Oídos finos y pan tierno en Aoiz
Un concurso diario desafía a los vecinos de Aoiz a descubrir el nombre de la canción que interpreta un músico asomado a una ventana o balcón. El original certamen esconde un premio con mucha miga


Actualizado el 21/04/2020 a las 06:00
Un giro de tuerca en el saludable y aplaudido esfuerzo de entretenimiento con que la música asoma cada día en ventanas y balcones de distintos rincones de Navarra. Es “la magia del directo”, que proclama Mikel Villanueva, de la Sociedad Angiluerreka, de Aoiz, la que atrapa oídos y enternece el alma. Tan popularizada como está la dinámica del ocio musical, ofrecida con la mejor de las voluntades y recibida de buen agrado por sus oyentes, miembros de la sociedad idearon al inicio de la cuarentena una versión complementaria que cumple con el requisito del entretenimiento e introduce un aporte original. A la media hora del perceptivo aplauso de las ocho, un músico desafía desde su domicilio a sus vecinos en el descubrimiento de una canción. “Al principio -señala Mikel Villanueva- nos dábamos por satisfechos con encontrar a cinco músicos que quisieran participar. Cual ha sido nuestra alegría que, al cabo de un mes, han pasado ya veintinco”.
El método de participación es sencillo, sustentado en la ventana abierta al mundo que ofrecen las nuevas tecnologías. Concluida la actuación, las posibilidades de acierto se reparten entre cinco opciones en la aplicación angiluerreka.org/retocoronavirus. “Cada día aparece el nombre del músico y las cinco alternativas”, señalan sus impulsores. Sin necesidad de esperar a las ocho y media de la tarde, los hay que aprietan una casilla sólo por el placer de participar y alargar de esta forma la propuesta de ocio, que, a la vista de las respuestas obtenidas, tiene tirón.
MÚSICA EN DIRECTO
Por aquello de evitar la propagación de la realidad virtual, no hay mecanismo de reproducción que valga en la difusión de la actuación. Prima el directo. Eso sí, obliga a agudizar la escucha. El mecanismo arbitrado reduce el sonido al área cercano del intérprete, a no ser que se valga de un instrumento de eco potente. “El sonido de una trompeta puede llegar a más gente en el pueblo”, aprecia Mikel Villanueva. Si el recurso de apoyo es una guitarra, la cobertura se estrecha al ámbito de vecindad. Por eso, para que la ciudadanía no pierda detalle se anuncia con antelación el nombre del intérprete que ameniza los minutos de gloria, que en el marco de un concurso contienen suspense.
Sucede, por los comentarios compartidos por los protagonistas de las actuaciones, que en la soledad del hogar, abierta la ventana o asomados a un balcón, se “pasa muchos nervios”. No es fácil sentirse el centro de atención de un pueblo. Ni la experiencia acumulada sobre el escenario ayuda a apaciguar el ligero cosquilleo que remueve las entrañas del solista.
Más allá del incentivo que supone la satisfacción del acierto, los organizadores, a propuesta del panadero local David Gutiérrez, ofrecen un premio. Se trata de un pan especial que recibe el ganador de un sorteo entre aquellos que adivinan el título de la canción. A las diez de la noche, sus nombres concurren en una nómina. El azar se encarga de despejar la incógnita del elegido. Todo ello en son de armonía y con mucha miga.
