Apunte
El aficionado y la palabra monopolio


Publicado el 20/01/2026 a las 05:00
Muy posiblemente si se preguntara a los miles de aficionados que cada fin de semana están llenando los frontones qué pelotaris son de Aspe y qué pelotaris son de Baiko, la mayor parte de ellos no sabrían muy bien qué responder. A fin de cuentas, buena parte del personal va al frontón a divertirse, echarse unos tragos, animar al pelotari con el que se sienten identificado y disfrutar de un buen momento de ocio, que es en lo que se está convirtiendo la mano profesional. Ocio. La trastienda, lo que hay por detrás, es para muy pelotazales, muy cafeteros de la pelota. Desde hace tiempo, desde que Bainet gestiona los derechos de imagen y publicidad (el dinero) y Vidarte cedió los derechos de retransmisión televisiva por pura supervivencia, oficialmente había dos empresas. Aspe y Baiko, con dueños y accionariado independiente, pero en realidad funcionaban como una sola. Porque las decisiones importantes se tomaban en la planta noble de Baiko, y a Vidarte -dependiente en lo económico de Bainet, del pedazo de tarta de dinero público que le tocada de la inversión de ETB- no le quedaba otra que decir amén y seguir el paso de la promotora bilbaína. Es decir, un monopolio.
La marcha de Vidarte, su decisión de vender Aspe a Bainet, implica la desaparición del nombre que -sobre el papel- hacía que hubiera dos bloques empresariales diferentes, una pugna entre empresas que es lo que le podía dar salsa a un deporte individual como la mano profesional. Resulta llamativo que justo una hora después de que Vidarte anunciara la venta de Aspe, Pelota Pro Liga emitiera un comunicado en el que su primer mensaje es que Bainet no tiene nada que ver ya con Baiko. Es decir, tratar de eliminar en la forma cualquier figura que pueda dar a entender al aficionado que la mano profesional es un monopolio, una palabra maldita. Y al margen de las cuestiones económicas (los frontones están llenos) la batalla está en el relato. Tratar por todos los medios con todo tipo de medidas (organizar pruebas por equipos, etc) de hacer ver al aficionado que esto no es un monopolio, una palabra que les da miedo, porque en el monopolio todos y todo está controlado.

