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'Los anillos de poder', poderío visual sin precedentes en TV

El inicio de la esperada serie de Amazon muestra un alto nivel de producción y carga las tintas en los personajes y en sus emociones

Ampliar Fotograma de 'El señor de los anillos: Los anillos de poder' en el que aparecen (i-d) Benjamin Walker como el Gran rey Gil-galad; Morfydd Clark como Galadriel, y Robert Aramayo como Elrond
Fotograma de 'El señor de los anillos: Los anillos de poder' en el que aparecen (i-d) Benjamin Walker como el Gran rey Gil-galad; Morfydd Clark como Galadriel, y Robert Aramayo como ElrondAmazon Studios
Publicado el 03/09/2022 a las 08:58
"Nada es malvado al principio" es la frase contundente con la cual se inicia el primer capítulo de 'El señor de los anillos: Los anillos de poder', el mayor evento audiovisual, que no cinematográfico, de nuestros días. Las elocuentes palabras, que resumen lo que está por venir, son pronunciadas por una voz en off que pertenece a Galadriel, uno de los personajes centrales de una aventura épica que empieza con buen pie, cocinándose en un delicioso fuego lento que apela a las emociones y augura una historia donde el peso de las batallas es indudable, pero también importan, y mucho, los protagonistas y sus sentimientos. Esta entrega inicial asienta las bases de un relato coral que vuelve a trasladarnos como público entregado a la Tierra Media. La calma precede a la tempestad en un viaje que maneja bien los mecanismos de la nostalgia y respeta con mimo el legado de Tolkien. El enfrentamiento entre la luz y la oscuridad es obvio, con lo cual el interés real viene por otros derroteros, los sensitivos, mostrando un poderío visual sin precedentes para una producción que se estrena directamente en televisión.       
La secuencia que abre 'Los anillos de poder' presenta a Galadriel en su niñez, donde pierde el candor mientras juega con un grupo de niños. La pequeña elfa inmortal construye un bello barco de papel que es hundido a pedradas por sus compañeros en su travesía por el río. Es un golpe de atención, un ataque a la inocencia. ¿Por qué el barco no se hunde y la piedra sí? Contestar a esta pregunta se convierte en la obsesión de la protagonista, cuya meta durante lustros es vengar la muerte de su hermano a manos de Sauron. Un ente oscuro que ya nos suena de algo a quienes disfrutamos con la prosa de Tolkien o devoramos en su día las películas de Peter Jackson. 
La serie impulsada por Amazon Studios, que ha tirado la casa por la ventana (700 millones de dólares de presupuesto) permite al espectador completista olvidarse del fiasco de Bilbo y compañía. Volvemos a la Tierra Media y lo hacemos siglos antes de que Frodo consiguiera destruir el famoso anillo. Ahora toca saber cómo se forjó el famoso objeto dorado y porqué. La guerra contra Morgoth terminó y la paz reina, aparentemente, allí donde los ojos pueden ver. Galadriel es la punta de lanza de 'Los anillos de poder', cuyo primer episodio dedica su tiempo a describir los diferentes reinos y sus habitantes.
Los paisajes majestuosos se suceden, el nivel de producción es alto, repitiendo la riqueza de Nueva Zelanda como escenario, donde Jackson y su equipo sentaron cátedra. A los mandos de este doble episodio de estreno está el cineasta catalán J. A. Bayona, cuyo manejo de las emociones casa perfectamente con las necesidades del inicio de la saga. Marca el tono de la aventura, rindiéndose a la magia del cine en la presentación de los pelosos, la tribu que toma el relevo de los hobbits en la batalla entre el bien y el mal.
El segundo capítulo de 'Los Anillos de Poder' muestra por fin la cabecera, con música emblemática del gran Howard Shore. El diseño recuerda a 'Juego de Tronos'. Congratula ver en los créditos a J. A. Bayona y Belén Atienza en la producción ejecutiva. Desde la época de los cortometrajes del director de 'Lo imposible', van juntos de la mano. Cabe subrayar la buena elección de un luminoso casting que marca a conciencia el carácter de los personajes. La narración avanza con calma, sin prisa pero sin pausa, acelerándose a medida que las sombras acechan. La oscuridad va apoderándose del relato. Entramos, por momentos, en una película de terror (ojo a la aparición del primer orco). Estamos ya dentro, observando con intriga cómo la Tierra Media se pudre desde sus cimientos.
"Donde hay amor no existe la oscuridad", comenta uno de los personajes principales de la acción, cuyo nombre es mejor no mencionar para no acabar con toda sorpresa (frenamos los spoilers). La frase contiene la esencia de la serie, su motor narrativo. 
Las piezas están moviéndose en el tablero. La partida no ha hecho más que empezar y la curiosidad se apodera al máximo de quien se acerca sin prejuicios a una de las series del año y quizás de la década.
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