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Personas andando o tomando el sol en el Camping Iratxe de Ayegui. El uso de la mascarilla no es necesario cuando el campista está en su parcela.

El camping en Navarra, una burbuja para pasar las vacaciones

Iratxe, en Ayegui, y Urrobi, en Espinal, son dos ejemplos de cómo los campings navarros se han protegido ante el primer verano del coronavirus. Aunque ha habido cancelaciones, sus reservas se mantienen en el mismo número que el año pasado

  • Alba Cidoncha Sádaba
04/08/2020 a las 11:08

A la clásica pregunta de playa o montaña, se le puede añadir un derivado. ¿Hotel o camping? Este año con coronavirus tampoco iba a ser la excepción. Los campings, al igual que el resto del mundo, también han adaptado su vida diaria a la situación que estamos viviendo. El Camping Iratxe de Ayegui y el Camping Urrobi de Espinal han sabido defenderse y crear entornos seguros para que habituales y ocasionales puedan disfrutar de todas sus instalaciones.


PROTOCOLO A LA ORDEN


Los aforos de ambos campings han ido variando conforme se avanzaba de fase. Iratxe cuenta con un aforo de 880 personas, cifra que no se ha visto reducida ya que tienen un terreno de 60.000 metros cuadrados. En Urrobi son 1.000 personas las que pueden acudir al camping, cuando antes eran 1.320. En la cafetería del Camping Iratxe han disminuido el número de mesas para que siempre se pueda mantener la distancia de seguridad. En su lugar, y como también han actuado en Urrobi, han colocado más mesas en la terraza y un quiosco con comida fuera. Es una manera de que la gente no se concentre en el interior de las cafeterías y no se produzcan contagios. En ambos campings cuentan con dispensadores de hidrogel para poder utilizarlos antes de entrar a cualquier zona, además de la mascarilla de manera obligatoria tanto en tránsitos como en playas de piscina.


Íñigo Vicente Galdeano es el responsable del Camping Iratxe y confirma que cada edificio de baños se desinfecta seis veces al día. La piscina, playa, barandado y duchas un total de tres veces y el servicio de mesas y cafetería cada vez que alguien lo usa. Cada personal del camping se encarga de desinfectar su sección. De las piscinas se encarga mantenimiento, de la cafetería los camareros, los edificios de baño el equipo de limpieza y de las zonas comunes los guardas, que a la vez vigilan que se cumplan todas las medidas de seguridad. Además, ha sufrido un aumento de personal. Han contratado a una persona más en cada sector excepto en limpiezas que han sido dos.

 

Una burbuja para pasar las vacaciones

 

Beñat Erro Erburu, de 21 años y de Espinal, pueblo cercano al Camping Urrobi, trabaja desde hace tres años en la instalación. Se encarga de las desinfecciones del camping, que son tres veces al día, y también la zona de piscina junto a parques infantiles. La cafetería se desinfecta dos veces al día con virucidas de hasta 24 horas de duración.


En Urrobi, en lugar de contratar más personal, han decidido aplazar algunas de las tareas para dedicarse completamente a desinfectar y limpiar. Entre ellas destacan el barnizado, podado de setos o pintar lugares que lo requieran. Se han trasladado a los meses de septiembre y octubre donde se espera menos gente. En ambos lugares se ha procedido a anular baños, fregaderos y duchas para que se pueda mantener entre ellos la distancia de seguridad.


Maialen Berasategui Etxeberría, Raúl Odriozola Lozano y Ainhoa Lizaso Eguileta se encargan de la animación del Camping Iratxe. Este año en su trabajo han variado algunas cosas. Como cuenta Lizaso, que lleva dos años trabajando allí, “este año se han limitado mucho las actividades. No han hecho manualidades por el material y ahora, el que utilizan, tenemos que desinfectarlo todo el rato”. Cuentan que hay juegos que no pueden realizar por el contacto físico entre los niños y que la mascarilla solo es obligatoria si los padres lo requieren, por ser menores de 12 años.

 

Una burbuja para pasar las vacaciones

 

El coronavirus ha hecho que algunos de los servicios se clausuren. Aunque en el Camping Urrobi no han cerrado ninguna de sus instalaciones, sí que ha sido así en Iratxe. Una ludoteca y un parque de bolas para los niños del camping no se pueden usar este año porque, como asegura Íñigo Vicente Galdeano, era “muy complicado tener una seguridad mínima y decidimos cerrarlo”.


El jacuzzi y el balcón con la cascada para ver la piscina tampoco se pueden utilizar. Con ello se evita que la gente se aglutine en un lugar concreto, explica Xabier Iraola Chandía, socorrista de Iratxe desde hace dos años. El servicio self service de la cafetería se ha cambiado y ahora es una de las camareras quien sirve, tras una mampara de metacrilato, la comida en una bandeja.


Aunque ambos gerentes aseguran que la gente está cumpliendo de manera correcta las medidas, Ion Sánchez Carvallo, gerente de Urrobi, asegura que “no soy policía para estar preguntando si son convivientes o no. Nuestra labor no es esa y no vamos a actuar así”. Reconocen que han tenido que dar algún aviso mínimo por el tema de mascarilla, que no es obligatoria cuando el núcleo familiar está en la parcela.


LAS SÁBANAS, DE CASA


En el Camping Iratxe se da una bolsa para que cada cliente a su salida meta la ropa de cama y así se procede a desinfectar. Tras ello, entra el equipo de limpieza y realiza la limpieza habitual más la desvirulización. En Urrobi, antes de venir al camping, recomiendan a cada cliente que traiga sus propias sábanas. Así se reducen los posibles puntos de transmisión, como comenta su gerente. En cuanto a los bungalows, se colocan en su interior unas bombas de vacío total que desprenden virucida y se deja 24 horas actuando.

