JUICIO POR LA AGRESIÓN DE ALSASUA
Los policías forales que atendieron a las víctimas de Alsasua: "Fue claramente una paliza"
Dicen que el teniente estaba en el suelo con sangre en la boca y el sargento, con "huellas de suelas de zapato" en la camisa blanca


Actualizado el 18/04/2018 a las 14:54
Los policías forales que acudieron al bar Koxka la madrugada del 15 de octubre de 2016, cuando fueron agredidos dos guardias civiles y sus parejas, han corroborado este miércoles durante el juicio que se celebra en la Audiencia Nacional que lo ocurrido aquel día no fue una pelea, sino que "fue claramente una paliza".
Los agentes fueron los primeros en llegar al lugar de los hechos, más allá de las cuatro y media de la madrugada, y han explicado al tribunal que lo primero que se encontraron al llegar allí fue bastante gente -unas 40 personas "como mínimo"- en la calle y al teniente tirado en el suelo, con sangre en la boca y fuerte dolor en una pierna, acompañado de su novia.
El sargento, por su parte, estaba alterado, "llorando", y tenía la camisa, que era de color blanco, "llena de suelas de zapato". "Fue muy impactante", ha declarado uno de los policías forales, motivo por el cual llamaron a una ambulancia.
Según su versión, "estaba claro" que la gente que había allí sabía de la condición de los dos guardias civiles, ya que les decían a los forales que ellos eran de Alsasua y "que no les siguieran el juego" a los agentes de la Benemérita y "que no se pusieran del lado de los guardias".
ACTUAR DEPRISA
Uno de los agentes ha comentado que el "ambiente" que se encontraron esa noche en la zona de bares donde se encuentra el Koxka es parecido cada vez que tienen que intervenir, en el sentido de que tienen que "actuar deprisa" para salir de allí cuanto antes porque enseguida "empiezan los gritos" contra ellos.
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"La gente allí ha bebido y el ambiente es el que es. Cada vez que nos toca actuar ahí tenemos que salir deprisa porque empiezan los gritos. Cuanto más estamos, peor puede acabar la cosa. Tendemos a acabar rápido. Ese día, tal y como estaba la situación, lo mejor era marcharse, pero tampoco podíamos porque nos teníamos que quedar identificando", ha remarcado.
Los dos han comentado que nadie más en el lugar, aparte de los guardias, les solicitó ayuda y cuando la ambulancia se llevó al teniente y a su pareja al centro de salud de la localidad, el sargento y su novia señalaron a dos personas a los agentes forales como responsables de la agresión. Uno era un chico con barba y boina que luego fue identificado como Jokin Unamuno y otro joven ataviado con camiseta de color rojo o rosa.
Los policías forales han explicado que, dada la cantidad de gente que había en la zona y la presencia todavía de las víctimas, decidieron no realizar más labores de identificación para poder tener controlada la situación. También han resaltado que las identificaciones resultaban complicadas, dada la similitud en la ropa de mucha gente. Así, sólo le pidieron el DNI a Unamuno, que se lo dio sin ningún impedimento, y después le comunicaron que iban a proceder a su arresto.
Los problemas, han relatado al tribunal los dos testigos, comenzaron cuando la ambulancia con el teniente y su novia se marchó, pues "la gente empezó a acercarse, a atosigar, a entorpecer la labor de identificar y socorrer" a las víctimas.
LA GENTE SACÓ A JOKIN DEL COCHE POLICIAL
Y así, cuando introdujeron a Jokin Unamuno en el coche policial, vieron que el sargento y su pareja seguían enzarzados en una discusión con gente de la zona, así que acudieron allí, momento que aprovecharon algunos presentes para sacar al detenido del vehículo. Uno de los agentes ha reconocido que "nunca" le había ocurrido algo así, que no se podía "ni imaginar" que a alguien se le ocurriera sacar a un detenido del coche policial.
De este modo, acudieron de nuevo a introducir a Unamuno en el coche, no sin tratar de esquivar una "resistencia activa" por parte de la gente presente, que "agarraban del chaleco y la ropa" a los agentes", por lo que decidieron alejarse un poco de esa zona con el coche "para rebajar la tensión", pero los jóvenes les siguieron y les estuvieron rodeando hasta que llegaron los antidisturbios de la Policía Foral.
En un momento dado, los policías han apuntado que uno de los jóvenes que había por la zona se acercó a ellos con gesto amenazante, "con el puño cerrado" y colocándose "como en posición" de pelea. Los dos han identificado a este joven como Ohian Arnanz, el acusado para el que se pide la pena más alta, 62 años y medio de prisión por lesiones y amenazas terroristas.
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