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Coronavirus Navarra

Sanitarios en primera línea tras superar el virus

Sanitarios que se infectaron con la covid-19 relatan la experiencia y los sentimientos en su vuelta al trabajo

Fotografías de cuatro profesionales sanitarios navarros que se han infectado con el coronavirus y han regresado al trabajo.
Rosa Blasco es médico de Atención Primaria en el centro de salud de Santa Ana de Tudela. BLANCA ALDANONDO
Fotos de cuatro sanitarios navarros que están en primera línea tras superar la Covid-19 4 Fotos
Fotos de cuatro sanitarios navarros que están en primera línea tras superar la Covid-19
Fotografías de cuatro profesionales sanitarios navarros que se han infectado con el coronavirus y han regresado al trabajo.
Actualizada 24/05/2020 a las 11:01

Más de 50 días ha soportado Oscar Pérez Sola sin sentir la caricia del sol. Imposible contar los pasos que ha dado hacia ninguna parte en la reducida habitación de su vivienda, donde permaneció aislado un mes. Al otro lado de la puerta oía las voces de su pareja y de sus dos hijos. Nada más. Unos golpes y un carrito con comida. Él mismo se ocupaba de limpiar con lejía los cubiertos y el plato en el baño del dormitorio. “Esta enfermedad es cruel, primero te derrota físicamente y luego mentalmente. Te sientes como un ratón enjaulado”, asegura. Todo empezó a finales de febrero. Al tiempo que la pandemia del coronavirus se propagaba silenciosa por Navarra él se ofreció voluntario en la empresa de ambulancias Baztan Bidasoa para los traslados específicos de infectados por la covid-19. “Son traslados muy complicados, cada uno de ellos requiere la colocación de los equipos de protección, la desinfección de la ambulancia... Y en las primeras semanas de marzo fue la locura, estábamos todos desbordados”, rememora Óscar Pérez.

Fue el 18 de marzo cuando comenzó a sentir los primeros síntomas de un ‘bicho’ que le dejó postrado con una neumonía bilateral en la planta de covid-19 que se habilitó en el pabellón E del antiguo Hospital de Navarra. Para entonces él ya había conducido a varias decenas de infectados hasta el Complejo Hospitalario desde distintos puntos de la Comunidad. “Mientras hacía mi trabajo nunca tuve la preocupación de que me pudiera contagiar -explica-. Nos colocábamos los equipos de protección individual e incluso se nos impartieron algunos cursos, como cuando apareció el ébola... Creo que cuando asumes una profesión, asumes unos riesgos, estamos para esto”.

Lo dice un hombre que cumplió los 50 años en la soledad del aislamiento y que tampoco pudo celebrar el aniversario de su hija. Óscar Pérez cuenta que acabó la ‘mili’ con veinte años un viernes y que al lunes siguiente ya estaba en una ambulancia. Y así desde entonces. Insiste en reivindicar el papel de los profesionales de las ambulancias. “Somos muy desconocidos. Muchos creen que solo somos conductores y que todas las ambulancias son iguales. Pero no es así, tenemos un grado medio de Técnico en Emergencias Sanitarias que nos habilita para actuar ante distintas situaciones, ya sea en una ambulancia de soporte avanzado, una de soporte vital, colectiva...”

La semana pasada Pérez hizo su primer traslado en ambulancia tras superar la covid-19.

-¿Se le ha removido algo?

-“Todavía me siento un poco flojo -contesta-, pero es una alegría volver a hacer lo que me gusta. No hay miedo, pero sí precaución, como no puede ser de otra forma”.

LA FALTA DE MATERIAL EN UN CENTRO DE SALUD

Rosa Blasco Gil es médico de Atención Primaria en el centro de salud de Santa Ana de Tudela. Al igual que otros tres médicos del citado centro se contagió en los primeros día de la pandemia. Lo más probable, cree, es que el foco de contagio fuera el propio centro de salud. “No teníamos ninguna medida de protección. La Atención Primaria es siempre la Cenicienta, la hermana pobre del sistema de Salud - lamenta-. Nosotros vamos a visitar a los pacientes con nuestra propia ropa y con ella vamos a casa. Es casi inevitable que se produjeran los contagios”.

Aunque ha pasado un cuadro leve, este se ha prolongado en el tiempo. Por suerte, pudo aislarse de su familia y de sus padres, que viven en la misma vivienda, gracias a que unos amigos le dejaron un piso vacío.

