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Epidemia de coronavirus

Diario de una enfermera que trabaja en el CHN: “El miedo que sientes a contagiarte se transforma en fuerza”

Sanitarios del Complejo Hospitalario agradecían esta semana el apoyo recibido.

Sanitarios del Complejo Hospitalario agradecían esta semana el apoyo recibido.

Cordovilla/Goñi
Actualizada 27/03/2020 a las 21:31
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Estas líneas forman parte del extracto de un diario personal escrito por una joven enfermera que trabaja en una de las plantas de coronavirus del Complejo Hospitalario. Su relato comienza unos días antes del Real Decreto de Estado de Alarma. Obviamente, lo hace de manera anónima. Mejor así, dice, ya que trabaja como eventual y no quiere perder su empleo tras la pandemia. Lo que sí tiene claro es que cuando todo esto pase necesitará unos meses de baja para recuperarse psicológicamente. Al igual que sucederá al resto de compañeros, avisa.

EL PRIMER DÍA

Esta crónica desde el corazón de la vida y de la muerte, arranca con dos interrogantes, las dos preguntas que se planteaba esta enfermera ante la llegada del virus: “¿Nos libraríamos del covid-19? ¿Era tan peligroso como informaban los medios o era leve en gente sana?”. No tardó en conocer las respuestas.

“Los compañeros empezaban a caer y no sabíamos cómo reaccionar, porque al mismo tiempo veías que el ritmo dentro del hospital seguía igual. Todo era incertidumbre. El domingo 15 por la tarde nos llegó un WhatsApp de nuestra responsable para pedir que por ahora nos quedásemos en casa, pero disponibles para lo que haga falta. Y un día nos movilizan. Me sentía muy nerviosa. Otra vez surgieron las preguntas: ¿cómo será?, ¿qué me encontraré?... Estaba muy nerviosa pero feliz porque iba a poder acompañar y cuidar a personas que lo necesitan, tal y como llevaba haciéndolo día tras día durante muchos años. Hablé con mis seres queridos, se lo conté y me di cuenta de que estaban asustados. Pero me apoyaron. Llegué muy nerviosa al hospital. Y el mundo se me cayó encima. Los protocolos de seguridad no se cumplían. Estábamos superados. No había organización. Solo veía caos y nervios. Empezamos a llegar enfermeras y auxiliares al control de la planta. Nadie sabía cuánto personal íbamos a estar. Unos llevaban mascarillas, otros no. La distancia de seguridad de un metro como mínimo que llevaban días repitiéndote en todos los sitios era imposible cumplirla, y eso de no estar mucha gente en el mismo espacio reunida tampoco se cumplía. Tienes momentos en los que te planteas abandonar. Me preguntaba constantemente: ¿Por qué dije que sí?”.

NO HAY HIDROALCOHOLES

Este sentimiento de arrepentimiento y confusión, que la enfermera reconoce en su diario, fue aumentando con el paso de los días. “Te hundes. Porque te exigen ahorrar al máximo porque no hay muchos equipos de protección individual y, por otro lado, ves que la teoría y los protocolos de actuación que llevan días marcándose y modificando “según recursos disponibles” no los vas a poder cumplir. No hay material suficiente y la planta estructuralmente no está preparada para una intervención de esta magnitud. Un día, por ejemplo, me llamó la atención que los botes de hidroalcoholes eran diferentes a los que estás acostumbrado a ver. Y te fijas bien y descubres que en el bote pone Clínica Universidad de Navarra, servicio de farmacia. Y piensas que tiene que ser una broma. ¿Nos hemos quedado sin hidroalcoholes? ¿Cómo el servicio Navarra de Salud no ha tenido previsión? Todo lo que ves cada vez te asusta más. Lo que te asusta no es trabajar con pacientes de covid-19 positivos lo que te asusta es trabajar sin seguridad, mal protegidos. Te dicen que se van a empezar a habilitar habitaciones dobles porque hacen falta más camas. Y al terminar el turno, te vas a tu casa en estado de shock, con ganas de llorar e impotencia. Ves que no puedes. Llamas a tu familia para que esté tranquila y cuando te preguntan qué tal estas... no sabes que responder”.