Una burbuja para pasar las vacaciones

 

En la piscina de Iratxe cuentan con una salida y una entrada, que se han colocado así para que la gente no se cruce durante su camino. En el césped han procedido a pintar, con la pintura que se utiliza para marcar los campos de fútbol, cuadrados para que cada núcleo familiar se coloque ahí. Así, se mantiene distancia de seguridad con otras personas.

 

Una burbuja para pasar las vacaciones

 

Una norma nueva que han añadido a raíz del coronavirus es que, antes de la aparición del virus, la gente dejaba sus toallas en el césped para reservar el sitio. Iban a comer y después volvían. Ahora, cada campista se tiene que llevar sus pertenencias para que el césped “respire”, como asegura Xabier Iraola Chandía. En la piscina de Iratxe han bajado el aforo de 180 a 131 personas y en Urrobi de 45 personas que podían entrar antes a la piscina, ahora solo pueden hacerlo 33.


Desde la dirección general de Turismo del Gobierno de Navarra, y como están cumpliendo ambos campings, se obliga a que cada cliente que procede a alojarse en un camping firme que está de acuerdo con las normas de seguridad que hay y que se compromete a cumplirlas. En el Camping Iratxe se envía este documento a través de un mail y se pide que cada persona que realice una reserva mande con antelación el mayor número de datos posibles para pasar el menor tiempo en recepción.

 

Una burbuja para pasar las vacaciones

 

ALGUNAS CANCELACIONES


Ion Sánchez se ha dado cuenta de que este año hay mucho “nuevo campista”, como él los llama. Personas que quizá, a raíz de la aparición del virus, han decidido probar este tipo de vacaciones. Entiende que esto quizá se debe a que en un camping no hay tantas aglomeraciones como en un hotel.


En ambos campings afirman que la mayoría de clientes que están viniendo son los habituales, gente que tiene costumbre de hospedarse en un camping. En cuanto a reservas y ganancias se están manteniendo igual que otros años, aseguran sus gerentes. Íñigo Vicente, del Camping Iratxe, cuenta que este año en agosto quizá no llenen al 100% el camping como otros años. En sus previsiones está completar un 80% o 90%. Mientras que Ion Sánchez, del Camping Urrobi, declara que “estamos mucho más al día, no se puede planificar todo tan bien”.

 

Una burbuja para pasar las vacaciones

 

En este último están viendo constantes cancelaciones en reservas de personas que, opina Sánchez, “no quieren venir a Navarra por todo lo que se está diciendo del coronavirus”. Las cancelaciones vienen de personas de la zona sur de Levante, como por ejemplo Murcia, Alicante y también mucha gente de Valencia que iba años anteriores al Camping Urrobi.


CAMPISTAS DE SIEMPRE


Son muchas las personas que, aún sabiendo que el coronavirus todavía circula, han decidido pasar en estos lugares sus vacaciones de verano. Es el caso de Joan Blay Carbo. Lleva 30 años viniendo desde Beniflá, un pueblo cercano a Gandía, a veranear en el Camping de Urrobi. Primero lo hacía con su padre y ahora se han sumado su mujer, Aroa Creis Blay, y sus tres hijos. Cuenta que durante el confinamiento se encerraron “a cal y canto” y que ahora hay cosas que quizá se piensan dos veces antes de hacer. “Este año por ejemplo no creo que vaya a la piscina, al ser una zona común… Otros años no me lo pensaría”, añade.

 

Una burbuja para pasar las vacaciones

 

Conforme avanzas por el Camping Urrobi se escucha la melodía de Women of Ireland. La interpreta Edurne Aizpún Vílchez, pamplonesa de 38 años que lleva 27 veraneando en el camping de Espinal. En sus manos tiene un arpa celta y señala que cuando va a estar largas temporadas en el camping también se lleva un teclado. A su lado está su hijo Sancho Ocaña Aizpún, de 4 años, que ha montado una tienda de “cosas” como chicles, Playmobil o piedras pintadas. Aunque para ellos “ir al camping está clarísimo”, asegura que este año “lo de viajar más lejos de la Comunidad” no lo contemplan”. Ha decidido volver a Urrobi porque le parece la mejor opción para sus hijos, dada la expansión del lugar.

Una burbuja para pasar las vacaciones

 

Nerea Sagarzazu, Jone Artola, Ane Alzaga y Ainhoa Larrarte son unas amigas de 18 años que se disponen a hacer ejercicio en el césped del Camping Urrobi. Sagarzazu pasa los veranos en el camping desde que nació, cuenta su madre, Lorea Linares. Este año ha decidido llevar a sus “amigas de la cuadrilla” allí, ya que “lugares como Salou quizá den más miedo por la gente que hay y en lugares como el camping hay más naturaleza”, comenta una de las amigas. Linares además asegura que “estábamos deseando que nos abrieran fronteras para irnos y llegar aquí”.


Aitor Bilbao Luri, pamplonés de 40 años, ha suspendido sus vacaciones en la costa para poder pasarlas en el Camping Iratxe. No es la primera vez que veranea en Ayegui con su familia y este año decidieron repetir porque lo veían como “un entorno más seguro para los tres hijos pequeños”. Otro de los habituales de Iratxe es Xabier Izaguirre Aiastui, que viene con su familia desde Legazpi (Guipúzcoa). “Miedo no se tiene que tener, al final tomas tus precauciones y quizá estás más en tu parcela que antes, pero Íñigo (Vicente) nos ha estado informando sobre las medidas antes de venir”, afirma.

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