Borja Sémper: "Me empieza a pesar la etiqueta de expolítico"

"El discurso público cada vez expulsa más la duda, la reflexión, nos deja huérfanos a muchos que no queremos vivir enfadados", dice el consultor y exparlamentario vasco

Sémper afirma que no deja la política por "hipóteticas discrepancias" en el PP
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Sémper afirma que no deja la política por "hipóteticas discrepancias" en el PPEFE
Sémper afirma que no deja la política por "hipóteticas discrepancias" en el PP

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Teresa Abajo. Colpisa

Actualizado el 20/06/2021 a las 06:00

A Borja Sémper (Irún, 1976) la pandemia le pilló "aterrizando" en su nueva vida en Madrid, después de dejar la política a la que dedicó 25 años en las filas del PP vasco. Ahora trabaja en una consultora e intenta pasar más tiempo con su familia -"hemos decidido tener hijos, no plantas"- sin descuidar otras facetas. Acaba de publicar 'Cosas que pasan' (Espasa), un poemario en el que habla de amor y desamor, de lo que supone "nacer en la frontera" y vivir "en Madrid y en provincias".

Vuelve a menudo a San Sebastián, "que es siempre una buena idea. Cada vez que oigo hablar de otro retraso en el TAV, me enfado", dice mientras toma un café en el aeropuerto de Bilbao.

¿Le presento como expolítico o esa condición nunca se pierde?

¿Sabes que yo he sido incapaz de responderme a esa pregunta? Si te soy sincero, me empieza a pesar la etiqueta de expolítico. Es una vida de la que no reniego, pero que me apetece superar del todo. Creo que abandonar la política es como dejar una relación con una persona de la que todavía estás enamorado, pero ya no funciona. Lo tengo que hacer, duele y con el tiempo vendrá bien. Ya he superado el duelo.

Con Eduardo Madina forma equipo en la radio. ¿Se hacen muchas confidencias fuera de micrófono?

Sí, sobre cosas que hemos visto y vivido, opiniones más o menos crudas...

¡Qué pena que eso no salga!

Ahora no tengo el corsé de estar en una organización, pero cada vez entiendo menos y me corto más al hablar de política.


La crispación, lo que usted llama "la España inflamada", sigue en aumento.

El discurso público se va polarizando cada vez más y expulsa la duda, la reflexión. Nos deja huérfanos a muchos que no queremos vivir inflamados ni enfadados, aunque tengamos opiniones muy sólidas.

Cuando presentó su dimisión dijo que su mujer, Bárbara Goenaga, estaba pagando el peaje de ser pareja de un político.

Yo creo que no somos conscientes del alcance real de los peajes que ha tenido que pagar Bárbara por ser mi pareja.

¿Hasta el punto de perder algún trabajo?

Bueno... en su mundo, como en el mío y el tuyo, hay gente maravillosa e idiota. El problema es que los idiotas suelen hacer más ruido y algo más de daño. La inmensa mayoría de la gente ha sido cariñosa y comprensiva, pero ha pagado facturitas.

¿Desde cuándo escribe poesía?

El primer libro lo publiqué hace siete años. Tengo un cajón lleno de cosas, como mucha gente. Siempre me ha gustado escribir, aunque me he dado cuenta de mi torpeza para escribir novela. El que dice una tontería no es un tonto y el que escribe un libro no es escritor.

Usted lleva tres, un ensayo y dos poemarios.

Después del verano publicaré otro ensayo, más centrado en Euskadi.

Algunos de sus versos tienen poso ideológico. "No me emociona más patria/que la de tu sofá".

Es que el hecho identitario, la voluntad permanente de que los ciudadanos nos retratemos, singularmente en Euskadi, a mí me ha terminado por asfixiar, me aburre.

¿Nunca pensó en irse de San Sebastián cuando sufría la amenaza del terrorismo?

Nunca tuve la tentación real, creía que ese era mi sitio. Había un reto lo suficientemente importante, por encima de siglas de partidos, como para hacer un esfuerzo vital.

¿Para usted qué es vivir a la madrileña?

No se puede condensar en una palabra. Creo que es que no te importe de dónde vienes y adónde vas, ni de dónde vienen y adónde van los que están a tu alrededor. Conmigo se han cumplido todos los tópicos buenos sobre la ciudad. Es acogedora, abierta y con una colonia de vascos muy notable, más allá de las disfunciones que tiene cualquier gran ciudad del mundo.

¿Se identifica con el PP de Ayuso?

A ver cómo lo digo. Es importante interpretar y entender bien el lugar en el que haces política. Igual que el PNV interpreta y entiende muy bien Euskadi, el PP de Madrid entiende e interpreta muy bien Madrid.

Dice Sabina que la suya "es una voz única e imprescindible en la política y en la poesía española". ¿Le paga muchas cervezas?

(Ríe). Le estoy muy agradecido, a él y a Jimena, su mujer. Yo era de los que pensaban que no hay que conocer a la gente a la que admiras porque te puede decepcionar, pero Sabina rompe ese tópico. Es un tipo extraordinario, cercano, a quien no le importa llevarse bien con gente que está ideológicamente en otro punto.

También habla bien de usted el rapero Rayden. ¿Los amigos nos definen más que las siglas?

Yo en mi vida cotidiana no le pregunto a la gente a quién vota, a quién reza o a quién besa. La vida sería muy aburrida si solo nos relacionáramos con gente parecida a nosotros. En ese contraste está la salsa de la vida.

¿Con su mujer discute mucho de política?

La política no tiene mucha presencia en nuestra vida. Nos interesa más el hecho cultural, la mezcla, la impureza. Con Bárbara y su familia descubrí la dimensión cultural del idioma.

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