Coronavirus

Peregrinos sin Javierada

Suspendida. La peregrinación más conocida de Navarra tampoco llegó a término de manera oficial. No obstante, decenas de personas, sin aglomeraciones, sí decidieron ofrecer su guiño al Santo y, con mascarillas y distancia, llegar hasta Javier

Todos las fotos de la marcha a Javier 2021
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Todos las fotos de la marcha a Javier 2021Eduardo Buxens
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Todos las fotos de la marcha a Javier 2021
Todos las fotos de la marcha a Javier 2021 / Eduardo Buxens

Noelia Gorbea

Publicado el 06/03/2021 a las 17:27

Es la imagen de las conversaciones por doquier, del olor a bocadillos, de pasos acompasados y también de ampollas en los pies de quienes no están acostumbrados a caminar con tanta asiduidad. Es el recuerdo de mochilas a reventar, gorras y paraguas a la espalda. Es la eterna instantánea de un murmullo, en plena sintonía con quien necesita de un grupo de amigos para cumplimentar la tradición. La Javierada, esa peregrinación multitudinaria que revuelve los hogares de miles de personas, vuelve a quedarse en stand by. La pandemia no se ha evaporado tan rápido como nos hubiera gustado y, a pesar del deseo de muchos, la cita vuelve a estar suspendida.

Pero más allá de llamamientos oficiales, el deseo de ‘acompañar’ al Santo en una jornada especial por antonomasia fue más fuerte. Por ello, decenas de personas han elegido pisar en una misma dirección. A sabiendas de que iba a ser diferente, pequeños grupos de amigos, primos, parejas... se animaron a completar este archiconocido camino. A pie y con una sonrisa. Y así, entre unos y otros, una constante: mascarillas por doquier y distancia. Mucha distancia. La tradición parece que pudo con la negativa y, dado que estos meses de pandemia el monte se ha convertido el aliado permanente, el trayecto hacia Javier ganó por cercanía. Eso sí, distando mucho de las miles de personas que se congregaban en la cita años atrás. Quede meridiano que la suspensión de las Javieradas por parte del Arzobispado bien cumplió su función. No hubo aglomeraciones en ningún tramo del camino. Ni siquiera en los merenderos de Sengáriz.

TRADICIÓN FÉRREA

Ya en los primeros compases del camino, la impronta quedó patente. Fue a cuentagotas. Peregrinos que eligieron Javier para invertir una jornada de sábado en la que el tiempo se transformó en aliado. “Es el ‘Santo’, que nos ofrece su capotillo, como el de San Fermín”, explicaba en los kilómetros inciales Rubén Armendáriz. Solo y con un buen repertorio de música en su MP3, el pamplonés tenía clara su idea. “No tengo prisa, pero intentaré llegar sobre las seis de la tarde”, expresó, dejando claro que el toque de queda impuesto hasta las seis de la mañana le había impedido empezar con antelación.

Y sí, la cara positiva de la moneda fue, sin duda, avanzar sin tener que mirar el reloj. Al no haber actos programados en la explanada ni en la basílica, los peregrinos escogieron la calma. “Algo bueno tenía que tener la pandemia”, reía María Alastruey Rípodas. Poco a poco, la mañana se fue abriendo paso. De la misma manera que la pareja compuesta por Myriam Benito y Borja Zulategui. “Hay que tener cuidado con los coches, porque no está protegido como otros años, pero vamos bien. Está tranquilo”.

DISTANCIA

Apenas 500 metros más adelante, la energía de Luis Javier Goñi y su hijo Javier se intuía de lejos. “Somos devotos y queremos cuidar la tradición familiar”, explicava el progenitor, con 36 peregrinaciones a sus espaldas. En esta ocasión, también había un plus. Y es que Javier, de 11 años, había previsto completar su primera Javierada desde Pamplona. “Llevamos tres fines de semana entrenando y voy muy bien”, aseguraba el menor. Fue en el Bosquecillo donde la mujer, Cristina, y su segundo hijo, Miguel, se les unieron para alcanzar la explanada.

Raro se les hizo caminar en soledad a Mari Cruz Gil, Eduardo, Patricia y Francisco Javier Garro. Padre, hermanos y tía descansaban brevemente en Idocin. “Es una tradición de más de 40 años que no queremos perder”, insistía el progenitor. Habituales a la marcha, partieron de Pamplona a las 7.45 horas. Desde Noáin, en cambio, se había animado la familia Nieto-Casas. Conscientes de las restricciones por la pandemia, el grupo viajaba seguro. “La otra mitad de la familia vino la semana pasada”, relataron. Y así, disfrutando de la jornada, sus palabras se enfocaron directamente a la abuela Esther. “Va por ella”, gritaban al unísono Javier, Patxi, Eneko, Isabel, Oier, Dimas, Daniel, Pedro y Lorenzo.

Y como no podía ser de otro modo, Sengáriz fue parada obligada. Allí, en una mesa y con el vacío de fondo, reponían fuerzas Ana Palacios, su hija Carolina Erce y un amigo común Antonio Pérez Serrano. “Nos conocimos en una Javierada, cómo no vamos a venir”, expresaban con una sonrisa. Al aire libre, echaban de menos ese murmullo generalizado de una extensa multitud caminando en una misma dirección. “Falta algo, es así”, asumían. Pese a todo, la alegría no la iban a dejar de lado. “Tenemos las mochilas repletas, así que podemos con todo”. Nada que añadir.

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