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ONU

Escogidos en Aizoáin para ir a Líbano

Un contingente de 190 soldados destinados en Aizoáin viajará a la base española Miguel de Cervantes en Marjayún (Líbano) para vigilar la frontera con Israel . Cinco de los seleccionados explican la misión que llevarán a cabo en los próximos 6 mes

Los protagonistas del reportaje. De izda a dcha; la soldado Yolanda Maceiras Sevilla, el teniente Martín Ferradas Eíto, el teniente coronel Fernando Noval García, el capitán Manuel Salazar Escandel y el sargento José Manuel Viana Chardí.
Los protagonistas del reportaje. De izda a dcha; la soldado Yolanda Maceiras Sevilla, el teniente Martín Ferradas Eíto, el teniente coronel Fernando Noval García, el capitán Manuel Salazar Escandel y el sargento José Manuel Viana Chardí.
Actualizada 11/03/2020 a las 11:23

El contingente número XXXI desplegado por el Ejército al sur del Líbano se ha nutrido de Aizoáin. Está compuesto por 190 soldados ‘escogidos’ de entre el doble, que quisieron optar a la misión. Todos se han presentado voluntarios para la denominada BRILIB (Brigada de Líbano) que desde este mes y hasta el próximo noviembre vigilará la Blue-Line, frontera ficticia y pactada entre Líbano e Israel, y supervisada por la ONU. El grupo se encuadra en la Brigada Guadarrama 12, con el teniente coronel Fernando Noval García al mando. “Desde mayo a noviembre es a nosotros a los que nos toca estar desplegados allí y estamos preparados para encajar en el engranaje internacional y desempeñar la misión de la mejor manera posible”, explica en Aizoáin, escuchado por otros cuatro integrantes del grupo que va a desplegarse. Un capitán, un teniente, un sargento y una soldado de tropa. “Todos ellos en conjunto conforman un grupo táctico ligero salido del batallón Montejurra, la unidad principal para realizar misiones”, indica, acotando la terminología militar para jerarquizar los grupos humanos y las responsabilidades de cada uno de los presentes.

En primer lugar, Noval aporta contexto. La ONU opera en la zona desde 1978, siempre velando por la rebaja o el fin de las hostilidades. “Nosotros apoyamos esa misión de la mano de las Fuerzas Armadas del Líbano, contribuyendo a estabilizar el área. Patrullamos con ellos, o por nuestra cuenta. Nos dejamos ver y observamos el ambiente. Si hubiera cualquier imprevisto, se trabaja para rebajar el clima violento. Son acciones en las que el Ejército cuenta ya con gran experiencia. Sin ir más lejos recientemente se ha trabajado de forma similar en Afganistán o Kosovo”.

Durante estos meses, los soldados cambiarán la base de Aizoáin por la Miguel de Cervantes en Marjayún, en el corredor cristiano del Líbano. Se trata de la ‘casa’ del ejército español en un territorio con amplia presencia internacional. Hay un sector militar italiano y también militares indios, nepalíes, indonesios, salvadoreños o serbios.

La fuerte presencia militar no responde a incidentes reales de violencia en el día a día, añade Noval. “Existe cierta paz social, actualmente. Los mayores problemas en el día a día están relacionados en realidad con la siniestralidad vial. La conducción es bastante caótica y en consecuencia los accidentes de tráfico son frecuentes y, en muchos casos, graves”. Con respecto a la resolución fronteriza establecida por la ONU, entre sus desempeños está el de informar de cualquier violación de la Blue-Line. “No tanto por temas militares como por desconocimiento. Como frontera, es una línea imaginaria y no está señalizada en todo su trazado, por lo que pastores o ganaderos de la zona incumplen la normativa sin llegar a darse cuenta”, indica.

Un escenario de violencia es poco probable pero, en caso de que pudiera producirse, los desplegados tienen claro cuál es su papel. “Informar de lo ocurrido, ayudar a las personas que pudieran encontrarse en peligro y tratar de desescalar cualquier atisbo de violencia”. Marjayún apena alcanza los 5.000 habitantes. “Buena parte de la población de influencia es esencialmente ganadera. Hay cristianos, ortodoxos, chíitas y suníes. En los últimos años, como en el resto del país, en la zona ha crecido el número de refugiados sirios”.


