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ME QUEDO EN EL PUEBLO

El yoga marida con el vermú

36 personas viven en Muruarte de Reta. Dicen por allí que es un pueblo con tres barrios, tres fuentes y tres tipos de gentes, al poco sonríen y cuentan cuáles son sus lugares comunes en esa apuesta por quedarse en el pueblo

Ampliar El yoga marida con el vermú en Muruarte de Reta
El yoga marida con el vermú en Muruarte de Reta
Actualizado el 15/03/2020 a las 09:15
"Es un pueblo con tres barrios, tres fuentes y tres tipos de gentes”, dicen en Muruarte de Reta. Son 36 vecinos, cada uno alberga una historia, pero coinciden en lugares comunes, en ese trazado que edificar un modo de vida. Lo contaban el 4 de marzo, antes de que el coronavirus hiciera añicos cualquier relato cotidiano.
“Por escapar del ruido, es llegar aquí y evadirte”, describe Eduardo Beaumont. Y lo dice él, acostumbrado como está a los decibelios. Tal vez por eso necesita esa distancia que le aleja de la vida en vertical, del tráfico tan inmenso, de la prisa y del ruido que lo envuelve casi todo. “Es músico”, dicen en Muruarte. Bajista de Marea, detalla él cuando se le pregunta. Así bajito, como sin reparar mucho. “Es una de las cosas que me gusta del pueblo. Al lado de casa vivía una vecina que ya murió, muy maja. Un día me preguntó que dónde habíamos tocado. En Murcia le dije. Eso está muy lejos”, respondió ella sin saber a buen seguro que Eduardo pertenece a una de las mejores bandas de rock del momento. Es pareja de Eva Duque y tienen dos hijas, Afrika y Zoe. De 6 y 3 años, ríen pizpiretas y describen bien el nombre de su pueblo. ¿Es Muru? No, Muruarte de Reta, precisa Afrika. Estudian en Pamplona, el autobús les recoge por la mañana y les trae de vuelta por la tarde. Como a Eder, de 3 años, el otro niño del pueblo. La cuarta es Maia, de 2 años, que vive en Beriáin, “pero casi pasa más tiempo en Muru”. De allí es su padre, Xabier Sala Olagüe. La madre, Silvia Navarro, de Pamplona. Y la de Xabier, Mª Paz Olagüe Irigoyen, de Iraizotz, en Ultzama, y lleva en Muru desde que se casó. Es una de las siete alumnas, una viene de Biurrun, que este año acuden a clases de yoga. Llevan más de veinte años, empezaron con la gimnasia. Charo Irurre Huarte es otra de las alumnas. Este año suma 50 en Muru. Es viuda, como Mari Paz y como su cuñada, Maribel Goñi Marquina, la única entre las tres que nació y ha vivido siempre en Muruarte de Reta.
Distinta ha sido la trayectoria de María Paz Biurrun Galdúroz. Nació en Muruarte, estudió Economía y durante un tiempo trabajó como au pair y estudió en Inglaterra. Se trasladó después a Alemania y también compaginó trabajo y estudio hasta que aprendió el idioma. En el comedor de estudiantes de la Universidad, en Bonn, conoció a su marido, el leonés Marino Muñoz Gómez, pedagogo. “En realidad nunca me he ido”, acuña una frase para pensar. “Sí, es así, nunca dejé el pueblo. Vine en vacaciones, siempre que puede o tuve días libres. He vivido intensamente en todos los sitios, pero Muru es mi pueblo”, reafirma. Hace diez años, ya con la jubilación, regresó definitivamente de la mano de su marido. En Dusseldorf se quedó su hijo y el nieto de siete meses. “Pero también vienen mucho por aquí, ha jugado mucho con él”, apunta a Xabier Sala. Cerca está Mario Úriz Elizalde. Todos le definen como “el animador sociocultural”. Y todos mencionan a su tía Carmen, “el alma de la fiesta”. “Es cierto que si falta, algún año no habría fiestas”, coinciden. “Hace eso y muchas más cosas, también en la sociedad”, explican. Porque no solo hay yoga, los domingos tenemos vermú”, ríen con Marino Muñoz. Es a las dos, después de misa. “Pero no es obligatorio asistir”, bromea.
La sociedad es punto de encuentro, tienen frontón, que en fiestas es fiestódromo y consulta médica, ahora sin médico. “Hay que ir a Campanas”, lamentan una de las carencias. “Porque el pueblo tiene muchas cosas positivas, pero también algunas negativas”, añade Mª Paz Biurrun el transporte público. “Hay parada, solo falta que pare el autobús. Es como estar en la orilla del río y no poder pescar”, ilustra Marino. Tiene otro paisano en el pueblo. “Fue chiripa”, dice Juan Reyero Bermejo. Nació en León y con 13 años llegó a Pamplona, para estudiar y trabajar. Se formó como delineante, se casó y al tiempo supo de una casa antigua en Muruarte. No tuvo duda. la rehabilitaron y se instalaron. Habla en plural porque con él llegó su mujer, Isabel Arteta Pascual. Pero a ella el proceso le costó bastante más. “Cuatro años”, revela el marido. “Antes no quería venir y ahora no quiere salir de aquí”, dicen en el pueblo que Isabel impregna buen ambiente. Lo corrobora Berta de Pablo Górriz. Se trasladó de Pamplona hace 18 años. Está encantada, aunque tenga que coger el coche cada día para ir a trabajar. Valora la tranquilidad” y la relación con los pueblos aledaños. “He participado en el club de lectura o en teatro”, apunta. “Si vives en una colmena te tienes que someter al orden de la colmena”, interviene Marino.
Están bien comunicados con Pamplona y al sur, a cien metros de la autopista, de la carretera nacional, en un curioso enclave geográfico con la vía del tren por medio. Muruarte es concejo del municipio que conforman, además, Campanas y Tiebas.
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