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Biodanza en la Fundación Xilema para niños en riesgo

Once menores del Centro de Día de Fundación Xilema han participado en un programa de Biodanza, una disciplina que permite modificar el comportamiento a través del movimiento y la música

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Ainhoa Piudo

Actualizado el 14/06/2018 a las 06:00

Los seis meses que han estado practicando biodanza once menores del Centro de Día gestionado por la Fundación Xilema han sido suficientes para observar “una clara evolución”. A estos chicos y chicas de entre 6 y 11 años, el contacto con esta disciplina les ha permitido “desahogar traumas contenidos y modificar su comportamiento”. Ese es el objetivo de la biodanza, que es mucho más que una simple clase de baile. “Fue creada por el antropólogo y psicólogo chileno Rolando Toro y utiliza la música y el movimiento para profundizar en el autoconocimiento y desarrollar otras formas de relacionarse a partir de las experiencias propias”, detalla Víctor Núñez, facilitador de Biodanza Orain y encargado de desarrollar el programa en el centro de día de Fundación Xilema junto a Itziar Espinal.


Los menores participantes están en situación de conflicto social, tienen déficits en distintas áreas y la primera aproximación de los profesionales no fue sencilla. “Tuvimos que ser muy firmes a la hora de establecer límites con amor, porque nos encontramos con muy poca tolerancia a ellos y con algunas actitudes agresivas”, desarrolla.


El equipo fue recogiendo durante el transcurso de las sesiones distintos ‘items’ sobre variaciones en el lenguaje no verbal, la expresividad, etc. y el cambio en los chicos y chicas “fue muy notorio”. “Fuimos introduciendo diferentes estrategias hasta lograr, a final de curso, tener la sensación de que habíamos cumplido con la mayoría de los objetivos, por no decir con todos”. Por tanto, el balance de su intervención es “muy positivo”, especialmente por el modo en que han logrado que estos niños integren la faceta afectiva,” una de las partes más importantes”, sostiene. “Se ha demostrado que la biodanza es muy efectiva y espero que Xilema vuelva a contar con nosotros”.


UNA BASE CIENTÍFICA


Esta modalidad, que etimológicamente significa ‘la danza de la vida’, surgió en el Chile de los años 60, en el marco de un estudio de antropología clínica que Rolando Toro desarrolló en un hospital psiquiátrico. “Él se dio cuenta del poder de la música y el movimiento para cambiar la conducta de estos enfermos mentales”. Después, se aplicó la técnica “a muy diversos campos”. “Se puede desarrollar en las empresas, para mejorar la cohesión grupal”. También tiene aplicaciones en trastornos de la alimentación, dependencias, situaciones conflictivas. “Desde el principio tiene una vocación de acción social”, concluye Núñez, que sostiene que “una intervención meramente cognitiva no logra variar el comportamiento de las personas”.

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