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Radiografía de las palabrotas en España

Blasfemar aumenta la sudoración, el ritmo cardíaco o la dilatación de la pupila

Radiografía de los insultos
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Radiografía de los insultos
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Julia Fernández

Actualizado el 26/10/2024 a las 10:15

¿Alguna vez se ha puesto a contar cuanto tacos dice al día? Según un estudio de Preply, una plataforma online para aprender idiomas, en España soltamos de media unos nueve cada jornada. Por lo bajini y por lo altini. Algunos se nos escapan casi sin querer, pero otros... otros casi los deletreamos con ganas. Los tinerfeños son los que más groserías incluyen en sus conversaciones, con 16, una cifra que no dulcifica ni el acento. Lideran el ranking junto a los granadinos con 13 y los coruñeses, con 12. En el lado contrario están los residentes en Las Palmas, a los que apenas se les escapan 5, seguidos por los alicantinos y los valencianos, con 7.

Pero como pasa con el tamaño, aquí el número no importa, lo que importa es la intención. Y es que las palabrotas se han convertido en una manera de comunicación de la que ya no podemos prescindir y que, además, provoca mucha curiosidad entre los científicos. De hecho hay cientos de estudios sobre los improperios que nos ayudan a entender por qué un joder a tiempo evita males mayores.

Según los expertos, los insultos y los tacos no solo nos tocan la fibra, también partes del cerebro muy profundas. Es decir, podemos estar escuchando el discurso más aburrido del mundo, casi dormitando, que como el conferenciante diga una palabrota inmediatamente se nos va a encender la bombilla. “Esto es debido a que son percibidas por nuestro cerebro como una amenaza”, explica Jon Andoni Duñabeitia, catedrático de la Universidad Nebrija e investigador en Ciencia Cognitiva del Lenguaje.

Al oír cualquier tipo de improperio se activan estructuras cerebrales relacionadas con el miedo que generan una reacción en nosotros. Incluso física. Cuenta Duñabeitia que si en una conversación un tipo le dice a otro algo malsonante, al segundo se le van a dilatar las pupilas ligeramente y puede que note un suave aumento de la sudoración. “Activan nuestro sistema de alerta, como cuando oímos un claxon y estamos cruzando la carretera”, precisa. Quizá por ello también los utilicemos mucho en el coche, el tercer lugar en que más blasfemamos, según el informe de Preply, cuando las maniobras de otro vehículo nos perturban.

Aunque el lugar donde más tacos decimos es el de las reuniones con los amigos, ya sea en un bar, en casa o en mitad del campo. Al parecer, soltar sapos y culebras por la boca nos relaja, nos desfoga. ¿Cómo es posible? 2Porque activan los ganglios basales, la amígdala y otras partes del sistema límbico”, explica la investigadora Kary Stapleton, que también ha escrito sobre el tema y ha repasado uno a uno los más de cien artículos académicos publicados.

FUERZA Y POTENCIA

La forma en que nuestro cerebro procesa los tacos es también la responsable de que cuando nos damos un buen golpe lo primero que nos salga por la boca sea una palabrota. Y es que al excitar esas partes de nuestro cuerpo que menciona Stapleton se genera también un efecto que los científicos llaman hipoalgésico, es decir, “aumenta nuestra tolerancia al dolor”. Vamos, que nos duele menos el golpe.

Lo demostró un experimento que hizo en 2009 en la Universidad de Keele, en Reino Unido, el profesor Richard Stephen, uno de los mayores expertos en la materia. Reunió a 92 personas y les pidió que metieran una mano en una bañera con hielo. Acto seguido tenían que expresar lo que sentían a través de cuatro expresiones: una era ‘fuck’ (’joder’, en inglés), otras dos eran palabras inventadas, y la cuarta, neutral. A la vez, analizaba los cambios en sus ritmos cardiacos y su actividad cerebral. Cuando cruzaron todos los datos saltó la liebre: aquellas que utilizaron la primera expresión vieron cómo aumentó su umbral del dolor y su tolerancia: pudieron aguantar más tiempo la mano dentro del agua sin sentirse tan mal como el resto.

Otro estudio posterior no solo confirmó esto, sino que también llegó a otra conclusión mayor: decir tacos nos hace más fuertes. De nuevo está detrás de él el profesor Stephens, que descubrió en 2018 que el rendimiento muscular en cuanto a fuerza y potencia crece cuando decimos algún improperio. La explicación está de nuevo en ese efecto hipoalgésico, pero también en el efecto de desinhibición que genera decir tacos. Así que ya lo sabe, si no consigue hacer tantas series de dominadas como quiere, blasfeme un poquito, que lo mismo rompe su récord. Y si no, al menos se habrá quedado a gusto.

¿Son más listos los que más tacos dicen?

Los tacos e insultos siempre se han considerado como algo vulgar. Las clases sociales mas privilegiadas y los intelectuales han intentado huir de ellos porque, dicen, hay una manera más fina de llamar tonto a alguien sin llamarle tonto a la cara. No les falta razón. Pero según un estudio del Massachussetts College of Liberal Arts, blasfemar a diestro y siniestro puede ser síntoma de mayor inteligencia verbal.

La investigación, liderada por el profesor de Psicología Timothy Jay, se hizo en dos fases. En la primera, se les pidió a 43 personas, de entre 18 y 22 años, que enumeraran todos los disfemismos (así se les conocen en la lengua culta) que supieran durante un minuto. En esos 60 segundos, salieron por sus bocas sapos y culebras, efectivamente, hasta hacer un total de 533 vocablos.

Luego, Jay y su equipo encuestó a otros 49 sujetos, pero en vez de pedirles que dijeran todas las palabrotas, insultos y maldiciones que supieran en general, que se centraran solo en tacos y nombres de animales con la letra e. Cruzaron los datos y la conclusión fue clara: quienes habían dicho más palabrotas también eran los que mejores capacidades lingüísticas tenían. Así que para Jay, decir tacos es un signo de inteligencia “en la medida en que el lenguaje está correlacionado con la inteligencia”.

CUESTIÓN DE CÓDIGO

La profesora de la Universidad Pontificia Comillas, Pilar Uca, también lo cree: “Sin entrar en matices, conocer una amplia terminología ‘ad hoc’ permite al emisor garantizar la cualidad de persona culta porque sabrá en qué contexto y con qué receptores usar o no aquellas palabras que expresen de la manera más correcta y clara el mensaje que desea transmitir con un código que ambos intervinientes conocen”.

Saber cuándo y dónde usar palabras malsonantes es, al final, una habilidad cognitiva social, como saber elegir la ropa adecuada para cada ocasión. Así que no se corte, blasfeme cuando lo vea oportuno y ante el público que lo merezca. Si lo hace bien nadie podrá decirle que no domina el lenguaje. Otra cosa será la educación.

LA CIFRA
​21 tacos al día
pronuncian en Estados Unidos, el país que más palabras malsonantes dice según Preply. Le siguen Polonia (19) y Reino Unido (10).

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