Pelotaris
Peio Etxeberria y Andoni Gaskue, campeones comprometidos con sus orígenes
Los dos pelotaris de Aspe colaboran con el club Buruzgain de Ultzama, que cuenta con más de medio centenar de peloaris entre la escuela y los mayores
Publicado el 28/11/2025 a las 05:00
El parking del frontón Ultzama, en Larraintzar, es un trasiego continuo de ir y venir de coches, niños, madres y padres. Como todos los martes, jueves y viernes. Son los días de entrenamiento del Club de Pelota Buruzgain, fundado en 2009 y que cuenta con unos 60 pelotaris entre la escuela de pelota y los mayores. Antonio Gaskue, el presidente del club, intenta que la cosa no se desmadre en el interior del recinto. No es un jueves cualquiera, hoy viene al entrenamiento Peio Etxeberria, último campeón del Cuatro y Medio. Él dio sus primeros pelotazos en esta misma cancha, es de Zenotz, del valle.
El Ultzama acoge a niños y niñas naturales del propio valle, y de valles vecinos como Anue, Lanz, Odieta, Atez y Basaburúa. Algo más de una veintena de pueblos, una población no superior a los 2.500 habitantes, con un bajo índice de natalidad, pero que ha conseguido reunir a más de medio centenar de pelotaris en el Club Buruzgain, a pesar de que también hay una oferta importante de fútbol y balonmano.
El club, que se puso en marcha en 2009, cuenta para este curso con 33 pelotaris menores de 14 años (7 chicas y 26 chicos), y cinco pelotaris con edades entre los 14 y 16 años. El resto, hasta 60, son mayores.
“La mayor dificultad es que la gente tiene que desplazarse en coche a Larraintzar para venir a entrenar. Para los padres y los críos es más fácil y más cómodo jugar a fútbol que a pelota, porque aquí necesitas una hora para ponerte los tacos”, dice Antonio Gaskue, presidente del Buruzgain. “El problema es que el que es bueno en pelota es bueno en fútbol porque son coordinados, y se van a fútbol. Pero de momento tenemos un número de chavales majo”.
Aitor Paternáin es el entrenador que está al cargo del club desde 2011, y que cuenta con la colaboración de monitores como Andoni Gaskue. El trabajo con cada pelotari es individual. “Tener a dos profesionales en la valle ayuda muchísimo. Hay que trabajar mucho para conseguir hacer una buena base”, explica el entrenador del Buruzgain. “De momento el descenso de la natalidad y la despoblación no nos ha afectado. No hay una espantada de niños, y los que se van se suplen con la llegada de nuevos. La edad crítica son los 12 a 14 años. Si llegan a cadetes, se quedan”.
Andoni Gaskue, profesional de Aspe, muchísimas horas en el Ultzama entre entrenamientos, partidos... Los chavales le adoran. “Me gusta mucho entrenar a los chavales, este es un valle pequeño y quizá no se valore que dos pelotaris de este club estén en profesionales”, explica el zaguero de Larraintzar. “Es una gozada que nos conozcamos todos y esa cercanía es básica para que siga habiendo afición”.
LA LOCURA CON PEIO
Peio Etxeberria llegó al Ultzama un rato antes de que comenzara el entrenamiento. Desde que entró en el frontón se desató la locura. Todos los niños querían fotos, que el delantero de Zentoz les firmara pelotas, camisetas, gerrikos... lo que fuera.
“Hacía tiempo que no venía y me ha hecho mucha ilusión ver a tanto chaval joven, con tanta ilusión y a tantos padres implicados con la pelota”, dice Peio Etxeberria. “Yo un día empecé aquí y en nuestra época estábamos cuatro. Ver tanta gente te ilusiona mucho”.
Peio, que no puede ayudar al club todo lo que desearía porque vive en Gorraiz, debe atender sus entrenamientos y su negocio de ganadería, se lo pasó en grande con los grandes y pequeños del club, con los que estuvo peloteando un buen rato con la goxua en los últimos cuadros del Ultzama. El mismo sitio donde dio sus primeros pelotazos, el origen del que no se olvida y al que quiere permanecer unido, porque es su tierra, el valle donde hunde sus raíces.
