Historia y Arte

El primer castillo de Pamplona sale a la luz

No pudo ser durante las obras del parking de la Plaza del Castillo porque se evitó tocar el cuadrante donde se pensaba que aparecería, pero los restos del castillo que mandó construir Luis Hutín en 1308 han visto ahora la luz. Esta es la historia de una fortaleza tal como quedó contada ya en 2000 y que ahora retoma actualidad

El primer castillo de Pamplona sale a la luz
AmpliarAmpliar
El primer castillo de Pamplona sale a la luzCedida
El primer castillo de Pamplona sale a la luz

CerrarCerrar

Juan José Martinena

Actualizado el 16/02/2018 a las 12:25

Esta es una noticia que Diario de Navarra publica en exclusiva para los suscriptores de DN+. Si no eres suscriptor, puedes suscribirte para leer esta noticia y, además, disfrutar de todos los contenidos de DN+ en abierto y sin publicidad y, además, de otras muchas ventajas y productos exclusivos. Si eres suscriptor, inicia sesión para leerla; si ya lo has hecho, puedes leerla a continuación.
En los primeros años del siglo XIV, el rey Luis Hutín decidió levantar un castillo en Pamplona, que al parecer no se hallaba bien fortificada. Para su emplazamiento señaló los terrenos junto al chapitel, fuera de la muralla de la Población de San Nicolás y hacia la parte donde aún se podían ver las ruinas de la Navarrería, que había sido destruida años atrás, a raíz de la guerra civil de 1276.

 

CONSTRUIDO ENTRE LOS AÑOS 1308 Y 1310

La dirección de las obras se encomendó a Belenguer Cruzat y a Martín de Roncal. En el libro que se abrió para asentar los pagos aparecen también los nombres de Juan Garceiz y de don Gil “lo maçoner”, el maestro de la obra.

Los trabajos dieron comienzo en 1308. Ese mismo año, el rey ordenó al Cabildo de la Catedral que permitiesen a los canteros tomar la piedra de la Navarrería destruida para aprovecharla en la construcción del castillo. Aparte de ésta, se traía también piedra de las “peyreras” o canteras de Ansoáin, Ezcaba, Cizur, Ezpilce y Guenduláin. Sólo en la cantera de Cizur trabajaban 17 maestros martilleando la piedra, mientras que 13 hombres se ocupaban en aparejar el camino para las carretas que transportaban los sillares.

Las obras duraron más de dos años. Sólo el año 1309 se gastaron 2.641 libras. En los períodos de mayor actividad llegaron a trabajar hasta 250 hombres, entre carreteros, zaborradores y peones, que percibían un jornal de 7 y 8 dineros. A las mujeres, que en algún momento llegaron a ser unas 290, se les pagaban 5 dineros. La mano de obra que hoy llamaríamos cualificada, es decir los maestros canteros “que martelaban la peyra” y los carpinteros, que alcanzaron el número de 130, cobraban 20 dineros.

Se compraron primero 6 libras de cuerda por 5 sueldos, “para cordelar lo castel”, es decir, para delimitar y acordonar el perímetro del castillo. También se compraron cuatro pértigas para medir los cimientos de los muros. Otro de los pagos se hizo a “los franceses que mesuraron lo castel”. El dato me parece interesante. Por la fecha y por el rey que la mandó construir, se puede pensar que la traza de la fortaleza habría seguido modelos franceses. Las noticias documentales no son muy expresivas al respecto y no permiten aventurar una reconstrucción hipotética.

¿CÓMO ERA EL CASTILLO?

La fortaleza respondería sin duda a la tipología del castillo gótico urbano. Parece ser que se construyó de planta cuadrangular, con torres en los ángulos. Una de las libranzas anotó el pago que se le hizo a un carpintero “que fazía los moldes pora las torres”, lo cual induce a pensar que serían de planta circular.

Según las cuentas de su construcción, tenía tres puertas. Una daba hacia el convento de Predicadores -“enta Sant Jacme”-, es decir, hacia la parte del actual Banco Central Hispano y el inicio de la avenida de Carlos III. La puerta mediana se abría frente a la iglesia de San Tirso, que estuvo situada en la actual calle Estafeta. La puerta principal, “el portal mayor”, no lo sitúan las cuentas, si bien cabe suponer que saldría a la explanada del Chapitel -la actual Plaza del Castillo-, que le serviría en cierto modo de plaza de armas. Otros documentos hablan de la puerta que daba al barrio de Zorriburbu.

Sabemos que dentro del recinto del castillo había varias casas, habitadas por oficiales reales, y una iglesia o capilla dedicada a San Miguel. En 1349 hubo que rehacer dos de estas casas, en las que habitaban los porteros Peire de San Martín y Miguel de Zabalza; la primera estaba “atenient a la torre de la eglesia de Sant Miguel”.

En 1363, reinando Carlos II, se mandó construir una brícola, un ingenio o máquina de guerra que lanzaba grandes proyectiles de piedra. Para ello se trajo con bueyes madera de los montes de Olagüe y, una vez hecha, se guardó en el patio de armas. Tres años después el rey mandó al carpintero Sancho de Beorieta que la desmontase y la guardase dentro de la iglesia, para que no se pudriese con las lluvias.

Un dato curioso es que en 1390 se mandó instalar en el castillo la escuela de gramática de la ciudad. Ese año se le dieron al maestro, que era el abad de Abínzano, 180 florines “pora pagar a los maestros que farán las casas del castiello de Pamplona a estajo, pora que allí sea la escola de la gramática”.

