MIGUEL URABAYEN
Hitler, turista en París
Publicado el 28/06/2011 a las 01:00
O CURRIÓ hace ahora setenta y un años, a finales de junio de 1940. Aunque sin trascendencia política alguna, vale la pena recordar la breve visita del Führer alemán a la capital francesa, recién ocupada por su ejército, porque revela aspectos interesantes de su compleja personalidad. Antes, los hechos.
La gran ofensiva lanzada por Hitler el 10 de mayo fue un extraordinario éxito que sorprendió a todo el mundo, incluidos los propios combatientes. El ejército francés que un cuarto de siglo antes había resistido los embates germanos durante cuatro años, se desmoronó en cuatro semanas. El nuevo gobierno francés, con el Mariscal Petain al frente, pidió un armisticio que firmado el 22 de junio entró en vigor a la 1,35 de la madrugada del 25.
Unos días más tarde -volveré sobre el tema de la fecha- Hitler aterrizó en el aeropuerto de Le Bourget, al norte de la ciudad. Quería ver París en una visita personal, sin protocolo, ya que desde siempre se había sentido atraído por sus monumentos e históricos edificios. Recuérdese que en su juventud quería ser arquitecto.
En la Ópera
En el aeropuerto esperaban tres grandes Mercedes descubiertos, del magnífico modelo 770K en los que se instalaron el Führer y algunos de sus acompañantes. Les seguían siete coches más. Eran las 5,30 de la mañana y empezaba a amanecer. Aunque no se preveían incidentes (París había sido declarada "ciudad abierta" y los alemanes habían entrado en ella dos semanas antes) el horario de la visita estaba calculado para que no hubiera gente por las calles. Además, en aquellos días estaban muy poco frecuentadas porque más de un millón de parisinos había huido ante el irresistible avance alemán.
Adolf Hitler se instaló en el primer coche y, como siempre, al lado de su chofer Erich Kempka. Detrás de ellos iban los arquitectos Albert Speer (más tarde ministro de armamentos) y Herman Giesler que con el escultor Arno Breker formaban el trío de no militares invitado expresamente por Hitler para acompañarle en la visita. Además, en otros coches iban Heinrich Hoffmann, fotógrafo oficial de Hitler y un operador cinematográfico que filmó abundantes escenas de la visita.
Los diez coches entraron en París por la zona de La Villete y se dirigieron al centro. Lo primero que Hitler deseaba ver era la Opera, construida entre 1860 y 1875 por el gran arquitecto Charles Garnier. Debido a la anunciada visita estaba iluminada interiormente como en una noche de gala. El grupo de Hitler fue atendido por un portero de pelo blanco y actitud reservada (rechazó la propina) que les mostró las partes y puntos esenciales del famoso edificio. Las observaciones y preguntas de Hitler probaron lo mucho que había estudiado la obra de Garnier en planos y libros descriptivos. Según diría Speer más tarde en sus Memorias, los ojos del Führer brillaban de admiración por la belleza de lo que veía.
Las ideas de Hitler
Al salir de la Ópera, el cortejo pasó por delante del templo de la Madeleine, recorriendo los Campos Elíseos hasta el Arco de Triunfo bajo el que está la tumba del soldado desconocido. Desde ese monumento fueron a la plaza del Trocadero donde Hoffman tomó la más simbólica fotografía del entonces conquistador de Paris. Hitler aparece de frente con la torre Eiffel al fondo, Speer a su derecha, el escultor Brecker a su izquierda y el operador de cine asomando por el ángulo inferior derecho. Otra foto famosa de la visita es la tomada en los Inválidos, una panorámica en la que Hitler contempla pensativo la tumba de Napoleón.
El cortejo visitó diversos lugares más, terminando en lo alto de Montmartre, con su magnifico panorama sobre la ciudad y la basílica del Sacré Coeur que tantas veces aparece en cuadros de pintores y fotos de turistas. De ahí, el convoy partió hacia el aeropuerto de Le Bourget. Eran algo más de las 8.15 de la mañana. La visita había durado tres horas escasas.
Speer guardó entre sus recuerdos la observación final de Hitler sobre su visita: "Poder ver París ha sido el sueño de toda mi vida. No puedo decir cuan feliz soy al ver cumplido este deseo". Aquella misma noche, ya en su centro de mando, el Führer le dijo que preparase un decreto para la reanudación de las obras de reforma de Berlín, suspendidas por la guerra.
Y añadió: "¿No es París hermoso? Pues Berlín tiene que ser mucho más hermoso. He reflexionado con frecuencia sobre si París no debería ser destruido pero París será únicamente una sombra cuando hayamos terminado Berlín. Así pues, ¿para qué destruirlo?" En sus Memorias, donde aparece esta frase, Speer se asombra de que su jefe pudiera haber pensado en la destrucción de la ciudad que tanto admiraba.
Pero así era Hitler y debemos recordar que en agosto de 1944 ordenó al general Dietrich von Choltiz, combatir en París y, si era necesario, dejarlo convertido en "un campo de ruinas" antes de retirarse con sus tropas de la ciudad, a punto de ser liberada. Pero von Choltiz no le obedeció y tras unos días de tiroteos en las calles, se rindió a las tropas del general Leclerc y a los insurgentes parisinos. Esa rendición salvó a la ciudad.
La fecha
Al comienzo de este artículo no he dado la fecha exacta de la visita del Führer. La causa está en que he encontrado diferencias entre quienes la han comentado. Así, Winston G. Ramsay, editor de la concienzuda serie histórica After the Battle (Después de la batalla) dice en el número 14 que ocurrió el 23 de junio de 1940, mientras que Albert Speer en sus recuerdos afirma textualmente "tres días después de la entrada en vigor del armisticio .", es decir, el 28.
Ese día 28 es el que indican Alan Bullock e Ian Kershaw, a mi juicio los dos mejores biógrafos de Hitler, y también Richard Evans en el tercer tomo de su Historia del Tercer Reich. Aparte de la afirmación de Ramsay, el 23 aparece como la fecha indicada por algunos blogs de Internet, mientras que otros siguen a Speer. Y para complicarlo más, en una dirección de la red se dice que Hitler realizó dos viajes, el 23 y el 28.
Para mí, la cosa está clara. Hitler hizo solo una visita a Paris -primera y última- y tuvo que ser el 28, por el testimonio de Speer y la sencilla razón de que el 23 todavía continuaba la guerra. Era demasiado arriesgado recorrer la ciudad antes de que el armisticio entrara en vigor en la madrugada del día 25.
Por último, en la foto que ilustra este artículo, la que hizo Hoffmann en la plaza del Trocadero, junto al palacio Chaillot, hay un elemento que en los pasados días ha sido tema de actualidad. Como se recordará, el New York Timespublicó algunas fotos de personajes y soldados alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. No se sabía quien las había hecho pero al estar tomadas muy de cerca se podía suponer que el desconocido fotógrafo tenía permiso oficial para hacerlas. El diario neoyorquino pedía ayuda a sus lectores para identificar al autor de las 214 fotos del álbum recién salido a la luz pública.
La solución ha venido desde Alemania. Una historiadora de Hamburgo ha identificado al autor como Franz Kreiger, fotógrafo oficial del ejército y, precisamente, el operador cinematográfico que acompañó a Hitler en su visita turística a París.