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Coronavirus

Caída de viajeros en el aeropuerto y en las estaciones de tren y autobuses

La caída de viajeros podría llevar a reducir la frecuencia de algunos de los servicios

Puesto de control de la Guardia Civil a los pasajeros de ayer en el aeropuerto de Noáin-Pamplona.
Puesto de control de la Guardia Civil a los pasajeros de ayer en el aeropuerto de Noáin-Pamplona.
Diario de Navarra
Actualizada 23/10/2020 a las 06:00

Una decena de metros, tres guardias de seguridad y dos guardias civiles separaban este jueves a Eva Driessen y a Carlos Yécora en la cinta de embarque del aeropuerto de Noáin-Pamplona. Los dos eran pasajeros del vuelo de las 9.35 horas con destino a Madrid y ultimaban los controles antes de subir al avión en el primer día de confinamiento perimetral de la Comunidad foral. Eva Driessen, con una maleta algo más voluminosa, tenía como exótico final de su viaje el circuito de la Fórmula 1 de Portimao, en Portugal, donde este fin de semana se celebra el Gran Premio del país luso y donde ella llegaría tras una conexión entre Barajas y Lisboa. “Trabajo en la gestión de eventos relacionados con el mundo del automóvil y su patrocinio, he estado muchos años vinculada a la firma Aston Martin”, contaba, por lo que su viaje estaba vinculado a temas laborales. Con pareja y una hija, lleva 14 años residiendo en España, y hasta el 10 de marzo cogía una media de 4 o 5 aviones cada semana. “Esta situación nos ha cambiado la vida a todos, pero yo, la verdad, prefiero así, no viajar tanto”.

Ya casi en el arco de seguridad, Carlos Yécora Roca, senador riojano por el PP, contaba que desde el cierre del aeropuerto riojano de Agoncillo le viene mejor el enlace en avión entre la capital navarra y Madrid en un trayecto que realiza, “también por motivos laborales”.

Con evidente distancia entre un pasajero y otro, el control sobre salidas y llegadas ejercido por la Guardia Civil y el personal de seguridad se podía llevar a cabo con orden. Con cafetería cerrada, zona infantil precintada y muchos bancos señalados para no ser ocupados, la tranquilidad era la nota predominante en Noáin. Un par de minutos después llegaba otra pasajera. Virginia Álvarez Asiáin, cardióloga del Complejo Hospitalario de Navarra, embarcaba a la capital navarra para regresar un día después. “Voy para temas de formación. Estoy completando un máster ejecutivo y me faltan dos módulos para poder terminarlo”. Para acreditar sus motivos y poder salir de la región sin problema, contaba con un certificado al respecto, señaló.

CONTROL EN EL ATERRIZAJE

Prácticamente a la vez que embarcaban los últimos pasajeros con destino a Madrid, comenzaban a deambular en el otro lado de la terminal los que habían aterrizado, también llegados desde la capital del país. Todos ellos, a su entrada, pasaban por un puesto de control de la Guardia Civil que les requería su DNI para verificar su residencia en Navarra, o un documento que revelase la razón por la que llegaban a la Comunidad foral. Nassar Leye, de 45 años, con dos maletas, era un perfil singular, ya que aterrizaba en la capital navarra de vuelta de vacaciones en su país de origen, Senegal. “Casi todo el mundo viene hoy por trabajo”, afirmaba. En su caso, contaba que la experiencia del trayecto había sido bastante positiva. “Yo me he encontrado todo perfecto hasta ahora. Hay muchas precauciones, sobre todo en los aeropuertos, y todo el mundo lleva la mascarilla”. El cierre de Navarra no había hecho que adelantara su vuelta, sino que el regreso se había producido en la fecha prevista, dijo, aunque sí manifestó cierto temor ante el avance del coronavirus en Pamplona. “Da respeto. En Senegal hasta ahora estaba todo más tranquilo”. Tras él, tratando de gestionar el alquiler de un coche, se encontraban dos madrileñas, Olaya Román Romín y Paloma Montes, que habían llegado a Navarra para una visita industrial en relación a temas medioambientales. “Tenemos que ir a una empresa en Olazagutía y estábamos gestionando el alquiler de un coche. Ya sabíamos de la situación aquí y hemos traído papeles para mostrar que esa es la actividad que vamos a llevar a cabo. Nos volvemos a Madrid por la tarde”. Con los bares cerrados, han tenido que replantear sus planes sobre la marcha. “En otras circunstancias, hubiéramos echado unos pinchos por Pamplona. Ahora compraremos unos sandwiches en la gasolinera y a correr. No queda otra”.

Menos pasajeros, dudas y sin controles en trenes y autobuses

 

Poco movimiento en las estaciones, algunas dudas entre los pasajeros y ningún tipo de control policial en las entradas y salidas durante la mañana. El primer día de restricciones a la movilidad en Navarra para todo tipo de desplazamientos que no estén justificados redujo de forma muy notable el ritmo de viajeros dejando dársenas y andenes semidesiertos durante buena parte de la jornada. La estación de autobuses y la de trenes siguieron recibiendo sin variación alguna en la frecuencia a los vehículos que conectan a diario la capital navarra con el resto del país pero a tenor de los datos de ocupación facilitados por las compañías fueron muchos los que optaron por aplazar su viaje.

