CULTURA

La peste: 140.000 navarros muertos

  • Es la mayor catástrofe ocurrida en la Comunidad foral. Sucedió en 1348. Los años anteriores los campesinos se morían de hambre y entonces llegó la peste, que acabó con la mitad de los habitantes del reino en pocos meses.

Representación de la peste negra en la Biblia de Toggenburg (1411). A los afectados se les hinchaban los ganglios linfáticos y surgían tumores inflamados y con pus, los bubones.
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Representación de la peste negra en la Biblia de Toggenburg (1411). A los afectados se les hinchaban los ganglios linfáticos y surgían tumores inflamados y con pus, los bubones.
Representación de la peste negra en la Biblia de Toggenburg (1411). A los afectados se les hinchaban los ganglios linfáticos y surgían tumores inflamados y con pus, los bubones.

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LAURA PUY MUGUIRO . PAMPLONA

Actualizado el 12/02/2021 a las 18:00

EN la Edad Media la peste arrasó Europa y se llevó por delante Navarra. Los habitantes del reino murieron por miles, incapaces de encontrar remedio alguno para combatir la enfermedad. Todo era confusión. No entendían por qué se iban a la tumba tan rápidamente y de forma tan dolorosa. ¿Qué les estaba ocurriendo?, ¿qué causaba aquello?, ¿cómo se contagiaba? En medio de aquel panorama apocalíptico muchos interpretaron que Dios les castigaba y que había llegado el fin del mundo.

El año fatídico fue 1348. Familias enteras se extinguieron en cuestión de días. ¿Qué podía hacerse? Esencialmente huir de los pueblos y rezar a Dios. Y todo en vano, ya que nada detenía la enfermedad. Los historiadores manejan datos descomunales. En unos meses la peste acabó con 140.000 personas, la mitad de los que habitaban el reino, explica el historiador y sociólogo Peio J. Monteano. Aldeas completas quedaron aniquiladas y nunca volverían a habitarse de nuevo.

Tuvieron que pasar cientos de años hasta que en 1894 el médico suizo Emilio Alejandro Yersin descubriera al culpable de la peste bubónica -popularmente denominada peste negra-: se llamaba Yersinia pestis. La bacteria se propagó tan rápidamente gracias a dos pequeños animales: las ratas y las pulgas. Este trabajo en equipo aniquiló a un 30% de los europeos, unos 25 millones de personas.

¿Cómo se contagiaba? La enfermedad la adquirían inicialmente las ratas, y las pulgas quedaban infectadas cuando les picaban para aspirar su sangre. Una vez contaminados con la bacteria, estos insectos la transmitían a los seres humanos. Cuando así ocurría, habitualmente la persona quedaba condenada a una muerte tremendamente dolorosa: se le hinchaban los ganglios linfáticos en el cuello, las axilas y las ingles. Las úlceras y las hemorragias cubrían la piel, que se plagaba de manchas de color oscuro que desprendían un pus fétido. Aquel mundo no conocía ningún remedio y en unos pocos días probablemente todo habría terminado. Eran los apestados.

"El pueblo destruido"

¿Cómo era Navarra inmediatamente antes de la llegada de la peste? Hay que imaginar un territorio que incluía la Baja Navarra (sur de Francia) y la tierra de Laguardia (Álava y La Rioja) y que nunca había tenido tantos habitantes: en el año 1340 vivían aquí entre 250.000 y 300.000 personas.

Aunque la población era considerable, los navarros estaban soportando una situación dramática. En los años previos había llovido en exceso y las cosechas eran escasas. Mal asunto para unas gentes que dependían directamente de ellas. Literalmente, muchos se morían por falta de comida y estaban sumamente debilitados.

"Para alimentarse, pagar las rentas o comprar simiente, los campesinos venden lo que tienen de valor, sus animales", dice Monteano. Muchos fallecen de inanición, como en los valles de Ultzama y Santesteban. Un oficial real escribe sobre un hombre de Eratsun que "murió de hambre con todos los de su casa". En algunos pueblos no queda un solo vecino. No es de extrañar que en este contexto aparezcan numerosas bandas de malhechores y que se incremente el número de crímenes. El reino se está volviendo más violento.

