FOTOPERIODISMO
Gervasio Sánchez: "Las fotografías morbosas no sirven para nada"
Desde hace más de 30 años ha mostrado las grandes guerras del último cuarto del siglo XX de Europa, Asia, África y América Latina


Actualizado el 19/08/2018 a las 06:00
Gervasio Sánchez es un fotógrafo especializado en conflictos armados. Desde hace más de treinta años ha empuñado su cámara para mostrar al mundo las grandes guerras del último cuarto del siglo XX de Europa, Asia, África y América Latina. Está convencido de que hay que anteponer la dignidad al amarillismo.
"Hay una especie de tendencia de los seres humanos a ser morbosos. Nos gusta el morbo. Pero yo creo que hay que evitarlo. Creo que las fotografías morbosas no sirven para nada", asegura te en una entrevista con Efe en Guatemala, donde comenzó su andadura en la fotografía en los años 80 y donde se expone una muestra de 40 trabajos suyos bajo el título "Vida de Gervasio Sánchez".
Viajero incansable, Sánchez captura imágenes que aspiran a mostrar la vida en medio de las ruinas de la guerra y la muerte. Una realidad paradójica e incluso lacerante para documentar una vida que se niega a ser aniquilada. Para él, la verdadera historia no está en el bombardeo ni en el muerto.
"Me centro más en mostrar cómo los civiles intentan sobrevivir en medio de ese caos bélico", apunta Sánchez, quien subraya: "Los muertos son el menor problema de una guerra. Se entierran y dejan de molestar".
No tuvo todo claro como ahora. Cuando fue a cubrir la guerra de Bosnia dudó: ¿Y si la gente pensaba que estaba dando "una visión descafeinada de la violencia del conflicto?". Pero sabía que lo importante era profundizar en las consecuencias y una muestra de ello es "El Cerco de Sarajevo", unas fotografías que siguen vivas 24 años después.
Sánchez está convencido de que hay otra forma de contar las cosas que no se limita solo a "impactar", sino que sirvan para que la gente se vea obligada a "reflexionar" enseñando a esos seres humanos que se enfrentan a la violencia de la forma "más heroica". Es lo que intenta desde que era bastante joven.
La primera vez que vio un muerto fue en Guatemala. Acababa de llegar al país y en el hotel donde se hospedaba, un refugio para los viajeros humildes de los años 80 ubicado en pleno centro histórico de la capital, había un gran tumulto. Los paramilitares habían dejado tirado un cadáver decapitado, algo muy habitual en la época.
Ese fue el primer contacto con una realidad que se repitió allá por dónde fue y que supo afrontar. No es cuestión de dejar a los muertos a un lado. Hay que fotografiar todo como si fueras el último testigo, pero ¿hay que publicarlas? Esa es una pregunta que siempre abre debate, mas no en él.
"No se puede publicar a una niña con las piernas abiertas. ¿De qué sirve?", ejemplifica. Y es que el prestigio de un fotoperiodista está en sus trabajos, en lo que ha hecho y en lo que ha dejado de hacer. Y ese es su papel: ser un mero observador que se ciñe a mirar sin ser visto pero con un buen proceso de edición detrás.
Él ha sido "muy quisquilloso" con ello. Tanto que ha dejado de trabajar con algunos medios que no entienden su punto de vista. No hacerlo sería "un flaco favor a la sociedad y un grave perjuicio para la libertad de prensa, para la democracia y para la independencia de un periodista", tan cuestionada y difícil hoy en día, y a la vez imprescindible.
"Una sociedad sin un buen periodismo (...), está condenada al fracaso y la manipulación", afirma mientras apela a la conciencia de las implicaciones de una profesión como la suya.
Conoce la guerra de cerca y por eso la aborrece. "Es el mayor fracaso del ser humano y de un país", repite.
Sánchez apela a no destruir "la esencia del periodismo": la independencia y las historias en profundidad. Esas que te permiten cubrir dos partos de una madre con prótesis en sus dos piernas por una mina y volver a verla para poner fin a un ciclo. A una vivencia.
Es difícil y más con la crisis actual de los medios. Muchos de sus grandes compañeros y amigos podrían dejar la fotografía en los próximos meses. "No pueden vivir de ello". No tiene la fórmula mágica para lograrlo, pero lamenta que se paguen miserias por un trabajo, retratar imágenes, que es la forma más fácil de llegar a las nuevas generaciones.
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