MIGUEL URABAYEN

La Alemania nazi y Heisenberg

Diario de Navarra

Publicado el 15/04/2011 a las 01:02

A pesar de que partieron con ventajas indudables sobre Gran Bretaña y Estados Unidos, los nazis no consiguieron construir la bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Esas ventajas fueron de dos tipos. Por un lado, Alemania tenía una amplia base de excelentes ingenieros y técnicos, incluidos físicos de categoría mundial como Werner Heisenberg, autor del principio de incertidumbre que lleva su nombre.

Por otro lado, el 19 de diciembre de 1938 el químico Otto Hahn, guiado por Lise Meitner desde su refugio en Suecia, había conseguido romper átomos de uranio, como recordé en mi anterior artículo sobre el proyecto Manhattan. Es decir, Hahn y su ayudante Stressman habían abierto la puerta del muro que rodeaba a la energía atómica. Además, en el yacimiento de Joachimsthal, en la Checoeslovaquian ocupada por Alemania, los nazis tenían el mayor yacimiento de uranio existente en Europa.

Que Hitler no llegara a disponer de la bomba atómica se debió a una serie de causas, técnicas y psicológicas. En el verano y otoño de 1941, cuando hubiera podido comenzar la investigación previa al desarrollo del arma definitiva, la guerra parecía ganada mientras el ejército alemán avanzaba imparable hacia Moscú. La Unión Soviética iba a quedar totalmente derrotada y entonces la atención del Führer se volvería contra la debilitada Gran Bretaña. El viejo Imperio Británico tendría que elegir entre una rendición más o menos disimulada o sufrir la invasión de su pequeño territorio. No eran necesarias nuevas armas.

La idea de una próxima victoria alemana, generalizada en Europa, la compartían los científicos atómicos germanos encabezados por Heisenberg, a quien la Wehrmacht había dispensado de servir en sus filas al quedar encargado de las investigaciones atómicas. Pero él y sus colegas veían la imposibilidad técnica de llevar ese proyecto a buen término antes del fin de la contienda. Consideraban que el proceso de construcción de una bomba atómica podía durar años y en cambio la guerra terminaría en tan solo meses.

Nueva situación

Sin embargo, las cosas cambiaron mucho al final de 1941. En la primera quincena de aquel año Hitler y sus generales vieron con enorme sorpresa cómo los supuestamente vencidos rusos lanzaban una potente ofensiva que salvó a Moscú e hizo retroceder buena parte del frente. Además, a los cuatro días del ataque a Pearl Harbor por los japoneses Hitler cometió el gran error de declarar la guerra a Estados Unidos. Estaba claro que el extendido conflicto bélico iba a durar más de lo previsto. La bomba atómica podía llegar a ser necesaria.

Hesinberg no era nazí pero sí un nacionalista que aceptaba la doctrina hitleriana de expansión hacia el Este. Tampoco era antisemita, y mantuvo su amistad con varios físicos judíos que no habían podido escapar cuando sus países fueron invadidos, como ocurrió en Dinamarca y Holanda. La relación con Niels Bohr -no judío- sí sufrió en un viaje hecho por Heisenbergh a Copenhague para visitar a su antiguo mentor. (Las conversaciones que tuvieron fueron dramatizadas hace unos años por el escritor británico Michael Frayn en su obra teatral Copenhague). El sabio danés tuvo la impresión de que los alemanes habían iniciado la construcción de la bomba.

Uno de los primeros problemas que debía resolver Heisenberg era el de lentificar el flujo de neutrones que bombardearían el uranio. La solución adoptada fue emplear el agua pesada (tenía un isótopo del hidrógeno y actuaba como un freno atómico) producida en la fábrica de Vemork, en la ocupada Noruega, única en el mundo dedicada a esa especialidad. Heisenberg hizo enviar, cada cierto tiempo, toda la producción a Alemania.

Alertado por la red noruega de resistencia, el servicio secreto inglés organizó un ataque contra la fábrica, situada entre empinadas montañas. Enviaron comandos en dos planeadores remolcados pero la atrevida incursión fracasó al estrellarse uno de los aparatos y ser detenidos los ocupantes del otro. Más adelante, 8 resistentes noruegos dirigidos por Knut Haukelid, en una acción de heroico valor, consiguieron detener la producción de la fábrica durante varios meses.