REQUISITOS PARA LA MISIÓN

A los soldados que finalmente harán la maleta con destino a Líbano se les exige un mínimo de experiencia. “Deben acreditar un año en el Ejército o en las Fuerzas Armadas”. A partir de ahí, cualquier otra ‘potencia’ es bienvenida. “Si se tiene carné de conducir, si se habla inglés, si tiene experiencia en misiones anteriores... Todo eso ayuda y mucho sobre el terreno”.

Una vez ‘en harina’, los desplegados que sus labores tienen más que ver con la rutina que con la adrenalina. “¿La vida allí? Básicamente es como si durante 6 meses cada día fuera lunes. Te levantas, trabajas, hay algo de tiempo libre, etc”, relata el capitán Manuel Salazar Escandel (Valencia, 22 de diciembre de 1980). Salazar ya pasó 6 meses en Irak en 2017, instruyendo a soldados de este país en la lucha contra el Daesh. “Estuvimos en la base Gran Capitán, trabajando básicamente el combate de infantería. “El calor era muy potente. En Líbano llegaremos a los 40 grados, pero es que en Irak llegamos a registros de 50”. ¿Cómo sobrellevarlo? “Madrugando mucho y parando actividades durante las horas de más calor. También, bebiendo mucha agua, entre 6 y 8 litros al día”. Salazar subraya la importancia de ser muy metódico en hábitats tan extremos. “Ayuda la disciplina y la instrucción en Montaña que hemos recibido como soldados”.

Respecto a la importancia de mantener la mente ‘fresca’, este capitán resta valor al esfuerzo de pasar meses desplegado si el compromiso adquirido es real. “Se hace más largo para las familias que para nosotros. En nuestro caso, se trata de nuestra vocación. Ellos son quienes se quedan aquí, muchas veces sobrellevando en solitario las cargas del día a día”.

Para el joven teniente Martín Ferrades Eíto, nacido en Jaca el 21 de diciembre de 1999, esta va a ser su primera misión internacional. Sin embargo, es una realidad que no le coge desprevenido. “Mi padre, militar, estuvo en Bosnia. Siempre recalcaba la importancia de atenerse a lo que dictaba la ONU y mantenerse neutral. Llamaba una vez al mes y de vez en cuando enviaba alguna postal”, rememora este mando, que tendrá a 27 soldados a su cargo. Uno de ellos es el sargente José Manuel Viana Chardí (Valencia, 14 de marzo de 1981). Entre sus funciones, tener a punto todo el material. “Es preciso un buen conocimiento del material (las transmisiones, el armamento, los vehículos, etc), saber a grandes rasgos desenvolverse en la zona, y para esto es fundamental la preparación previa, y en tercer lugar, el manejo de las situaciones que pueden llegar a ocurrir.

Para los momentos muertos o tiempos de ocio, su apuesta es por sudar la camiseta. “El deporte es una actividad de equipo que cohesiona, y eso es importantísimo”. También potencian que la tropa aproveche esa estancia para sacar adelante objetivos. “Tengo a tres personas que quieren presentarse a la Guardia Civil, así que les animaré a estudiar”. Interviene el teniente coronel: “Eso es, yo siempre les digo. Es el tiempo perfecto para ponerse serio y quitarse esos kilos de más que te sobran, profundizar en la Historia si te interesa, etc”.

La soldado Yolanda Maceiras Sevilla, nacida el 18 de agosto de 1990 en Cartagena, Murcia, afirma que haber sido elegida para la misión es para ella un honor. “Me presenté voluntaria. A mí me toca integrarme en la unidad de logística como auxiliar. Estoy a cargo de la cadena que se encarga de proveer a los compañeros de material, comida, ropa, etc. Básicamente, que funcione el día a día”. Ella deja un hijo en España, pero no hay concesión a la nostalgia . “Estoy con ganas. Nos preparan toda nuestra vida militar para ello”. A lo largo de estos meses a Yolanda Maceiras le interesa mejorar la forma física y su destreza con el francés”. Si pudiera elegir un destino en el que desempeñar una misión internacional, ¿cuál sería?, y ella no sabe qué responder, al menos con respecto al mapa. “No lo sé, me daría igual. A cualquiera iría encantada. Es cuestión de adaptarse y ya está”.

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