LAS FUENTES MONUMENTALES DE PAMPLONA

Fuente de la plaza del Consejo

JUAN JOSÉ MARTINENA RUIZ . PAMPLONA

Publicado el 07/08/2011 a las 01:03

CONTINUANDO el recorrido por las fuentes monumentales que a finales del siglo XVIII se construyeron en distintos lugares de nuestra ciudad, nos ocuparemos hoy de la que se halla situada en la plazuela del Consejo, así llamada porque desde mediados del siglo XVI hasta el año 1910 estuvo situada en ella la casa de la antigua Audiencia, que antes de la creación de ésta en 1836, sirvió de sede al Real Consejo de Navarra.

Hubo otra anterior

Hay que decir que mucho antes de la traída de aguas de Subiza y de las fuentes ideadas por Paret, de las que venimos hablando, existía ya una fuente en esta misma plaza, que aunque pequeña de tamaño era muy frecuentada por el hecho de estar ubicada en ella la sede de los dos tribunales principales del reino: el Real Consejo y la Corte Mayor.

Como recoge el Dr. Arazuri en su libro Pamplona antaño, fue en 1563 cuando se instaló aquella primera fuente, cuya localización aparece indicada sin lugar a dudas en numerosas libranzas conservadas en el Archivo Municipal, que la sitúan "frente a la Chancillería", "delante de la casa de las Audiencias Reales" o "frente a las calles de las Tiendas y Salinerías".

El agua procedía del manantial de Iturrama -la fuente madre en lengua vasca- y para introducirla en la ciudad hubo que construir un pequeño acueducto en el foso del portal de la Zapatería, uno de los de la antigua muralla medieval, que estaba por donde hoy se entra en la calle San Antón desde Navas de Tolosa. El 6 de septiembre del citado año 1563 se le pagaron 1.003 libras al maestro cantero Martín de Elcarte, "por la puente de piedra que ha hecho en el foso donde la puerta de la Zapatería, para pasar por ella la fuente que la ciudad mete dentro de ella."

Pensada para la Taconera

Resulta curioso señalar que la actual fuente neoclásica, que desde hace más de dos siglos adorna y ennoblece el agradable espacio urbano de la plaza del Consejo, se pensó inicialmente para los jardines de la Taconera, junto a la iglesia de San Lorenzo.

De las nueve láminas que entregó el pintor Luis Paret al Ayuntamiento en 1788, con los diseños para las cinco fuentes que se le habían encargado, corresponden a la que hoy nos ocupa las láminas 4ª y 5ª. La primera de ellas va rotulada con el siguiente título: Traza para la fuente que se ha de situar en la Taconera. Y fuera de la orla que enmarca el dibujo lleva un segundo pie, algo más extenso y que precisa un poco más la ubicación: Lámina 4ª Que demuestra el dibujo en alzado geométrico de la fuente que se ha de erigir en la Taconera, cerca de San Lorenzo.

Sin embargo, por diversas razones, los regidores decidieron construirla en la Plaza del Consejo, como así se hizo. Por este motivo, tras la construcción de la fuente en un lugar completamente distinto al que estaba previsto, el probo y diligente secretario del Ayuntamiento, don Joaquín López, añadió para dejar constancia de ello, al pie del dibujo y rubricada por él, esta escueta anotación: Ejecutada en la plaza del Consejo.

La otra lámina, a la que Paret dio el número 5, lleva la siguiente rotulación: Lámina 5ª Que demuestra la planta de la fuente que se ha de erigir en la Taconera, cerca de San Lorenzo, con algunos adornos en escala mayor. Efectivamente, el dibujo de la planta va delineado en escala de pies castellanos y el detalle o pormenor de los adornos, para facilitar la labor de los tallistas, en pulgadas castellanas.

