SU VIDA, EL MONTE
Un boticario bajo el Mendaur
Josetxo Ruiz-Lopetedi, farmacéutico en Ituren, relata el vínculo de toda la comarca con la cima (1.031 m) y con la ermita de la Trinidad


Actualizado el 30/06/2017 a las 10:16
Conocía Ituren solo de venir al monte, una compañera me habló de una farmacia y aquí sigo”. Josetxo Ruiz-Lopetedi tenía entonces 29 años, han pasado otros tantos y es el boticario más conocido de Malerreka, la regata del Ezkurra dominada por la puntiaguda cima del Mendaur (1.031 m). Le gusta subir, saber de su historia y de sus gentes, amables y cercanas, las que le saludan como a un paisano más. Cuando está de guardia, como ayer, aprovecha para caminar monte arriba, tres horas ida y vuelta, con un desnivel de 920 metros. Pura gasolina para los músculos, y entreno para cuando corre y reparte medicamentos a domicilio.
Es 23 de junio y la niebla difumina la cima del Mendaur. Muchas veces sucede al revés. Arriba el cielo azul y el valle, cubierto. Relata el boticario el arraigo de los pueblos del entorno con la ermita de la Trinidad, a la que se accede tras salvar 60 escaleras de piedra desde la cima. El templo, construido en 1693 y reformado en auzolan en 1963, abre al culto una vez al año, el día de la Trinidad. “Sería una pena que la tradición se perdiera porque estos encuentros arman la estructura de un pueblo, con gentes de todas las edades. Hay misa, pero también comida junto al embalse, muchas veces cordero, y después música”. Josetxo subió por primera vez con el médico Javier Ágreda. Luego, en una Trinidad, con Perico Mindegia, de Aurtitz. Recuerda bien cuando al amanecer llegó a lo alto y sonaba Enya. “Era como algo mágico”, apuntala. Hay mucho de historia, de liturgia, también de leyenda en las faldas del Mendaur, del akelarre que reunía a las brujas en lo alto; del puesto de vigilancia del contrabando; de los amigos del Erreka de Santesteban que cada 31 de diciembre brindan en la cima con champán. “La primera vez que se sube hay que rezar un Padrenuestro, dar tres vueltas a la ermita saliendo hacia la izquierda, tirar una piedrica sobre el tejado y pedir un deseo...dicen que se cumple”, da cuenta de la tradición oral Ruiz-Lopetedi.
Ahora muchos ascienden en coche hasta el embalse (900 m) y desde allí a pie, una hora. “Hasta hace 50 años se iba en procesión de Ituren. Portó tiempo la Custodia Miguel Makuso, txistulari. Almorzaban a mitad de camino, en Apezenekoborda, en el paraje de Asurdi y allí empezaban con la letanía”, apunta. Y ahora que apenas hay ganado la maleza se acomoda en los caminos y hay vecinos que se afanan en abrirlo. Como Miguel Altxu, José Luis Elizalde, y Sabino Bereau.