Pablo Escobar

La narcofauna amenaza Colombia

Esterilizan a parte de los hipopótamos liberados en su finca por Pablo Escolar, que 28 años después de la muerte del Patrón proliferan sin control

Madre hipopótamo con su cría recién nacida
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Madre hipopótamo con su cría recién nacida
Madre hipopótamo con su cría recién nacida

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COLPISA. Alfonso Torices

Publicado el 08/11/2021 a las 06:00

Pablo Escobar Gaviria, el sanguinario capo del cartel de Medellín que estigmatizó y aterrorizó a Colombia durante dos décadas, sigue siendo una fuente de problemas para sus compatriotas todavía hoy, 28 años después de que, el 2 de diciembre de 1993, lo abatiesen de un tiro en el corazón unidades especiales del Ejército cuando huía por el tejado de un piso franco.

El más famoso y mediático de los narcoterroristas es el responsable directo de que Colombia sea el país no africano con la colonia más numerosa de hipopótamos en libertad del mundo, lo que ha convertido al mamífero terrestre más grande tras el elefante en una especie invasora y en un serio problema medioambiental para este país.

Escobar, fascinado por los animales salvajes, en uno de sus habituales ataques de megalomanía, decidió construir un zoo privado en Hacienda Nápoles, su enorme propiedad ubicada en el corazón colombiano, con un tamaño aproximado de 3.000 hectáreas, unas 25 veces el madrileño parque de El Retiro.

Junto al mastodóntico complejo residencial, su aeródromo y helipuertos, sus seis piscinas, 27 lagos artificiales y hasta una plaza de toros importó ilegalmente desde distintos países y asentó hasta 200 especies salvajes.

Elefantes, jirafas, canguros, rinocerontes, toda clase de aves, cebras, camellos, avestruces y, por supuesto, sus preferidos desde niño, los hipopótamos. En 1981 llegaron a las pozas de la propiedad, que ocupaba 30 kilómetros cuadrados en el departamento de Antioquia, un macho y tres hembras.

A la muerte de Escobar, al que sucedió el desmoronamiento del cártel y la confiscación y abandono de la propiedad, la mayoría de sus animales fueron vendidos a zoológicos, pero no los hipopótamos. Algunos de ellos permanecieron en los humedales de la hacienda, desde hace algo más de una década incluida en un parque temático, pero un número importante huyó y se asentó en zonas fluviales de poblaciones circundantes, algunas distante hasta un centenar de kilómetros.

El resultado de la conjunción de una especie proclive a reproducirse con la ausencia total en Colombia de los factores que en Africa permiten el control de estas colonias, la mortandad por sequías y depredadores como los leones, ha hecho que en estos 40 años se haya pasado de cuatro ejemplares a unos ochenta. La manada, según los expertos locales, se ha multiplicado por 20, con un crecimiento "descontrolado" de su población.

El resultado es un desplazamiento de la fauna local, ataques (algunos con resultado de muerte) a pescadores y lugareños, y la modificación de ecosistemas.

Las autoridades medioambientales colombianas han decidido frenar la extensión del problema mediante la esterilización. Inicialmente se aplicó cirugía a once de estos agresivos herbívoros, pero ya ha comenzado su castración química, más económica y simple, mediante inyecciones y dardos con fármacos. Unos 35 de los 80 ya no podrán engendrar más prole.

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