Desde hace dos semanas ha vuelto, “y con muchas ganas”, al consultorio. “Tenemos más material de protección, pero seguimos con deficiencias. Nos han mandado unos uniformes, a los que llamamos pijamas, pero no hay suficientes, ni para todos. Las mascarillas tampoco han llegado en la cantidad necesaria”.

No es la única que así lo denuncia. Un estudio reciente del Sindicato Médico afirma que el 85% de los sanitarios cree que no ha tenido material suficiente de protección. Rosa Blasco añade a ello “la impotencia de ver cómo nos cambiaban a diario los protocolos de actuación, pero no de acuerdo a las normas que la ciencia y el sentido común dictaban, sino a la disponibilidad del material”. Algo así como la obligatoriedad del uso de mascarillas entre la población.

La doctora tudelana, de 56 años, recuerda cómo al inicio de su carrera profesional le tocó vivir la expansión del SIDA. “Aunque son virus diferentes, con síntomas y formas de contagio diferentes, también fue una enfermedad nueva que costó mucho saber cómo detectarla y tratarla”.

Critica la “falta de previsión” de las autoridades sanitarias europeas y mundiales en esta crisis pero se muestra optimista sobre el futuro: “por suerte, o por desgracia, este virus afecta por igual a países pobres y a ricos, por lo que estos últimos ahora sí que van a poner todo su empeño en que haya un tratamiento terapéutico pronto y una vacuna a medio plazo. Aunque venga otro brote esperemos que la cosa vaya mejor, pero no significa que debamos relajarnos”, concluye.

“PREVEÍA EL CONTAGIO, NO ME SENTÍA PROTEGIDA”

Hay pacientes de la quinta planta del Hospital Virgen del Camino a los que se les ilumina la cara cuando entra Sara Gorricho Castro a su habitación. A pesar de estar postrados en una cama, la presencia de Sara bien trae el confort de una palabra de ánimo, bien el anuncio de la hora del aseo o la del esperado desayuno. Sara Gorricho se ha reincorporado a su trabajo de técnico de cuidados auxiliares de enfermería en turno de mañana después de 42 días de baja por coronavirus, de los que siete permaneció ingresada con una neumonía bilateral en la misma planta a la que ahora regresa a trabajar.

La realidad es que todas las plantas de Virgen del Camino se reconvirtieron para atender a pacientes de la covid-19. Por fortuna, hoy sólo la sexta alberga a estos pacientes. Gorricho recuerda cómo en las semanas duras de la epidemia se formaba un equipo de una enfermera y una auxiliar para cada cuatro pacientes. “La enfermera me ayudaba con el aseo y la cama y yo le ayudaba a ella con todo lo demás. Pero presentía que me iba a contagiar, no me sentía protegida”. En su caso, contagió a su marido, que también ingresó en el Complejo, pero no a sus dos hijos de 28 y 26 años.

Hay un estudio reciente de la Universidad Complutense que afirma que el 79% de los sanitarios sufren ansiedad y están emocionalmente agotados por las vivencias vividas. No es su caso. “Yo necesitaba volver a trabajar. Hay mucho compañerismo en la planta y creo que los auxiliares hacemos un trabajo fundamental en el sistema sanitario, somos los que más contacto y trato tenemos con el paciente, los que más intimidad tenemos con ellos”.

“PACIENTES ME DAN LAS GRACIAS POR HABLARLES”

A Nora Ibáñez Sanz, enfermera de la Clínica Universidad de Navarra, el covid-19 se le manifestó a través de un fuerte dolor muscular, tos seca y mucha debilidad. En su caso no necesitó ingreso hospitalario pero sí debió extremar todas las precauciones para aislarse en una habitación y no contagiar a su marido ni a sus cuatro hijos de entre 12 y 19 años.

Asegura que ha regresado al trabajo en la Clínica “con muchas ganas” para seguir atendiendo a pacientes con covid-19. “Aunque nadie te lo asegure al cien por cien, parece que los anticuerpos generados nos dan inmunidad”.

Aunque ella no tuvo problemas a nivel respiratorio, Nora Ibáñez considera que la experiencia vivida le sirve para animar a los pacientes. “Les ayuda saber que este es un proceso largo pero del que se puede salir. Algunos de ellos te dan las gracias por hablarles, por cogerles la mano... Solo por esto merece ya la pena volver a trabajar”.

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