Parece que la fuente se construyó durante el año 1798, y que en la obra tuvo una intervención destacada el maestro cantero José Antonio de Malluguiza. Sin embargo, los trabajos de ornamentación se prolongaron hasta el año siguiente, al igual que la labor de talla de la figura de Neptuno niño, realizada en piedra blanca de las canteras de Olza, que corrió a cargo de Julián San Martín, teniente de director del ramo de Escultura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Descripción de la fuente

El Catálogo Monumental de Navarra, obra fundamental dirigida por la profesora de la Universidad de Navarra Concepción García Gainza, recientemente homenajeada, describe la fuente en estos términos: "Presenta planta cuadrada, que en alzado desarrolla un basamento en el que se incluyen los recipientes curvos más el cuerpo cilíndrico y el remate culminado por un pequeño Neptuno. La decoración de gusto neoclásico recurre al tema de guirnaldas".

Por su parte el que ha sido hasta hace poco archivero municipal y durante muchos años profesor de Historia del Arte, José Luis Molins Mugueta, en la obra colectiva Navarra, Historia y Arte, Tierras y Gentes añade otra certera apreciación: "El dibujo, que ofrece elementos decorativos de corte neoclásico para los frentes del cuerpo cilíndrico, presenta también características al gusto rococó, como por ejemplo la misma elección de la edad infantil para la representación del dios de las aguas o la graciosa postura expresada en el ademán del niño".

Y María Larumbe, en su documentada tesis doctoral sobre el Academicismo y la arquitectura del siglo XIX en Navarra, editada en 1990, coincidiendo en cierto modo con la opinión de Molins, afirma que "en todas estas fuentes destaca la combinación de elementos neoclásicos con rasgos todavía barrocos, y es claramente observable la vinculación con la escultura de corte por los temas que trata".

¿Quién se llevó el tridente?

Como ya anotó Molins oportunamente, las pilas o tazones con que hoy cuenta la fuente no son las originales, ya que por hallarse éstas notablemente deterioradas por el uso y el paso del tiempo, fueron sustituidas por las actuales en 1894. Y en época más reciente, en septiembre de 1982, la fuente fue desmontada en su totalidad para proceder a la reparación de sus desagües y luego vuelta a montar piedra a piedra para dejarla tal como estaba antes de la intervención.

Por cierto que, según cuenta José García Esteban en su libro titulado 200 años después, en el curso de dichas obras, cuando la figura de Neptuno fue apeada de su pedestal y colocada en el suelo con el resto de los elementos ornamentales, le faltó tiempo a algún desaprensivo para llevarse el tridente de metal que el dios mitológico tenía en la mano. "Fue el mismo día que lo bajamos -le dijo a García uno de los operarios- para cuando nos quisimos dar cuenta ya se lo habían llevado". Y uno no puede dejar de preguntarse: aparte de por el simple gusto de hacer mal ¿para qué quiere alguien llevarse a casa un tridente de hierro? Como no podía ser de otra manera, la pieza se repuso, pero naturalmente ya no es la original.

Según se puede ver en las trazas originales de Luis Paret, la lámina 7ª de la serie "que demuestra la vista en elevación de la fuente que se ha de erigir en la Plazuela del Consejo" representa un diseño que en nada se parece a la que hoy vemos. Una nota del secretario Joaquín López al pie del dibujo dice sencillamente: "No se ejecutó esta". Ya hemos visto que la que se erigió en esta plazuela es la que en 1788 fue ideada para la Taconera, pero ello no quiere decir que la otra no se hubiera hecho, como anotó equivocadamente López. Se hizo, aunque no con todos sus elementos: lo que ocurre es que al ser desechada por el Ayuntamiento, pasó por compra a propiedad particular y hoy se puede ver en el patio o jardín interior de la casa palaciana de los condes de Guenduláin, cuya fachada ocupa uno de los frentes de esta misma plaza; mansión noble que ha sido rehabilitada y convertida en hotel de esos que dicen con encanto en estos últimos años.

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