Natalidad

Lorea Domínguez: “Queríamos ser padres pese a todo. La vida sigue”

Como un ‘milagro’. Así vive su primer embarazo esta pamplonesa de 39 años, que estaba a punto de comenzar un tratamiento de fertilidad. La pandemia no se interpuso y ahora espera a su hija Enara para comienzos de marzo

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S.E.

Actualizado el 14/12/2020 a las 06:00

Lorea Domínguez acudió a la consulta de fertilidad para comenzar un tratamiento, cuando el ginecólogo retiró el ecógrafo, la sonrió y la abrazó. “Estás embarazada”, le dijo Jesús Zabaleta. “Yo no me lo podía creer. ¡Era un milagro! Llevábamos tiempo intentándolo e íbamos a probar la fecundación in vitro. ¡Y me quedé!”, lo cuenta emocionada y embarazada ya de seis meses de su primera hija, Enara, que nacerá a comienzos de marzo. Corría el mes de julio, la primera ola de la pandemia estaba remitiendo y Lorea Domínguez Azparren aún no se creía la noticia que acaba de recibir en la consulta. “Había ido yo sola porque solo me iban a informar sobre las inyecciones y ¡mira! ¡Empecé a llorar y llamé a mi pareja”, recuerda esta pamplonesa de 39 años, que trabaja como gestora comercial en Brandok, la empresa comercial y de gestión de eventos de Diario de Navarra. La pandemia, insiste, no les frenó en ningún momento su afán por ser padres. “Con ella o sin ella, íbamos a intentarlo porque la vida continúa”.

Fue a comienzos de mayo, superados los dos meses de confinamiento, cuando Lorea Domínguez recibió la llamada de la unidad de fertilidad del Complejo Hospitalario de Navarra (CHN) para retomar las citas e iniciar su tratamiento. “Yo tenías unos niveles de ovocitos bajos, por la edad, y debía seguir un tratamiento hormonal para estimularlos y programar ya una extracción de óvulos. ¡De ahí mi sorpresa cuando me dijeron que me había quedado embarazada!”. Con incredulidad comenzó su gestación, que ya alcanza las 27 semanas (un embarazo a término oscila entre las 38 y las 42) y, por el momento, discurre sin grandes sobresaltos. “Al comienzo tuve náuseas las 24 horas del día. Suerte que entonces, en el trabajo estábamos con un ERTE y solo trabajaba el 30% de la jornada. Lo que me ayudó mucho. No dormía bien, tenía hambre... Si no llega a ser por el ERTE, igual hubiera estado de baja...”, confiesa. Y ahora, continúa explicando, sufre mareos de vez en cuando, por los que se tiene que tumbar “en el suelo o donde sea” hasta que se le pasan. “Pero bueno, me dicen que es normal, que son bajadas de tensión. Así que no me quejo. Lo estoy llevando bastante bien”.

"NECESITO MÁS CONTACTO"

Lorea Domínguez reconoce que ha tenido y sigue teniendo miedo a contagiarse de la covid. “Por si afecta al feto. Aunque con la mascarilla estoy tranquila”. Unos días a la semana teletrabaja y otros, acude a la oficina. “Aunque en casa estoy más tranquila, también necesito contacto humano y ver y hablar con mis compañeras”. Pero lo que más siente, subraya, es no poder compartir su alegría físicamente con sus amigas y familiares. “Hablo mucho por teléfono pero me gustaría poder quedar. Tengo dos amigas embarazadas con las que querría compartir más cosas. Y mis sobrinos de 5 y 6 años, que viven en Vitoria, solo me han visto embarazada en fotos. Aunque están locos de contentos con su primita”.

Como los cursos de preparación al parto que se imparten en los centros de atención a la salud sexual y reproductiva (CASSYR) se han limitado, aunque se siguen ofreciendo, Lorea Domínguez se ha apuntado a la formación que se da en Maternalia, un centro privado. “Hay clases de natación y de preparación al parto que imparte una matrona. Son muy seguras y estamos todas muy separadas. ¡Yo necesito estar con otras mujeres embarazadas y compartir nuestros miedos y preocupaciones!”.

Como un dolor abdominal que la alertó y la llevó a urgencias de ginecología y obstetricia hace un mes. “Notaba una presión y me asusté. Me hicieron una ecografía y me dijeron que no me preocupara que todo estaba bien, que esa presión era normal. ¡Me trataron genial y me fui muy tranquila a casa”, cuenta que no tuvo ningún miedo a acudir a urgencias. “Había poca gente. ¡Estuve sola!”.

En el CASSYR donde le llevan el embarazo, en Burlada, también reconoce que la atienden muy bien, a pesar de la pandemia. “Aunque una de las consultas, la matrona quería hacerla telefónica y yo le exigí que fuera presencial. Si no, ¿cómo va a escuchar el latido del bebé? Lo aceptó perfectamente y me atendió allí”. Y así, entre mareos y algún sobresalto, Lorea continúa feliz con ese embarazo tan deseado. Anhelando el momento de ver, por fin. a su pequeña Enara. Porque, con pandemia o no, quería ser madre. Y porque, pese a todo, la vida continúa.

 

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