La manifestación por el gaztetxe acaba con una tercera okupación de Rozalejo
Un grupo se introdujo en el interior a través del patio de luces y con una rotaflex cortaron la chapa de una de las ventanas
Actualizado el 20/01/2019 a las 09:03
La pintada de “volveremos” en una de las ventanas selladas por orden del Gobierno de Navarra en el Palacio de Rozalejo se convirtió ayer en realidad. Tras la manifestación convocada por los okupas del gaztetxe Maravillas acondicionado en el palacio de Navarrería del Gobierno de Navarra, se leyó un comunicado en el que se avisaba de que había gente en el inmueble. Y tres personas con el rostro cubierto descolgaban desde el balcón del tercer piso una gran pancarta en la que, en euskera, se reclamaba el gaztetxe para el pueblo. Al parecer, habían accedido a través del patio de luces del edificio.
Mientras, abajo, empezaba a escucharse el ruido de una rotaflex para abrir un hueco en la ventana. Y, a las ocho y veinte de la tarde, conseguían su objetivo. Aunque fue necesario sacar la máquina por un hueco abierto en la chapa para que, desde fuera, pudieran terminar de cortar. Fue entonces cuando se recrudecieron los vítores de ánimo, presentes durante la hora larga en que se tardó el romper la lámina, y acompañados por la música de unos altavoces colocados a pie del inmueble.
A pesar del volumen, se podían escuchar los golpes del interior para intentar tirar la chapa abajo. Mientras, Policía Nacional acordonaba la plaza de la Catedral para impedir que más gente accediera a Navarrería desde la calle Curia. Una vez dentro, los okupas dijeron que cerrarían la puerta a las diez de la noche pero que se quedaría gente dentro para evitar un nuevo desalojo.
Se trata de la tercera vez que se ocupa el inmueble, no como vivienda, sino para organización de actividades. Aunque desde la oposición, UPN y PSN han criticado reiteradamente que los okupas están ligados a la izquierda abertzale y que se ejerce una actividad hostelera ilegal. Y ayer, tras conocerse la nueva ocupación, el PP pidió el cese de Beaumont por no desplegar a Policía Foral para que evitara esta nueva entrada a Rozalejo.
Fue el 17 de septiembre de 2017 cuando un grupo de jóvenes accedieron al palacio -sin uso desde hacía dos décadas- para reclamarlo como espacio autogestionado vecinal y de juventud. Casi un año después, el pasado 17 de agosto, el Gobierno de Navarra obligó a su desalojo en una operación coordinada por Policía Foral y Nacional. Pero pocas horas después, volvían a ocuparlo. El 8 de este mes, los agentes autonómicos accedían al edificio de acuerdo a una orden judicial para examinar las condiciones de Rozalejo.
El día después, los técnicos forales certificaban el “agravamiento” que había sufrido el inmueble por obras en elementos estructurales. Y esa misma jornada, el Ejecutivo foral sellaba la puerta principal y las ventanas del piso bajo con cemento y chapas, además de tapiar los balcones de los dos pisos superiores.
Desde entonces, se han producido protestas en Navarrería o, como este jueves, el corte de tráfico de la Labrit y Cortes de Navarra con una sentada a la que se sumaron dos jóvenes con sus brazos introducidos en un bidón de hormigón. Ayer, en cambio, la manifestación autorizada por la delegación de Gobierno, transcurrió con tranquilidad desde su salida a las cinco y cuarto de la tarde de la plaza consistorial.
Vigilados por Policía Nacional, los miles de participantes -más de 5.000 según la organización y también los agentes- desembocaban sobre las seis y veinte de la tarde en la plaza San Francisco tras recorrer las calles, avenidas y plazas de Mercaderes, Estafeta, Amaya, Roncesvalles, Carlos III, Merindades, Baja Navarra, Príncipe de Viana, Conde Oliveto, Paz, Yanguas y Miranda, Navas de Tolosa y Nueva. La manifestación estaba encabezada por una pancarta en euskera que decía: “Tenemos un mundo nuevo en el corazón. Maravillas, aurrera”.
Una vez en la plaza, a donde se llegó las seis y veinte de la tarde, se leyó un comunicado en el que se tachaba de mentiroso al Gobierno por decir que habían hecho daños en la estructura. Según la organización, todo lo contrario, habían recuperado para el uso comunitario un edificio abandonado. Y también repudiaron las críticas de que se aprovechaban de un espacio privado. “¿Acaso devolver al control obrero un edificio arrebatándolo de las manos del capital es privatizar?”, indicaron.


