CULTURA

La ruptura del frente alemán

  • En el verano de 1944, la Alemania nazi sufrió dos grandes derrotas, una en el frente oriental, la otra en el norte de Francia. Ésta última fue más complicada de lo que había sido planeada y el presente artículo trata de resumirla

MIGUEL URABAYEN

Publicado el 29/07/2011 a las 01:04

E N la última semana de julio de 1944, hace ahora 67 años, los aliados anglosajones - que habían desembarcado en Normandía el 6 de junio anterior - iniciaron su gran ofensiva contra el Séptimo ejército germano. Un mes más tarde habían liberado toda Francia y sus tropas estaban en las fronteras de la Alemania nazi. Fue una campaña extraordinaria, comparable por su rapidez con la germana de cuatro años antes, en mayo/junio de 1940.

A pesar del éxito inicial del desembarco los aliados habían sido contenidos en una zona larga y estrecha de la costa normanda, de unos 20 kilómetros de profundidad. Excepto en la península de Cotentin que el Primer ejército norteamericano terminó de ocupar el 30 de junio. Pero Caen y su extensa llanura sur, objetivo principal del general Montgomery, jefe terrestre de la invasión, no habían podido ser conquistadas ni con la sorpresa del primer día del desembarco ni con los sucesivos ataques de las divisiones bajo sus órdenes directas. Su toma, planeada para el primer día, no ocurrió hasta más de un mes después, el 9 de julio.

Debe recordarse que toda la operación del desembarco y la batalla por Francia estaba bajo el mando del norteamericano Eisenhower pero la dirección y el plan táctico correspondían al inglés Montgomery, que había ganado celebridad por su victoria en El Alamein (octubre 1942) frente al general Rommel. Como el Séptimo ejército alemán estaba a las órdenes de este último, el destino parecía querer enfrentarles en un definitivo encuentro. Pero el 17 de julio, al regresar de una visita al frente, el coche de Rommel fue ametrallado por un Spitfire cazabombardero y aquel gran general sufrió heridas graves. Nunca volvió al combate (fue sustituido por el mariscal Von Kluge).

El plan para la batalla siguiente al desembarco establecido por Montgomery, expuesto por él mismo a los jefes superiores aliados en abril de 1944, indicaba sucesivos avances a partir de Caen para tomar Normandía y la Bretaña. Calculaba que progresivamente llegarían a las orillas del Sena en 90 días pero los hechos fueron muy distintos al plan. Durante todo el mes de junio los alemanes sujetaron a Montgomery ante Caen y rechazaron las dos ofensivas lanzadas por el general británico para tomarlo. Rommel consideraba aquella zona como la más peligrosa del ataque aliado y por consiguiente, reunió allí a sus mejores fuerzas de infantería y de tanques.

Operaciones Cobra y Fortitude

Además de tomar paso a paso la peninsula de Cotentin, el Primer ejército norteamericano al mando del general Hodges trató de avanzar hacia el sur y entonces se enfrentó a una serie de pequeños campos bordeados de setos (el "bocage" le llamaban los franceses) que facilitaban mucho la defensa. En cualquiera de ellos podían ocultarse soldados alemanes con armas antitanques. Fueron unas semanas de cruentas luchas entre soldados de infantería que terminaron por la persistencia de los ataques, ayudada por una idea feliz del sargento norteamericano Curtis Culin. Consistió en colocar una especie de cortador metálico en la parte delantera de los tanques Sherman para abrirse camino a través de los setos.

El 26 de julio, precedido por un terrible bombardeo aéreo, el Primer ejército lanzó su gran ofensiva hacia el sur (nombre en clave Cobra) y en dos días rompió el frente alemán. La ruptura ocurrió en St. Lô y por la brecha abierta comenzó el avance norteamericano, reforzado por el Tercer ejército bajo el mando del general Patton que, recién desembarcado, había estado agrupándose en la retaguardia del Primero.

Uno de los hechos más sorprendentes de la campaña aliada en el norte de Francia fue la firme creencia de los mandos alemanes, incluido Hitler, de que el desembarco ocurriría en la zona de Calais. Había cierta lógica en que pensaran así porque aquella vía era la más corta y directa para lanzar las divisiones invasoras contra Alemania. En consecuencia, destacaron al Quince ejército germano para guardarla.

