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ONG Zaporeak

Refugiados sin distancia social

Zaporeak cocina, pero detuvo el relevo de voluntarios para evitar propagar el coronavirus en Grecia, donde se hacinan miles de personas que huyen de la guerra y no tienen casa en la que confinarse

foto de Un voluntario entrega una ración de comida a un niño refugiado e junto al campo de Moria.
Un voluntario entrega una ración de comida a un niño refugiado e junto al campo de Moria.
Cedida Zaporeak
04/04/2020

La ONG Zaporeak, Proyecto Sabores, continúa con su labor solidaria en Lesbos, donde cocina y reparte 1.500 raciones de comida diarias para el campo de refugiados de Moria. Allí conviven 22.000 personas en un entorno adaptado para 3.000. Imposible mantener cualquier distanciamiento social o cumplir las mínimas normas sanitarias para tratar de frenar la propagación del coronavirus. Creen que aún no ha llegado a la isla, pero no hay certezas porque ya está en Grecia, pero el gobierno del país no publica las estadísticas por zonas.


Hay personas con neumonía, pero no se hacen pruebas del coronavirus, al menos no en los campos de refugiados”, explica Malen Garmendia. Es coordinadora de Zaporeak en Lesbos. La entidad suspendió los habituales relevos de voluntarios, precisamente para evitar transmitir el virus desde aquí. Varias personas regresaron a casa y permanecen allí las cuatro que podían alargar su estancia y estaban dispuestas a ello, aún consientes de un posible cierre de fronteras. Son Ujué Arocena, la cocinera, y Fermín Artola y Marco Etxabeguren. Les ayudan en la tarea varios refugiados y, de esta manera, pueden continuar con la tarea.


Adoptan las medidas sanitarias a su alcance. “Por ejemplo hemos comenzado con el reparto una hora antes, a las cuatro en lugar de a las cinco, y así es más escalonado y no hay aglomeraciones. Además, solo suben dos personas”. De todas formas, Malen lamenta que luego en el campo es impensable mantener esa distancia porque ni siquiera hay metro y medio entre una tienda de campaña y otra. “Pero al menos que nosotros no les transmitamos el virus”, tratan de preservar la salud de los refugiados, sin duda más vulnerables que quienes disfrutamos de un techo y de las comodidades de una casa para cumplir con el confinamiento. “No tienen un grifo, ni pueden ir al baño”, incide y reconoce que a veces resulta extraño, desde allí, el lamento de tantos ciudadanos por no poder salir de una casa que cuentan con todas las comodidades. “Si llega el virus puede ser un desastre”, resume Malen Garmendia.

 

La carretera entre Moria y el pueblo está ahora cerrada, “solo se transita de siete a siete, en autobús, y no toda la familia”. “Es por evitar que se propague el virus entre los locales, no por protegerles a ellos”, entiende. “Ahora para movernos tenemos que rellenar un documento y con él podemos llegar hasta el campo y repartir comida, al menos a las personas con enfermedades crónicas, las más vulnerables ahora mismo, quienes más problema tendrán para afrontarlo”, señala.


De momento disponen de género para tirar un tiempo. ”No sabemos si el próximo trailer podrá llegar, si no compraríamos aquí, pero no podrá ser en grandes cantidades, veremos cómo hacemos”, señalaba hace unos días.


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