IMPOTENCIA Y RABIA

“Si cuentas la verdad en casa a tus familiares les vas a asustar, así que solo les transmites lo que las autoridades oficiales cuentan”, sigue explicando esta enfermera que trabaja como eventual en la planta de coronavirus en el Complejo Hospitalario de Navarra. “Eso sí, suplicas a todos que no salgan de casa, que eso de ir a comprar o a tirar la basura todos los días no es necesario… y que se cuiden mucho. A la hora de hablar con ellos estallas a llorar y no hay consuelo. Te agobia ser consciente de que psicológicamente esto va a poder contigo, te invade la impotencia, el miedo, la rabia. Y piensas que con una buena previsión y orden todo hubiera sido diferente. Consigues dormir algo por puro agotamiento pero cada vez que te despiertas tu cabeza esta activa pensando en la situación. Te toca volver a ir a trabajar pero una parte de ti va con ganas y energía porque sabes que ese es tu sitio, donde tienes que estar. Pero comienzas el turno con rabia”.

VISITAS SIN PROTECCIÓN

Cada día descubro más cosas incoherentes en el funcionamiento. Visitas de las familias (que es de una hora) sin equipos de protección adecuados porque no tenemos suficientes para nosotros, así que solo les das unos guantes y una mascarilla. Les insistes que es mejor que no entren. Y les vuelves a recordar que no hay material. Aconsejas que estén el mínimo tiempo y que no les toquen y que luego se laven bien las manos. Estas personas, al salir del hospital, unas irán a casa, otras a comprar, otras montarán en la villavesa con toda la ropa que ha estado en contacto y piensas esto no se para. El virus se propaga sin remedio. Por favor, hay que suspender las visitas por muy inhumano y cruel que sea. Es un riesgo para todos. Aunque nosotros les ayudemos a colocarse los equipos y a quitárselo la falta de práctica es un riesgo para ellos y para nosotros. Creedme que no es egoísmo sino necesidad. Porque no nos podemos permitir que el personal sanitario siga infectándose. No tenemos equipo de protección para nosotros, nos cambian los protocolos casi a diario y siempre según disponibilidad. Hay muchos recursos sin movilizar, tienen todo sin preparar y organizar”, sigue insistiendo la enfermera en esta situación. “Además, el uso del material dentro del complejo hospitalario es desigual. Hablas con compañeros de otras plantas y te cuentan... y la impotencia y la rabia te vuelven a inundar”.

LA SONRISA COMO TERAPIA

“Para nosotras las personas que se mueren solas tienen cara, nombre y apellidos. Y ver cómo tus compañeros están de cuarentena en casa, los que tienen suerte, y otros ingresados es muy duro. Y te preguntas si habrás superado el coronavirus sin darte cuenta. Entonces, para que el miedo no te acabe de doblegar, para seguir trabajando, sonríes y sigues. Y hasta disfrutas en el trabajo. Pero desgasta mucho tener que estar exigiendo a diario material y personal”.

“Es todo tan contradictorio. Porque luego te sientes afortunada de estar ahí cuidándolos y hasta consigues desconectar. Y vas viendo cómo esos miedos que tienes se van convirtiendo en fuerza y ganas porque no te puedes permitir pensar en nada más. De vez en cuando sueñas con volver a ver a tu familia y a tu pareja. Que por seguridad y tranquilidad están viviendo en casas diferentes y encima sabes que eres afortunado por ello. Porque cuando llegas a casa no te tienes que preocupar si se cogerán el covid-19 por mi culpa. El sábado pasado, encima, decido ver la rueda de prensa de Navarra... y tienes que aguantar oír que todo está bien, que tenemos materiales. Y cuando le preguntan por la carta del Satse, por la iniciativa del colegio de enfermería de hacer batas y mascarillas aseguran que ha sido algo puntual a nivel nacional. En la rueda de prensa también preguntan qué sucede con las visitas a los enfermos y aseguran que ya han tomado medidas. Sí, pero insuficientes (...). Sientes tanta rabia y frustración de pensar que estamos en sus manos. Más vale que la solidaridad y las ganas de trabajar de toda la población unida va poder con el covid-19. Porque por la gestión del Gobierno de Navarra no va ser. Porque vamos viendo cómo día tras día van poniendo parches. Ayer, día 23, por fin las visitas fueron con equipos de protección individual y el personal sanitario ya tiene mascarillas, aunque tienen que usar la misma durante 3 y 4 días. Hasta ahora se estaba trabajando con mascarilla quirúrgica”.

La enfermera ha contraído el coronavirus esta semana y se recupera en casa.


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