FRANCISCO J. PÉREZ-LATRE
El gran comunicador
Actualizado el 02/05/2011 a las 11:17
Para alegría de millones de personas, Juan Pablo II será beatificado hoy en Roma. Su tarea de comunicación era difícil: presentar el mensaje cristiano a la cultura contemporánea, que parece funcionar como si Dios no existiera. Los medios de comunicación no fueron ajenos a ese empeño: su mensaje alcanzó a multitudes sin precedentes hasta el final. Esas personas, que le querían, le acompañaron en sus funerales y ahora en su beatificación.
Juan Pablo II prestó singular atención a los medios, que fueron poderosos altavoces de su mensaje. Definió el espacio que dibujan como "el nuevo Areópago del mundo de hoy. Un gran foro que, cuando cumple bien su papel, posibilita el intercambio de información veraz, de ideas constructivas y de sanos valores, creando así comunidad".
Aunque los medios y la Iglesia tienen "culturas distintas", pensaba que debían cooperar y que sus conocimientos específicos eran complementarios. Las posibilidades de enriquecimiento mutuo eran notables.
La actividad de los medios debía hacerse presente en la denuncia de las causas profundas de violencias y conflictos, que Juan Pablo II resumió con palabras inequívocas: "Armamento generalizado, comercio de armas, opresiones y torturas, terrorismo de toda especie, militarización a ultranza y preocupación exagerada por la seguridad nacional, tensión Norte-Sur, cualquier forma de dominación, ocupación, represión, explotación y discriminación".
Sin duda, "para actuar en un espíritu de justicia, no basta actuar contra, en nombre de una fuerza empedernida. Es preciso también actuar para y con los otros, o, en el mundo de los mass-media, comunicar para cada uno y con cada uno...".
En 1994 señaló algunos perjuicios que la televisión puede causar "al mandar de onda en onda pornografía e imágenes de brutal violencia; al inculcar el relativismo moral y el escepticismo religioso; al dar a conocer relaciones deformadas, informes manipulados de acontecimientos nuevos y cuestiones actuales; al transmitir publicidad que explota y reclama los bajos instintos y exalta una visión falseada de la vida que obstaculiza la realización del mutuo respeto, de la justicia y de la paz".
Juan Pablo II entrelazaba todos esos peligros, que consideraba partes del mismo problema: el acoso a la dignidad de la persona, un bien que siempre estará necesitado de protección.
A la vez, el público demandaba información religiosa y los medios la proporcionaban, como recordó en 1989: "La información religiosa tiende a ocupar más espacio en los medios de comunicación, debido al mayor interés que se manifiesta hacia la dimensión religiosa de las realidades humanas, individuales y sociales. Para analizar este fenómeno, habría que interrogar a los lectores de periódicos, los telespectadores y los radioyentes, porque no se trata de una presencia impuesta por los medios de comunicación, sino de una demanda específica por parte del público, demanda a la que los responsables de la comunicación responden dando más espacio a la información y comentario de temas religiosos".
Las tecnologías de la comunicación fueron objeto de su interés, porque los medios de comunicación estaban "contribuyendo ya de muchas formas al enriquecimiento espiritual". Para el Papa Juan Pablo II era indudable que representan "una fuente preciosa de enriquecimiento cultural para el individuo y para toda la familia".
No faltó el análisis de las dimensiones que planteaba Internet, que hace posible "un encuentro inicial con el mensaje cristiano, especialmente entre los jóvenes, que se dirigen cada vez más al mundo del ciberespacio como una ventana abierta al mundo".
Las enseñanzas sobre comunicación que se aprenden estudiando la vida y el mensaje de Juan Pablo II son múltiples. Cabe subrayar la atención abierta a las transformaciones tecnológicas; el aprecio por el trabajo de los comunicadores; la coherencia para defender valores contracorriente, simplemente porque son mejores; el valor de gestos como el abrazo a Alí Agca, el hombre que le quiso matar, que ya es todo un icono del perdón. Y, en fin, el compromiso con valores básicos para la convivencia como la paz, la justicia, la dignidad, la solidaridad, la fraternidad, la atención a los más débiles.
Juan Pablo II fue un gran comunicador y un comunicador modélico. Su liderazgo se basó en la coherencia con los valores que defendía. Todavía hay quién piensa que la comunicación es simplemente una "estrategia", un conjunto de técnicas y herramientas para convencer y ganar, para hablar con eficacia.
Pero Juan Pablo II es uno de los que ha demostrado que la comunicación más eficaz es la que se basa en ideas que pueden cambiar el mundo. La eficacia de su comunicación se basaba en qué decía, no en cómo lo decía. Y es que comunicar es difundir ideas que importan y acercar unas personas a otras. Por eso las consecuencias de la vida de Juan Pablo II no han hecho más que empezar.