En la estación de autobuses, hasta 229 vehículos pasaron a lo largo del día por sus dársenas. “130 salidas y 99 llegadas, igual que en los días anteriores”, apuntan desde la sala de control. Vehículos que salieron y partieron puntuales pero con muchos menos pasajeros. En algunas expediciones la caída superó el 50%, en otras, con muchos funcionarios y personal laboral entre sus usuarios, como la que a primera hora de la mañana (6:55) conecta Pamplona con San Sebastián por autovía la bajada fue menor aunque ni en los servicios más concurridos las cifras de ocupación guardan relación con las que se registraban hace ahora justo un año. Frente a los 43 asientos que llegaban a venderse hace ahora un año para el primer autobús con destino a San Sebastián, ahora no se superan los 18, según los datos facilitados por las compañías a la directora de Transportes, Berta Miranda. En los dos trayectos de la línea que une a primera hora Pamplona y Vitoria solo fueron 35 pasajeros (16 llegaron y 19 salieron) , frente a los 48 de hace una semana y los 74 de hace un año.

“La caída de pasajeros llegó a superar el 90%, pero todavía estábamos con un 60% menos”, recordaba este jueves Silvia Zaragueta, una de las responsables de la gestión de la estación de Pamplona donde a media mañana situaban la caída en la ocupación de los autobuses que llegaban y salían de la capital navarra en torno al 50%. Una reducción que no pasó desapercibida ni para el personal de la estación, ni para pasajeros y conductores. Algunos, como el de la Burundesa que partió a las 10 de la mañana hacia Bilbao lo hizo con un solo pasajero a bordo, el nepalí Danbahadur a quien el anuncio de las nuevas restricciones de movilidad le sorprendió cuando se encontraba visitando a unos amigos en Pamplona. Del autobús que había salido de Irún a las ocho de la mañana sólo se apearon cinco viajeros cuando, cuenta su conductor, “un día normal traigo a 25”. Y así con cada salida y cada llegada. “Los habituales, por trabajo y estudios han venido, pero faltan los que no lo son. En torno a un 20%”, comentaba uno de los conductores de la Burundesa antes de partir hacia Vitoria.

Una situación que en los días venideros podría conllevar reducciones en la frecuencia de algunas expediciones. Por lo pronto, ayer, todo el que quiso salir y entrar a la capital navarra tanto por autobús como por tren pudo hacerlo sin necesidad de tener que justificar su viaje. Cuentan en la estación de autobús que sólo en dos ocasiones hubo controles durante el estado de alarma y que no esperaban que los fuera a haber ahora. Allí hubo desde viajeros que se enteraron del inicio de las restricciones instantes antes de partir, hasta los que se mostraban algo contrariados por no poder dar cuenta a la autoridad de sus razones para viajar. En los andenes de San Jorge, más de lo mismo. La calma fue la tónica habitual durante todo la jornada. Según los datos de Renfe, sólo 39 pasajeros partieron hacia Madrid a las 6:30 de la mañana en el Alvia 802, de 238 plazas, lo que dejó la ocupación en el 16,39%. Una ocupación que el mismo jueves de octubre de hace un año superaba el 84% en ese mismo tren.

Para el tren de la tarde, solo un pasajero más había cogido billete hasta el mediodía. La previsión para los próximos días no es mucho mejor. Por el momento, la cafetería de la estación sigue abierta. Han colocado una cinta marrón para impedir el acceso a las mesas pero el servicio ‘take away’ (para llevar) está operativo. Pero, ahora, con suerte piden un café para aliviar la espera. “¿Vacío? Está desierto”, concluye otro de los trabajadores de la estación.

“Tenía que hacer una gestión y ahora vuelvo al Camino”

 

En pleno Camino de Santiago, Aitor Sarasola Santesteban, cocinero de 47 años del restaurante El Tano de Ansoáin, tuvo que hacer esta semana una breve parada en la capital navarra. El asunto no era menor. Realizar una gestión en el Servicio Público de Empleo Estatal relacionado con el ERTE en el que vuelve a estar metido y que le ha permitido cumplir un viejo sueño: hacer el Camino de Santiago. En concreto, las cinco etapas del Camino San Salvador que le llevarán hasta Oviedo, y las catorce del Primitivo que culminan en Santiago. Algo, reconoce, “para lo que nunca tenía tiempo” y que decidió poner en marcha con permiso de su mujer y sus tres hijos el pasado 4 de octubre. En plena segunda ola de la pandemia de la covid-19 y antes de conocerse que su comunidad se cerraría, al menos, durante 14 días. Un episodio que el destino ha querido que viva también en primera persona, como viajero a punto de subirse al tren para poner un pie fuera de su territorio justo en el día en que todos los desplazamientos deben justificarse documentalmente. Nos enseña las credenciales del Camino que justifican cada una de sus paradas y atestiguan que duerme en albergues aunque carga con la tienda de campaña “por si acaso”. Confía en que no le flaqueen las piernas (ha hecho etapas de 62 kilómetros) para que en dos semanas pueda concluir su pequeño gran reto.