El ataque

Los intentos de eliminar la producción de agua pesada demostraban la enorme preocupación de los altos mandos aliados ante la ventaja que creían les llevaban los alemanes. Como ignoraban dónde estaban sus laboratorios, insistieron en el agua pesada y atacaron de nuevo. No la fábrica, ahora vigiladísima, sino el transporte de su producción que tenía un punto débil.

A comienzos de 1944 la fábrica había sido reparada y estaba funcionando de nuevo. Toda la producción realizada -39 grandes barriles- sería cargada en un tren para su embarque y envío a Alemania. Ahora bien, el tren debía cruzar el lago noruego de Tinnsjö en ferry y se decidió hundirlo, a pesar de las víctimas inocentes que se producirían. Los aliados, incluida la resistencia noruega, aceptó esa perdida como precio de retrasar la construcción de la bomba nazi (existe una película noruega de 1948 sobre la operación y Anthony Mann realizó en 1965 Los héroes de Telemark, con Kirk Douglas,)

La víspera de la travesía del lago (19 de febrero de 1944), Haukelid y Rolf Sörlie, uno de sus compañeros, consiguieron colocar una bomba de tiempo en la bodega del ferry. Al día siguiente, a los 45 minutos de navegación, estalló y el barco se hundió con rapidez causando la muerte a 26 de las 53 personas que iban a bordo. El agua pesada no llegó a los laboratorios de Heisenberg y prácticamente ahí terminó el proyecto de bomba atómica alemana.

Pero los aliados no lo supieron y sus temores eran tan grandes que en el desembarco de Normandía de junio de aquel 1944 varios oficiales llevaban contadores Geiger para avisar de cualquier signo de radioactividad por parte de los alemanes. Y más aun. Desde agosto, siguiendo a las tropas que avanzaban por Francia, hubo una brigada llamada Alsos con la misión de averiguar sí Hitler disponía ya de una bomba atómica o estaba a punto de obtenerla.

Alsos y Farm Hall

El físico holandés Samuel Goudsmit, adjunto al coronel Pash jefe de Alsos, estaba encargado de localizar los laboratorios y de los interrogatorios a los técnicos atómicos alemanes. Después de la guerra explicó la detallada y larga investigación que había realizado en un libro interesantísimo titulado con el nombre de su brigada. La conclusión a la que llegó poco antes de terminar la guerra fue que la bomba alemana estaba muy lejos de realizarse. Y que los físicos germanos, incluido su antiguo colega Heisenberg capturado el 3 de mayo, habían seguido un camino equivocado.

Como es natural, ellos eran muy reacios a admitirlo pero sus pensamientos quedaron al descubierto en una trampa concebida por el servicio secreto británico que se hizo cargo de los 10 principales físicos alemanes, entre ellos Heisenberg y Hahn, al final de la guerra. Durante todo el verano de 1945 quedaron internados en una gran casa de campo inglesa, llamada Farm Hall. Los detenidos, muy bien tratados, no tenían nada que hacer así que escuchaban la BBC y mantenían entre ellos largas conversaciones sobre sus experiencias recientes. Por supuesto, la mansión estaba llena de micrófonos ocultos.

De esta forma se pudo apreciar la total sorpresa que causó en el grupo alemán la noticia del bombardeo de Hiroshima. Les parecía increíble que los científicos aliados hubieran podido resolver en tan poco tiempo los enormes problemas que ellos mismos habían enfrentado sin poder solucionarlos.

En el otro bando no se hizo esperar la reacción de los físicos del proyecto Manhattan ante la ya certeza de que ellos habían ido siempre por delante de los alemanes. Con Einstein y Szilárd al frente pidieron que no se utilizara la bomba porque el inmenso esfuerzo intelectual e industrial del proyecto había sido motivado por el peligro de que Hitler fuera el primero en obtenerla. Como sabemos, su petición no fue atendida y la energía atómica apareció por primera vez en los asuntos humanos.

Una observación final. Si los aliados hubieran sido derrotados en el desembarco de Normandía - o si la última ofensiva de Hitler en las Ardenas hubiera tenido éxito- Berlin habría sido el probable blanco de la bomba que estalló en Hiroshima. Los oficiales y soldados de la Wermacht lucharon contra los aliados anglosajones en el año final de la guerra sin saber que cuanto mejor combatían, más acercaban la posibilidad de sufrir en su patria las destrucciones atómicas que por un complicado azar de la Historia cayeron sobre Japón.

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