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Obituarios

Miguel Álvarez Bonald y la Cámara de Comptos

Miguel Álvarez Bonald.
Miguel Álvarez Bonald.
  • Manuel Pulido Quecedo
Actualizado el 16/03/2021 a las 07:52
Ha fallecido hace unos días en Madrid un gran amigo de Navarra, el exconsejero del Tribunal de Cuentas de España Miguel Álvarez Bonald.
Conocí a Miguel en 1981, cuando el Parlamento foral me comisionó acompañando al entonces vicepresidente Urbiola para buscar personas de alto nivel profesional y científico para cubrir los tribunales de oposición, con el fin de seleccionar al primer personal para la Cámara de Comptos de Navarra tras ser aprobada su Norma de Restablecimiento por el Parlamento, el 28 de enero de 1980.
Su restablecimiento fue posible, por su mención en el Real Decreto 121/1979, de 26 de enero, de elecciones locales y ordenación de las instituciones forales de Navarra, como órgano técnico dependiente del Parlamento.

Fue en el marco de unas jornadas sobre el Tribunal de Cuentas cuando conecté con él y con Álvaro Rodríguez Bereijo, catedrático de Derecho Financiero y más tarde consejero como Álvarez Bonald y presidente del Tribunal Constitucional. Desde el primer momento, Miguel mostró su particular disponibilidad para ayudar a poner en marcha el primer órgano de fiscalización de la España de las Autonomías. No era poca cosa, porque entonces los órganos centrales del Estado (Tribunal de Cuentas, Congreso etc.) veían con recelo a los nuevos órganos autonómicos o forales, recién creados o en nuestro caso, repristinados.

Desde entonces Miguel, que siempre destacó por su educación y porte patricio, así como por una buena oratoria como discípulo que fue del profesor don Nicolás Pérez Serrano (padre), era miembro del Cuerpo de Letrados Censores y Contables del Tribunal de Cuentas. Más tarde, cuando durante el mandato de Pascual Sala de presidente del Trbunal de Cuentas fue nombrado secretario general y posteriormente consejero del Tribunal de Cuentas del Reino (1991-2001), siempre mantuvo la misma disponibilidad, propia de un hombre sabio y sensible al hecho foral, adornado de un gran criterio profesional.

Álvarez Bonald participó en la selección del que posteriormente sería su letrado- secretario general, Luis Ordoqui, durante muchos años y más tarde Medalla de Oro de la institución, del recordado auditor fallecido, Paco Sesma y algunos más, dando un tono más que elevado a la Cámara de Comptos.

Esa complicidad de Miguel con Navarra facilitó muchas cosas. Así, cuando se estaba discutiendo el articulo 18 del texto inicial del Amejoramiento (LO 13/1982, de 10 de agosto) y la representación negociadora del Estado, manifestaba su desconfianza sobre el alcance de las relaciones con el Tribunal de Cuentas y sobre quién tendría la última palabra en la fiscalización de las cuentas públicas de Navarra, la presencia de Álvarez Bonald en su puesta en marcha fue determinante para disipar las dudas, como me comentó el antiguo director general de lo Contencioso del Estado, José Luis Gómez Déganos.

Miguel fue acreedor del premio de auditoría Mariano Zufía, al que le unía una vieja amistad desde los tiempos de la oposición al franquismo desde el renovado Partido Carlista y mantuvo siempre buena sintonía con las personas que conoció. Entre otros, Rafa Gurrea, entonces vicepresidente, el presidente Arbeloa y José Antonio Asiáin.

Se ha ido un hombre íntegro con el que mantuve el contacto hasta casi el final y que debiera ser recordado, amén de otros méritos, como esos buenos amigos de Navarra en Madrid que tanto han hecho por facilitar que la Comunidad foral y su régimen foral brillen con luz propia en el Estado de las Autonomías. Descanse en paz.

El autor es doctor en Derecho Constitucional y letrado del Parlamento
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