ESCENARIO DE JUSTAS Y TORNEOS

El castillo fue en numerosas ocasiones escenario de justas y torneos, y también de otras fiestas y regocijos populares. Ya en 1344 Martín Motza, al frente de 32 hombres, mantuvo el orden en la explanada que había en lo que hoy es espacio central de la plaza, cuando “lidiaron” Juan Sánchez de Luquin y Lope de Eraso. En 1379 fueron los propios espectadores quienes impidieron que llegaran a batirse los caballeros Fillot de Agramont y Ramiro de Asiáin por un lance de honor. El rey los mandó encarcelar a los dos.

En 1402 el castillo estaba adornado y preparado para las fiestas de la coronación de la reina y las bodas de la infanta doña Juana. Pero ocurrió que por entonces murió el infante don Carlos y -según dice la cuenta- “por la dolor de la dicha muerte, lo que era fecho en el dicho castiello el señor Rey lo mandó desfazer”.

En 1411, con ocasión de la entrada en Pamplona del rey Carlos III a su regreso de Francia, se hizo un palco o tribuna de madera en el castillo, “do el señor Rey, la Reina e las Infantas oviesen a estar a mirar las justas, torneos et otros solazes que fueron fechos en el dicho castiello”.

El privilegio de 1324 del rey Carlos el Calvo para la reedificación de la Navarrería nos ayuda a precisar la localización de la fortaleza, cuando establece que el mercado debería tener lugar en la plaza que existía delante de su puerta. El mismo documento se refiere en otro pasaje a lo que hoy es Plaza del Castillo como “la plaza situada entre el castillo y el muro de la Población de San Nicolás”.

Cuando hacia 1320 se hizo el plan para la reconstrucción de la Navarrería, se trazó una calle recta “desde la puerta media del castillo hasta la casa del arcediano de la tabla”, una de las dignidades de la catedral. Como la identificación de esta calle o “belena travesana” con la actual bajada de Javier no ofrece ninguna duda, parece deducirse de este texto que la puerta mediana del castillo vendría a estar situada aproximadamente por donde hoy están las escaleras que comunican la Plaza del Castillo con la calle Estafeta.

Otro dato interesante es que en numerosos documentos, entre otros en el Libro de Fuegos de 1427, la actual calle Estafeta aparece denominada como “la Carpintería de zaga el castieillo”, y más tarde como “barrio de tras el castillo”. Durante mucho tiempo no se permitió a los vecinos de esta calle que arrimasen sus casas a la muralla de la fortaleza, hasta que lo autorizó don Juan de Labrit en 1496.

DESPUÉS DE LA CONQUISTA DE NAVARRA

No parece que el castillo hubiera tenido nunca gran importancia desde el punto de vista estratégico. Ni siquiera consta que hubiera tenido alcaides. A raíz de la conquista de Pamplona por el duque de Alba en 1512, se pudo comprobar que la vieja fortaleza, un tanto alejada de la línea exterior de las murallas, quedaba a retaguardia y resultaba por ello de escasa utilidad militar. En vista de ello, en agosto del año siguiente, siguiendo las órdenes de Fernando el Católico, comenzó la construcción del segundo castillo, aquel en cuya defensa caería herido Íñigo de Loyola en 1521. Sus trazas, que se conservan en el archivo de Simancas, fueron publicadas en su día por Florencio Idoate.

El año 1513, el viejo castillo de Luis Hutín se habilitó como cárcel; el carpintero Juan de Berástegui hizo “una puerta nueva para la cárcel que se hace en el cubo del Castillo Viejo”. Parece que sólo se aprovechó para ese fin una parte de la construcción, porque consta por las cuentas de Rena que se llevaron a cabo obras de demolición, con el fin de aprovechar los materiales en el castillo nuevo. Así vemos que en diciembre de 1513 se pagó a los peones que se ocuparon en “sacar la piedra de las murallas del castillo viejo para la fortaleza que se haze”.

Este afán por ahorrar en materiales dio origen a un conflicto con algunos vecinos de “tras el castillo viejo de Pamplona”, que hacía años habían edificado sus casas cargando las paredes contra el muro posterior del castillo. Ahora, al haber ordenado el virrey tomar la piedra de la muralla para la nueva fortaleza, se veían en la precisión de tener que abandonar sus hogares. En 1519 los afectados acudieron al rey Carlos I, y el monarca atendió sus quejas, mandando que se les pagase una indemnización.

Sin embargo, a pesar de estas demoliciones, el castillo viejo, o al menos una parte de él, se mantenía en pie todavía en 1539. Según un proceso de ese año, estaba situado “enfrente de la fortaleza, bien cerca de ella”. Como se sabe con certeza que el castillo levantado en 1513 se alzaba en el solar del palacio de la Diputación, inicio de la actual avenida de Carlos III, jardín del Archivo e iglesia de San Ignacio, el dato es interesante con vistas a su localización en terrenos de la actual Plaza del Castillo.

Cuando en su día se excave el cuadrante de la plaza a la que dio nombre y que no se tocó durante las obras del aparcamiento, es de esperar que la arqueología nos vendrá a confirmar sin lugar a dudas lo que de algún modo dejan entrever los documentos y ahora estos restos hallados.

Etiquetas:

    Continuar

    Gracias por elegir Diario de Navarra

    Parece que en el navegador.

    Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

    Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

    Suscríbete ahora