Foro 'Dn en vivo'
Los residentes podrán salir, pero habrá controles
Fue una de las inquietudes que trasladaron los lectores y respondieron los expertos durante el foro


Actualizado el 19/02/2021 a las 06:00
Tras las intervenciones del panel de expertos invitado al foro ‘DN en Vivo’ y de las dos residentes de Casa Misericordia y Residencia Torre Monreal, los lectores pudieron trasladar sus preguntas y dudas a los invitados que ayudaron con sus respuestas a dibujar el panorama que se avista ya en los centros tras completarse el proceso de vacunación en residentes y trabajadores.
Flexibilizar salidas, pero con controles
En residencias como la de Artajona ya han empezado a realizar salidas con residentes pero, ¿se va a establecer desde la administración algún tipo de pauta para llevar a cabo esas salidas o quedará al arbitrio de cada centro? En principio, como detalló la directora Gerente de la Agencia navarra de Desarrollo y Autonomía de Personas, Inés Francés, las normas que se han planteado para ir flexibilizando las salidas es que las personas puedan realizarlas al igual que el resto de la población. “La idea es que puedan dar paseos y acudir a sus domicilios pero tendremos que tener medidas preventivas y de control cuando vuelvan al centro. Hay salidas de bajo riesgo, como los paseos y salidas diarias con familiares y otras de alto riesgo en las que es más difícil mantener las medidas preventivas de distancia y mascarilla como ir a comer o pasar un fin de semana con familiares. Esto también va a estar permitido pero a la vuelta se deberán realizar pruebas diagnósticas (PCR) en función de si están vacunados o no para evitar que haya una transmisión. Estar vacunado disminuye la gravedad de la enfermedad pero no evita que podamos transmitirla”, detalla Francés. Es decir, que habrá una especie de “normalización” de las salidas aunque se deberán seguir manteniendo las “medidas de precaución y control”.
En la residencia de Artajona, las salidas están siendo de momento acompañadas del personal de la residencia “para pasear o hacer cualquier tipo de recado” y con el ánimo de “reeducar” en las medidas que se deben cumplir. “Tienen que aprender que no se pueden hacer reuniones en casas particulares y que si acuden a los bares deberán estar en las terrazas”, explica Yaquelín Maestre quien adelanta que a partir de la próxima semana, “previa formación de los familiares”, podrán empezar a salir con ellos las personas autónomas que tengan capacidad para salir solas.
Borja Macaya apunta que “se han innovado cosas, y además de las propias visitas y salidas se han instaurado “medidas novedosas y muy interesantes” como los espacios seguros próximos a las residencias. “En colaboración con los ayuntamientos se han propiciado espacios donde en unos horarios restringidos y en una zona delimitada se bloqueaban lugares para que los residentes de los centros pudieran salir al exterior y pasear. Han tenido una gran acogida, han permitido momentos muy motivantes y se van a seguir usando”. En Casa Misericordia hace meses que se realizan salidas de manera frecuente. “Existe un protocolo y ha sido muy fácil llevarlo a cabo. En días de sol, hemos llegado a tener más de 200 salidas diarias”, remarca Jesús Cía quien recuerda que en el centreo residen más de 300 personas “relativamente autónomas” que tienen el hábito de salir a pasear a diario.
Limitaciones para el voluntariado
El personal voluntario que venía realizando actividades y acompañamiento en los centros sigue teniendo limitaciones para la entrada a los centros. “En estos momentos es personal externo y en principio se ha limitado igual que se han limitado las visitas de familiares. Se realizan, como éstas, con cita previa y con las limitaciones de espacio que se establezcan en cada centro”, explica Inés Francés.
En la residencia Virgen de Jerusalén de Artajona contaban con voluntariado que venía a diario y ahora mismo su entrada está restringida. En los centros de Solera Asistencial se permiten algunas visitas de gente voluntaria pero, como indica su director Borja Macaya, no para realizar actividades sino para gente que viene con todas las medidas de seguridad a visitar a residentes que no tienen familiares a fin de que puedan tener contactos con voluntarios o personas con las que tienen algún tipo de afinidad. En Casa Misericordia, dice Jesús Cía, cuentan con un gran número de voluntarios para labores de acompañamiento que, de momento, no se pueden realizar en el interior de la residencia y, en el exterior, de forma muy limitada. “Es otra de las cosas que tenemos que conseguir normalizar una vez vacunados y según se vaya extendiendo la vacunación al resto de la sociedad”, razona.
La vacunación, voluntaria y mayoritaria
¿Los trabajadores han querido vacunarse? ¿Tienen la posibilidad de vacunarse o no? Como remarca la Directora Gerente de la Agencia Navarra de Autonomía y Desarrollo de las Personas, Inés Francés, la “vacunación es voluntaria y el que no quiera no le podemos obligar, pero la participación entre los profesionales ha sido muy alta”. Una afirmación que corroboraron el resto de los ponentes. “El 99% se ha puesto la vacuna voluntariamente”, resume Borja Macaya. Y lo mismo en Casa Misericordia. También lo han terminado haciendo la mayoría de los trabajadores de la residencia Virgen de Jerusalén de Artajona. “Al principio alguno estaba más reticente y decidió esperar para ver qué pasaba pero se ha terminado vacunando con la segunda vuelta”, asegura su directora, Yaquelín Maestre.
Del vacío de las calles, a la barbacoa
Difícil elegir una imagen de las vividas en estos largos meses de pandemia. A Yaquelín Maestre aún le cuesta “mirar hacia atrás”. Se queda con el día en el que los últimos residentes contagiados dieron negativo y lo celebraron con una barbacoa en el patio. La Pamplona “vacía, sin coches ni actividad alguna” de aquellas largas semanas de marzo y abril emerge una y otra vez en la cabeza de Borja Macaya. Esa Pamplona “en suspenso” que contrastaba con la actividad frenética que se seguía en su departamento también es la que recuerda Inés Francés. Para Jesús Cía especialmente intenso, “alegre y triste simultáneamente” fue el momento en el que los residentes pudieron abrir las puertas de sus habitantes tras más de dos meses de confinamiento para volver a relacionarse con sus compañeros y pisar el suelo de la calle. “Recorrían los jardines exteriores como si quisieran recuperar las vueltas perdidas. La hacían con verdadera velocidad”, evoca Cía.