Familias extinguidas

Muchos navarros viven en chozas, junto con sus animales, sin higiene. Y entonces llega la peste. Posiblemente lo hace a través del Camino de Santiago, ruta de peregrinaje de personas llegadas de toda Europa. Un documento acredita que para el 24 de junio de 1348 Pamplona ya estaba infectada. El historiador cree posible "que la peste estuviera ya presente a finales de mayo: uno de los recaudadores hace constar en sus cuentas que no se pudo cobrar el alquiler de las casas porque ni siquiera se habían podido alquilar".

Los inspectores de hacienda. Gracias a sus meticulosos informes, los historiadores han investigado los estragos de la peste en Navarra. En su libro La ira de Dios, Monteano relata cómo uno de ellos acude a un pueblo a cobrar los tributos y hace constar que "todos los labradores de la dicha villa son de ellos muertos y de ellos idos por pobreza". Esta será una de las muchas aldeas navarras que ya nunca se volverá a habitar. El recaudador de Sangüesa menciona en sus papeles una "gran mortandad, muy notoria". "El pueblo está destruido y empobrecido", escribe.

La plaga se extendió velozmente favorecida por la cercanía de los pueblos navarros entre sí. "A diario, los campesinos se desplazaban de un lado a otro, lo que permitió que la bacteria se propagara con rapidez, llegando a todos los rincones del reino". En ese verano de 1348 muchas familias abandonan sus localidades huyendo de la suma de hambre y peste. Miles de personas vagan por los caminos con un clima de altas temperaturas y elevada humedad por las copiosas lluvias de meses anteriores, lo que "favorecía la abundancia de parásitos que transmitían la enfermedad".

Toda Europa moría al mismo tiempo. Una persona contagiada en un lugar cerrado como un convento o una cárcel solía suponer el fallecimiento de todos. José López Jara explica que los campesinos caían muertos en los campos, en los caminos o en sus casas. Un cronista bávaro cuenta que quienes sobrevivían "deambulaban como si estuvieran locos y dejaban que su ganado se perdiese porque ya nadie quería preocuparse por su futuro".

Muerte a los judíos

En Navarra, la situación es catastrófica. "En algunos valles como Anue desaparecieron ocho de cada diez familias. En Olaibar, Ultzama, Odieta, Ezcabarte, Aibar y Améscoa, seis de cada diez". En Cirauqui no se llega siquiera a segar los prados y en Los Arcos los escasos cultivos se quedan sin cosechar por miedo a la enfermedad. En Villafranca no funciona el molino porque no queda nadie vivo para tornar el agua. Se cierran los baños de Tudela. Los tribunales de Olite dejan sin terminar muchos pleitos porque ha muerto una de las partes. O las dos.

Semejante desastre hace que las gentes precisen un culpable. Alguien sobre quien descargar la ira. Por eso en algunos lugares de Europa se lincha a los judíos, a quienes se acusa de propagar la enfermedad envenenando los pozos. No en Navarra. Aquí, como dejaría anotado el recaudador de la Ribera, se cree que se les está castigando por los pecados cometidos: "La mortandad que este año aconteció por la ordenanza de Dios". Por ello, tratan de aplacar la cólera divina con misas, procesiones y peregrinaciones. No sólo no lo consiguen, sino que ayudan a que la peste se propague y por eso llegaron a ser prohibidas por el Papa.

En Navarra, la epidemia se fue debilitando a lo largo de aquel año fatal hasta desaparecer, "empujada por los primeros fríos del invierno. De hecho, algunos documentos reales redactados a finales de noviembre de 1348 parecen hablar de la plaga como algo ya pasado". La vida tras la peste fue difícil. Los campesinos quisieron explicarle a Juana II que les resultaba imposible pagar sus impuestos. No pudieron, sin embargo, comunicárselo porque la reina vivía en Francia y nunca regresaría al reino: la peste acabó también con ella en Normandía.

Durante dos siglos más, nuevas oleadas de peste llegarían a Navarra llevando a la tumba a miles de personas. "Como las réplicas de un terremoto, sacudió estas tierras sin tregua, en 18 ocasiones". Ninguna, no obstante, tan mortífera como la que trajo el fin del mundo aquel año de 1348.

 

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