Campeonato de Parejas
El Navarra Arena muestra un público y una atmósfera muy diferentes a los sábados del Labrit
Hubo más silencio y se oía mejor la pelota que en La Bombonera, Laso fue el que más ánimos recibió, solo hubo una despedida de soltero


Publicado el 14/12/2025 a las 05:00
El Parejas va a tener, de momento, un paso fugaz por Pamplona. Con el Labrit en obras, las empresas apostaron por meter un partido de la primera vuelta en el Navarra Arena. Sobre una configuración de 2.000 espectadores, el pabellón registró una entrada próxima a los 1.600. Solo había huecos en la parte trasera de la cancha y el rebote.
Y ayer se demostró una vez más que el Arena no es el Labrit, para lo bueno y para lo malo. No fue el del Arena el ambiente de La Bombonera, ni de lejos. Entre otras cosas porque su público era diametralmente distinto.
No se vieron por el Navarra Arena muchas cuadrillas con plan completo (poteo, comida y pelota) que suelen frecuentar los sábados por la tarde en el Labrit, y que llegan al frontón bien animados. Apenas pudo verse una despedida de soltero, cuando en el Labrit suelen ser dos, tres o cuatro.
El público que se dio cita en el Arena tenía un espíritu más tranquilo, quizá más pelotazale. Se asemejaba más al de la mañana de los 7 de julio en la final del Cuatro y Medio de San Fermín, que el jolgorio sabatino del Labrit.
Y el sonido también fue otro. No tiene nada que ver el recogimiento, la cercanía y la presión del Labrit que los techos altos y las gradas con altura del Arena. Son dos mundos diferentes. Hubo un mayor silencio en el Arena mientras se jugaba los tantos -roto por un aficionado duro de oído que no paró de gritar por Peio desde el rebote durante todo el partido-. Podía escucharse con nitidez la pelota, el voy de los pelotaris. Pero eso no quiere decir que no hubiera ambiente. Se cantó por tres veces el Unai Laso ale, Unai Laso ale. Se aplaudió con criterio las jugadas brillantes y bonitas, fuera de quien fuera. Y nunca se pitó a nadie.