A esa idea se sumó la hábil maniobra del servicio de Inteligencia británico conocida como Fortitude en la que intervino de forma destacada un doble agente, el español Juan Pujol (su nombre en clave era Garbo).Enviado a Inglaterra como espía alemán, trabajó en realidad para los británicos. Sus mensajes, apoyados en datos amañados, mostraban que los aliados estaban organizando un enorme ejército mandado por el general Patton para desembarcar en la zona de Calais.

Ni siquiera cuando se produjo la invasión en Normandía dejaron los británicos de sugerir la idea de que el ataque principal vendría más tarde y en el lugar esperado. El Estado Mayor alemán con Hitler a la cabeza creyó los informes del falso espía y aceptó que Normandía era solo una amplia maniobra de distracción. Durante las decisivas semanas de junio y julio, el Quince ejército permaneció vigilante en la zona de Calais.

Solo al ver a Patton al frente del nuevo Tercer ejército empezaron a tener dudas los generales germanos. Pero ya era tarde. Las divisiones motorizadas norteamericanas se precipitaron como un torrente hacia Avranches, lo alcanzaron y llegaron al terreno abierto, sin tropas alemanas, de Bretaña y los llanos campos hacia el río Loira.

Errores

En ese momento, primeros días de agosto, los mandos aliados cometieron el error de atenerse al plan inicial de Montgomery de conquistar la Bretaña. Una parte del Tercer ejército se lanzó hacia Brest y tardaron tres o cuatro días en darse cuenta de que en sentido contrario, hacia el este, no había fuerzas enemigas y además podían envolver a los alemanes en una gran bolsa centrada en Falaise.

Ante ese posible envolvimiento, la única salida del ejército alemán era retirarse hacia el Sena. Sin embargo, para fortuna de los aliados, Hitler se negó a admitir la necesaria retirada y ordenó un inmediato ataque contra el cuello de botella en que se había convertido Avranches. Así, como dijo Lidell Hart, "fue su estúpida orden de no retirada" la que permitió a los aliados liberar Francia en cuestión de semanas. Porque, como era de prever, los norteamericanos resistieron la precipitada ofensiva hitleriana (con fuerzas sacadas del frente ante Montgomery) gracias al apoyo de los cazabombarderos Typhon británicos y Tunderbolt americanos. Muy pronto, las fuerzas aliadas que seguían cruzando Avranches atacarían la bolsa de Falaise.

La derrota alemana fue total y perdieron más de 400.000 hombres. Solo unos cincuenta mil soldados, sin su material de guerra, escaparon para seguir la lucha. Patton demostró su habilidad militar llegando a la frontera alemana antes que ningún otro general aliado. El Primer Ejército entró en Paris y Montgomery liberó Bruselas, cometiendo enseguida el error de creer que la guerra estaba ya ganada. Pronto, en Arnhem, comprobaría que no era así.

Una observación final sobre Montgomery, ascendido a Mariscal el 1 de septiembre de aquel año. En sus Memorias aseguró que la victoriosa campaña de Normandía se ajustó a su plan que consistía en presionar en la parte de Caen para asegurar que el Primer ejército norteamericano pudiera realizar la ruptura conseguida a finales de julio. Pero como han apuntado varios historiadores (Sir Basil Lidell Hart entre otros) aquel plan inicial, expuesto en abril, no indicaba nada de eso. Como dijo Patton más tarde "Uno no hace un plan y después trata de que la batalla se ajuste a él. Uno trata que el plan se adapte a las circunstancias"

Y eso es lo que ocurrió en Normandía. La victoria se logró por la errónea ofensiva de Hitler para cortar a los norteamericanos en Avranches y, a la vez, por el no previsto giro de parte del Tercer ejército hacia el Noreste para crear la bolsa de Falaise. Todo eso no estaba en el plan inicial de Montgomery. Las habilidades militares del Mariscal británico quedaban estropeadas por una enorme vanidad personal, extendida al relato de sus campañas. Después de la guerra, afirmó una y otra vez que la batalla de Normandía se había desarrollado exactamente tal como él la había previsto.

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