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Alan Ball ('A dos metros bajo tierra'): "Ahora hay cientos de series, pero son ‘remakes’ o se parecen a otras"
El creador de ‘A dos metros bajo tierra’ asegura que la actual industria de la televisión es "frustrante"


Actualizado el 10/11/2025 a las 08:37
'A dos metros bajo tierra' es una especie de religión, a la que siguen llegando fieles dos décadas después de que acabase en agosto de 2005. 20 años después, sus fieles siguen venerando a Alan Ball, su creador. Lo pudo comprobar en su paso por la 12 edición del festival Serielizados de Barcelona, donde acudió a hablar de su obra y se encontró con un público encantado de presentarle sus respetos.
Algunos le reconocieron que les ayudó a salir del armario, otros le confesaron que gracias a él se reconciliaron con su núcleo familiar, unos le reprocharon el mal trago que les hizo pasar con la muerte del protagonista. Estaban frente a quien a principio de siglo creó a una de las familias televisivas más representativas
¿Sería posible hoy en día hacer 'A dos metros bajo tierra'? Era la pregunta que merodeaba entre un montón de seriéfilos cuyos gustos y hábitos de consumo han cambiado mucho en este tiempo. Ball tenía una respuesta: “Sería mucho más difícil. El proceso de desarrollo es muy diferente. Yo escribí directamente la serie que quería hacer y la entregué para que me la aprobasen. Hoy en día primero debes presentar una idea, después una sinopsis y más tarde una biblia antes de que la acepten. En ese proceso participan seis o siete personas que van dando indicaciones y cambiando el proyecto. Todo es más complejo”. El creador confesó que hasta para él (con varios éxitos a sus espaldas, como 'American Beauty' o 'True Blood') es complicado lograr que le den luz verde a una obra. De hecho en la actualidad está escribiendo una novela a partir de una serie que le rechazaron.
“No me gusta cómo está la industria en Estados Unidos, con todas las empresas comprándose entre ellas. Hay mucho miedo en aceptar proyectos y que fracasen. Ahora hay cientos de series, pero son remakes, reboots o se parecen mucho a otras. Hasta las plataformas piden que se repliquen otros éxitos. Es frustrante”, lamentó.
El creador -y de paso todo el auditorio que le escuchaba- habló con añoranza del principio de los dosmiles, cuando la televisión dio un salto relevante. “Yo quería hacer una serie en HBO, sentía que ese era mi sitio. Los Soprano fue determinante para que nos diésemos cuenta de que se podía ir más allá con las series. Carolyn Strauss, jefa de programación original de HBO en los años 90, quería hacer algo sobre una funeraria. En aquel tiempo yo trabajaba en una producción de la cadena ABC. Por suerte la cancelaron y aproveché para escribir la serie sobre funerarias que a mí me nacía. Le hice caso a mi voz más interna. Al entregarla en la cadena me pidieron que fuera algo más oscura. Yo estaba acostumbrado a trabajar en otros términos, con otras claves, y esa libertad me sorprendió”, indicó Ball, que añadió que ese sistema de trabajo nada invasivo se mantuvo durante los cinco años en que estuvieron en antena. “Nunca había dirigido una serie de televisión. Me lo fui inventando todo sobre la marcha”.
Ha pasado el tiempo y Ball sigue riéndose de todo lo que rodea a los rituales cuando alguien fallece. “Esos espacios en los que velamos a nuestros muertos tienen algo de surrealista, con una persona ahí en medio en un ataúd y otros a su alrededor llorándole”. La muerte había rondado de cerca al guionista, por lo que el tema en ningún momento le resultaba incómodo.
CONECTAR CON HUMOR
“Cuando era joven se murió mucha gente de mi entorno, pasé mucho tiempo en funerarias, eran espacios que conocía bien. Enseguida tuve claro el tono que me interesaba y que el humor debía estar muy presente. Supongo que yo he usado el humor para lidiar y enfrentarme a las pérdidas, me cuesta escribir sin que esté presente”.
Ninguno de los que estaban en la sala reverenciando a Ball necesitaba esa justificación, porque precisamente ese modo en que la serie pasa del drama a la comedia es una de las claves para que haya conectado con tanta gente de un modo tan intenso. Tampoco había que explicar a esa audiencia que A dos metros bajo tierra es mucho más que una serie sobre la muerte. El creador apuntó que para él lo más importante era ver cómo los personajes iban a aprendiendo y cómo cada uno de ellos se reconciliaba con la afectividad y lograban expresarla. “Esta es la historia de una familia reprimida”, reconoció. No podía continuar la charla sin hablar del gran asunto sobre el que versa este título de HBO, la familia. “Yo quería contar qué era una familia y cómo distinguimos entre la real y la que escogemos. Yo vengo de una que no es muy expresiva, así que me tocó hacer el mismo camino de los Fisher”.