hay” y “aquí las cosas se hacen así”, según su versión. Entonces, continuó el agente, pidió la hoja de reclamaciones y ella le dijo varias veces que no se la iba a dar, y que iba a llamar a la Policía Foral. “Ella nos decía, con agresividad y tono elevado, que el uniforme a ella no le decía nada, que solo íbamos a molestar”.
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Aseguró que intentaron tranquilizarla varias veces, “pero era imposible”. Le pidió que se identificara y ella le “tiró” el carné de conducir. En este contexto, se empezó a formar “alboroto” en el comedor, donde había unas 15 personas (su compañero dijo que de 15 a 30). Así que salieron fuera y llamaron a su brigada para comunicar lo ocurrido: que la camarera “no atendía a razones y su desobediencia era constante”. Entonces, añadió, la mujer salió del bar con unos papeles en la mano. “Me dijo: ‘¿Quéréis papeles? Aquí los tenéis’. Y no eran hojas de reclamaciones ni nada, yo creo que me dio los primeros papeles que encontró para dármelos con desprecio”, apuntó. Comenzaron a salir “unos ocho o diez” clientes del local y empezaron a “increparles”. “Mi compañero los contuvo. Ella hacía aspavientos y alentaba a la violencia de las demás personas contra nosotros”, añadió. Ahí, declaró, fue cuando percibió “hostilidad y riesgo para la integridad física” y detuvo a la mujer por un delito de desobediencia grave y alteración del orden público. Para subrayar el tono hostil de la clientela, aseguró que realizaron la “llamada de socorro” a la centralita, algo poco habitual y reservada para situaciones de riesgo. Camino del cuartel de Puente la Reina, afirmó que la mujer, esposada en el asiento de atrás, les pidió perdón.
La propietaria del bar de la estación de servicio negó cualquier animadversión hacia el acusado por su condición de guardia civil. “Llevo 14 años allí y todos los días van a comer, desayunar y cenar guardias civiles, forales... No tengo nada en contra de los agentes, me he criado con ellos”. Relató que esa noche la pareja entró a la hora de las cenas y ella les sirvió los cafés, uno solo y largo para el acusado. “Sé cómo prepararlo, llevo en la hostelería desde los 16 años”. Afirmó que siguió trabajando y que él le dijo que eso no era un café solo y largo. “Le dije si quería más agua o cómo lo quería, porque eso de largo es relativo. Y ahí se quedó la historia. Yo seguí trabajando y cuando estaba en la cocina entró una de las chicas (en el bar trabajaban ella y dos más) y me dijo que el guardia había pedido una hoja de reclamaciones”. Salió y le dijo si no lo podían hablar, a lo que él contestó que no. “No concebía lo que estaba pasando. Le dije que esperara cinco minutos y se la daba, que tenía gente esperando las cenas”.
Añadió que entró a la oficina, buscó una hoja de reclamaciones y el carné de conducir y se lo dio. “Pero él me dijo que eso no era, que no le tomara el pelo. Le expliqué que la normativa había cambiado, que antes era un tríptico pero que la habían cambiado por esa hoja. Él decía que no, que le diera el tríptico”. Entonces empezó a ponerse “nerviosa”. “Tenía gente esperando para cenar, las hamburguesas en la plancha, una de las chicas era nueva... Yo estaba alucinando, para nada le falté al respeto”. Llamó a su marido y él le dijo que le había dado la hoja correcta. “Salí y se lo dije. Yo quería zanjarlo, así que llamé a la Policía Foral por si podían explicarle que la normativa había cambiado. Y él me decía que era guardia civil, que para qué llamaba a la Policía Foral”. Y volvió a llamar a Policía Foral, porque según le decía el agente, el carné de conducir no era suficiente.
Poco después, la mujer relató que el agente se mostró conciliador. “Me dijo que nos relajáramos, que quería que todo acabara, y que saliéramos fuera. Accedí. Pero nada más poner un pie en la calle se me puso muy cerca y empezó a arrinconarme. ‘¿Por un café, esto?’, le dije. Reculé y me puso las esposas contra la pared. Era algo alucinante, todo por un café... Pensé que en algún momento iba a parar...”. La mujer declaró que no vio a los clientes en la calle. “Bastante tenía con lo mío. Yo estaba preocupada por las cenas, en avisar a mi marido”. Negó que les pidiera perdón camino del cuartel. “Él iba atrás pisándome con fuerza en la pierna, diciéndome que iba a pasar 500.000 horas en el calabozo. Su compañero no decía nada, yo creo que lo estaba pasando igual de mal que yo”. El responsable del cuartel de Puente la Reina la puso en libertad esa madrugada. “Me dijo que estaba allí por un café. La conozco y no es agresiva, nunca he tenido problemas con ella”.