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Obituario

Amparo Baró, dama de la escena que disfrutó de 7 vidas

  • Muere a los 77 años la actriz esencial del teatro español y 'la Sole' para el público televisivo

La actriz Amparo Baró

La actriz Amparo Baró

EFE
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30/01/2015 a las 06:00
  • Colpisa. Bilbao
Amparo Baró estaba condenada a ir por la calle escuchando cariñosos gritos de "¡Sole!". Algunos atrevidos hasta le pedían que les diera una colleja. Era la prueba de cuánto había calado en la memoria popular su personaje en '7 vidas', una mujer cascarrabias pero en el fondo entrañable, airada, íntegra y contestona, siempre con una réplica sarcástica en la recámara. 'La Sole' fue el único personaje que aguantó las siete temporadas de la serie de Tele 5. Del reparto original, con Javier Cámara, Paz Vega, Toni Cantó y Blanca Portillo, solo sobrevivió Amparo Baró, que reconocía no compartir mucho con la temperamental Sole: "Solo nos parecemos en que a las dos nos gusta estar con jóvenes, discutir y soltar unos tacos tremendos".

Si sería querida la Baró, que hasta Mariano Rajoy, mudo siempre con las artes, expresó su pésame por "una actriz de gran carácter y personalidad". Un cáncer fulminante acabó a los 77 años en Madrid con la vida de una intérprete que forjó su prestigio en los escenarios y disfrutó de las mieles del éxito gracias a la pequeña pantalla a una edad en que sus compañeros se jubilan. "Dejé el teatro por la televisión porque me pareció muy divertido que el único personaje mayor fuera el mío. Y no me equivoqué", contó en 2006. Las tablas ante la cámara las tenía desde los años sesenta, cuando grababa una serie en directo todas las semanas en los viejos estudios de Televisión Española en el Paseo de La Habana y después salía corriendo hacia el teatro Lara. "Éramos como chabolistas comparado con la televisión actual".

En los tiempos míticos de 'Estudio 1', el regidor contaba hacia atrás para indicar a los actores cuándo acababan los anuncios. Tres, dos, uno: dentro. Monstruos como José Bódalo, José María Rodero, Mari Carrillo, las Gutiérrez Caba y la propia Baró clavaban sus textos. "Cuando yo era joven no existía la televisión y entrábamos de meritorios en el teatro. Así se aprendía el oficio", recordaba la ganadora de dos premios Ercilla, que siempre que venía a Bilbao pedía ir a comer alubias a La Arboleda.

Baró, fumadora empedernida durante décadas, ha muerto casi al pie del cañón. A comienzos del año pasado empezó a rodar la película de Marina Seresesky 'La puerta abierta', pero su enfermedad le impidió seguir y fue sustituida por Terele Pávez. La profesión al completo lloraba el jueves su pérdida en las redes sociales, aunque no pudo brindarle su último respeto en un teatro. La familia decidió que el velatorio se celebrara en el Tanatorio Norte de Madrid, en vez de abrir la capilla ardiente al público en el María Guerrero por lo engorroso de los trámites. La incineración tendrá lugar encierro en el cementerio de La Almudena.

MENUDA Y CALLADA

"Era jovencísima y muy inteligente", escribió en sus cáusticas memorias su descubridor, Adolfo Marsillach. Ella es una de las pocas actrices a las que trata con cariño y admiración. Nacida en Barcelona en 1937, Amparo Baró pudo haber sido médica, "pero la frustración que se siente al no poder salvar a una persona me echó para atrás", confesaba. De pequeña soñaba con ser misionera porque tenía una prima hermana en las misiones del Congo Belga. Al final, se decidió por Filosofía y Letras y no la terminó. Cuando vio a la actriz Asunción Sancho en los escenarios supo que ella quería dedicarse a lo mismo. Comenzó con grupos amateur, hasta que Marsillach y Jaime de Armiñán se fijaron en aquella chica menuda y callada.

Debutó en 1957 con 'El burlador de Sevilla y convidado de piedra'. Un revés fortuito propició que escalara posiciones en el escalafón. La primera actriz de la compañía que representaba 'El invisible Harvey', Amparo Soler Leal, acabó en el hospital por una apendicitis. Baró se sabía su papel de memoria y la sustituyó. De Barcelona se trasladó a Madrid, ciudad que ya nunca abandonaría. Con veinte años realizó su primera gira por Sudamérica. "Mi currículum en el teatro es bastante mayor y más importante que en el cine", presumía. "Me han dirigido José Luis Alonso, Ángel García Moreno... He hecho obras maravillosas como la 'Antígona', de Jean Anouilh; 'Casa de muñecas', de Ibsen...". Con el tiempo acabaría fundando su propia compañía. "De mi experiencia como empresaria no me puedo quejar, salí sin perder dinero".

El cine también reclamó a la única actriz que se ha atrevido a decirle no a Pedro Almodóvar. El guión de 'Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón' le pareció chabacano y escatológico, pero cuando vio la película se arrepintió. Almodóvar no la volvió a llamar. En 2007, Gracia Querejeta le brindó su único Goya como actriz de reparto por 'Siete mesas de billar francés'. Alérgica a los premios, no fue a recogerlo. Era el reconocimiento a una filmografía que arrancó a finales de los cincuenta, pero que casi siempre la reservó a papeles secundarios. 'Rapsodia de sangre', 'Chicas en la ciudad', 'Margarita se llama mi amor', 'El nido', 'Stico', 'El bosque animado', 'Las cosas del querer' y 'Boca a boca' son algunas de las películas que contaron con su genio.

REGRESO AL TEATRO ARRIAGA

Baró reservó la última etapa de su carrera para la televisión y hasta se atrevió con los monólogos cómicos en 'El club de la comedia'. Después de doce años ausente del teatro, su regreso por la puerta grande fue en 2011 con 'Agosto', de Tracy Letts, dirigida por Gerardo Vera, donde desbordaba rabia y amargura en la piel de una mujer autoritaria y enloquecida. Nada que ver con la auténtica Amparo Baró, que se llamaba a sí misma "feíta y bajita" y reservaba la coquetería para el escenario. Estaba satisfecha de haberse reído mucho en la vida y odiaba a la gente que habla mucho, por eso ella no daba muchas explicaciones de sus creencias y simpatías, aunque en una ocasión reconoció arrepentirse de haber votado al Partido Popular. Era taurina y católica de entrar a las iglesias cuando no se celebraba misa.

Gerardo Vera, el director que había conseguido su vuelta al teatro, desveló el jueves que preparaban juntos 'María Kowalska', la historia de una superviviente del gueto de Varsovia, que iban a estrenar en el Arriaga bilbaíno en septiembre. La obra, producida por Pedro Larrañaga, fue el "regalo de Navidad" que le llevó al hospital. "Se emocionó muchísimo y me dijo que no podía haberle dado mejor regalo. Era un proyecto de futuro y ella necesitaba eso". Baró también había sufrido la reciente enfermedad de la que fue su pareja durante cuarenta años.

"Solo tengo nostalgia y melancolía de mi madre. Pero de nada más. El paso del tiempo lo llevo bien porque afortunadamente no tengo achaques, no me canso. Lo único que pido es que cuando me tenga que tocar no dé la lata a nadie", confiaba discreta y realista.
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