Una pamplonesa relata las peripecias para abandonar Marruecos

Sin dar mayor importancia, Edurne Ostáriz ayudó en medio de la incertidumbre a dos personas, una de ellas con dolencia crónica, a buscar una salida

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Natxo Gutiérrez

Actualizado el 03/04/2020 a las 06:00

No se siente nadie especial ni cree que haya realizado algo que no hubiese estado en manos de cualquiera. Edurne Ostáriz Pitillas, de 39 años, tuvo intuición y arrestos suficientes para en una situación de incertidumbre, como la generada por la duda de la apertura de la frontera en Marruecos, apoyar a dos personas a buscar una salida. En medio de la dificultad, la ola de la solidaridad no sabe de fronteras y las distancias entre personas se estrechan.

Edurne, dedicada a la hostelería en Logroño y Pamplona, había viajado el día 9 a Marruecos dentro de sus periplos regulares que le conducen a abrazar a su círculo de amistades en Marrakech, incluida la labrada con un “amigo enfermo”. Tiende por la experiencia propia en algún quiebro anterior de su vida a procurar alimentos a “niños de la calle”. “He vivido en la calle -apunta- y sé lo que es. Ahí hay niños que piden dinero, pero la mayoría lo que necesitan es comida”. El apunte es un ejemplo de su carácter generoso, puesto de manifiesto en este último viaje.

Como cualquier español que se encontraba en ese momento en el país norteafricano, su estancia discurría con normalidad. Al tercer día, empezó a escuchar rumores del cierre de la frontera por la crisis sanitaria desatada en España. Carecía de confirmación de la cancelación de su vuelo de regreso. “¡Estate atenta a tu correo electrónico!”, escuchó por consejo. La incógnita se disipó en su mente al recibir la noticia indeseada, que, como el resto, le precipitó a buscar una alternativa de regreso. Una de sus primeras reacciones fue comprar un billete para un vuelo el 3 de abril, convencida de que para entonces la situación se hubiese normalizado. La cruda realidad se impuso en su deseo, porque también se canceló.

En medio del desconcierto, se enteró de la dificultad de una joven, con una enfermedad crónica dependiente de un programa de diálisis, para acceder a un medicamento urgente. Edurne buscó la manera de ayudarle con llamadas de teléfono al Gobierno y a un medio de comunicación de La Rioja. Su lado humano quedó descubierto igualmente en su disposición a acompañar a un hombre de 74 años de edad a la frontera en Ceuta y de ahí dar el salto a la península, vía Algeciras. Trató, en primer lugar, de convencerle para abonar el país magrebí ante una primera negativa. Al final, logró su propósito.

Dice Edurne que así como en embajada y consulados no ha encontrado solución, conserva en su mente y corazón los detalles y las ayudas prestadas por personas anónimas.

No olvida tampoco las dificultades de africanos, con su familia y negocios en España, que no pueden abandonar Marruecos. Es otra de las múltiples caras que está descubriendo la crisis sanitaria del coronavirus.

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