“He venido pronto pensando que habría controles”


Milena Freyre González, cubana de 40 años y residente en Gijón fue la primera de las pasajeras que llegaron ayer al mediodía a la estación de Renfe de San Jorge. Hacía días que tenía reservado un billete para el tren de las 13:17 horas que le iba a llevar de regreso hasta Gijón pero quiso llegar con tiempo. “Pensaba que habría controles de policía y que me harían justificar el viaje, pero cuando he llegado no había nadie. He pensado que quizá hasta se había aplazado el servicio”, confiaba.
Milena llevaba ya un mes en la capital navarra donde se encontraba visitando a familiares y amigos. Las tres abultadas maletas que porta dan fe de que su estancia ha sido larga y podía haberlo sido aún más. De hecho, en un principio Milena no tenía fecha para regresar a Asturias y fue hace sólo unos días cuando decidió regresar “por si las cosas se ponían peor”. Fue poco antes de que se anunciara el cierre perimetral. “No me explico qué ha podido pasar porque en pocos días la situación ha dado un giro. En Asturias no estamos tan mal, pero claro allí se tomaron medidas mucho antes, cuando había todavía pocos casos”. Asegura que cuando llegue a Gijón sólo saldrá de casa “lo mínimo indispensable. Si no nos concienciamos todos esto va a ser muy largo”.

“Llegué para un concierto y me voy con Navarra cerrada”

 


Ver un arpa siempre impresiona y si es en una estación de tren semivacía aún más. La que portaba ayer el santiagués Manuel Vilas Rodríguez por los andenes de Pamplona había sonado hacía escasas horas en el Museo Universidad de Navarra al que acudió para ofrecen un concierto junto al grupo La Galanía, de la soprano Raquel Andueza.

Manuel se ha recorrido toda Europa con ese arpa, entre concierto y concierto. Es uno de los pocos especialistas que hay en el mundo en el arpa barroca de dos órdenes, un singular instrumento con dos filas de cuerdas cruzadas que le ha abierto las puertas en un sinfín de países y que ayer desató la curiosidad del reducido grupo de viajeros que acudió a la estación al mediodía, coincidiendo con la salida del tren hacia Santiago y la llegada del de Barcelona. Tras su breve “pero intenso” paso por Pamplona, le tocó regresar a casa desde una Navarra ya cerrada y a la que espera volver cuando la situación mejore y se pueda conocer la ciudad con otro ánimo. “Está todo muy mal. También Galicia ha batido hoy (por ayer) el récord de contagios desde el inicio de la pandemia”. Manuel, además de su arpa y un reducido equipaje, portaba un jutificante para acreditar que había estado en Pamplona por trabajo pero nadie se lo pidió cuando accedió a la estación.

“Viajo solo en el autobús a Bilbao”



Danbahadur R., de Nepal y residente en Las Palmas de Gran Canaria, acostumbra a viajar siempre con el justificante de su empadronamiento. “¡Es lo que tiene vivir en una isla! Siempre lo lleva para poder optar a descuentos en los vuelos”, relata su amiga, también de Nepal como Danbahadur R. que se encontraba de visita en Pamplona cuando se enteró por las noticias del cierre perimetral de la Comunidad foral. Ayer Danbahadur esperaba paciente la llegada del autobús a Bilbao (desde allí tomará el vuelo hacia Las Palmas) sentado en uno de los bancos de la estación y sin todavía conocer muy bien el alcance de las restricciones que le toca estrenar. “Nos ha extrañado que nadie nos haya pedido nada y que ni siquiera hubiera policías en la estación”, asegura su amiga mientras Danbahadur R. revisa su equipaje para mostrarnos el documento que justifica su empadronamiento en Las Palmas. Lo mismo hace cuando accede al bus de La Unión que hace el servicio oficial del Athletic Club de Bilbao. “Parece que viajo solo”, dice. “Así es”, asiente el chófer.

“No volveré hasta que desconfinen”


-”En el DNI pone mi dirección de Valencia. ¿Con eso vale?”, nos plantea Xavi Navarro Bou cuando le preguntamos hacia dónde viaja.
Como a muchos otros viajeros, a este estudiante de Valencia de 20 años que cursa Nutrición en la Universidad de Navarra le sorprendió que ninguna autoridad le pidiera ayer que justificara su trayecto cuando llegó a la estación de autobuses de Pamplona. La encontró “más vacía de lo normal” y con poca gente a la que preguntar las dudas que aún tenía sobre el trayecto. No se relaja hasta que localiza el autobús que le llevará de regreso hasta Valencia. Un viaje que ya tenía previsto realizar antes de que se anunciara el cierre perimetral de la Comunidad foral porque “llevaba tiempo sin ir”, pero que aunque iba a ser inicialmente para el fin de semana ahora se ve obligado a alargarlo. “No volveré hasta que desconfinen , asegura. Tiene opción de seguir las clases por zoom y ante una situación que no está para muchas alegrías prefiere quedarse con su familia y volver cuando la situación mejore.


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