El pádel también recicla

Por primera vez en 14 años, el Trofeo ECO Señorío de Sarría Rosé del Circuito Navarro de Pádel ofrece la posibilidad de regalar una segunda vida a pelotas, botes de bolas y botellines de agua

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Noelia Gorbea

Actualizado el 18/10/2019 a las 09:38

Dicen los expertos en el mundo del pádel que el saque es fundamental para tener las mayores posibilidades de llevarse el punto; que el revés es uno de los golpes más utilizados y más complejos de ejecutar; y que el drive (derecha) es uno de los más importantes en el ataque. Con estas pautas participan estos días cerca del millar de personas inscritas en el Trofeo ECO Señorío de Sarría Rosé del Circuito Navarro de Pádel.


El encuentro deportivo, que tras 17 días finalizará este domingo 20 de octubre, busca defender en su decimocuarta edición un impulso “sostenible y comprometido” con el medio ambiente, en la que se va a trabajar en la recogida y gestión de los residuos de la propia competición para darles una segunda vida. Esto quiere decir que, por primera vez, se han planteado la misión de reciclar el 100% de los residuos reutilizables del torneo (pelotas, botes de bolas y botellas de agua).


Echando la vista atrás y haciendo algo de memoria, la realidad sustenta que en estos 14 años de competiciones se llegaron a utilizar 12.600 pelotas de pádel, más de 3.900 botes de bolas y se consumieron alrededor de unas 12.600 botellas de agua. “Unas cifras que hacen reflexionar, más si cabe cuando se sabe que una bola de pádel tardará 2.500 años en degradarse”, explica Juan Luis García, director de Marketing de Señorío de Sarría.


Bajo las sillas escolares


Es por este motivo por el que han instalado, en los pasillos que conectan las diferentes pistas de juego, tres contenedores en los que los participantes tienen la alternativa de reciclar los elementos que ya no vayan a necesitar. “Estamos muy contentos con la acogida porque todos se están involucrando”, reitera García. Se trata, añade, de exteriorizar una dinámica ya arraigada en la empresa vinatera. De este modo, las pelotas volverán a tener una segunda oportunidad y ser empleadas en los entrenamientos durante semanas. “Una vez estropeadas, nos han comentado que podrían colocarse debajo de las sillas de los colegios con el fin de minimizar el ruido que los alumnos cometen al sentarse y levantarse de sus pupitres”, aventuran. Sea como sea, lo cierto es que la iniciativa funciona. “El medio ambiente es responsabilidad de todos, aunque sea en pequeñas acciones”, recalca Juan Luis.

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