Despedida

Javier Urriza, leyenda del remonte

El navarro recibió el cariño de un Galarreta entregado

DESPEDIDA DE URRIZA EN EL FRONTON GALARRETA - REMONTE 20250628 IÑIGO ROYO
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DESPEDIDA DE URRIZA EN EL FRONTON GALARRETA - REMONTE 20250628 IÑIGO ROYO
DESPEDIDA DE URRIZA EN EL FRONTON GALARRETA - REMONTE 20250628 IÑIGO ROYO

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Joseba Lezeta

Publicado el 29/06/2025 a las 05:00

Sebastian Lizaso entonó la melodía de la Habanera de Xabier Lete para cantar un bertso a Javier Urriza. Enfocó así su mensaje: “Irabaztean umila, galdu beti gizalegez”. Humilde en la victoria, educado en la derrota. Y el azpeitiarra redondeó su particular homenaje con esta simbiosis de deseo y recomendación que se cumplirá con absoluta seguridad, dada la calidad humana del receptor: “Garbi jokatzen jarraitu, nahiz eta berriz txuriz jantzi ez”. Sigue jugando con limpieza, aunque no vuelvas a vestirte de blanco. Le dejó tarea Lizaso, quien tuvo el detalle de leer en castellano lo que dijo en euskera.

Javier Urriza, la última leyenda del remonte hasta que alguien recoja de verdad el testigo, ha dejado de ser presente para convertirse en pasado de la disciplina. Quería despedirse dando buena imagen dentro de la cancha. No era una obsesión, pero deportistas de esa talla nunca se conforman con cumplir el expediente. El antecedente de la final del Sagardoaren txapelketa, el más reciente, no era el mejor posible: derrota contundente ante los mismos rivales.

Urriza sacó una vez más lo mejor de sí mismo. No solo para contentar al público y reconfortarse él mismo. También para conseguir la victoria en dos jokos con sendas remontadas del 9-12 al 15-12. Tampoco podía irse sin dejar su sello en uno de los últimos tantos. La pelota llegó rápida por abajo y saltó con el brazo y la cesta en alto para conectar una dos paredes de botecorrido. Ejecución maestra de una de sus jugadas preferidas.

"ESTOY ABRUMADO"

Tras abrazarse por este orden con Kemen Aldabe, su zaguero Xabier Azpiroz y su directo rival de los últimos años Endika Barrenetxea, subió Javier Urriza a una montaña rusa de emociones. Colgó la cesta para coger en sus manos el micrófono. “Estoy abrumado. No se me olvidará en la vida. Es difícil hablar”. Sonreía al mismo tiempo que las lágrimas afloraban en sus ojos.

Los compañeros remontistas de Oriamendi, que le hicieron un arco con las cestas al salir a calentar para su último partido, le entregaron una camiseta roja firmada por todos ellos. La empresa Oriamendi le regaló una talla obra del escultor Gotzon Huegun que representa la figura de Urriza acompañada de sus dieciséis grandes txapelas, ocho del Individual y ocho del Parejas.

La salida de sus hermanas, Amaia y Ainhoa, junto a los sobrinos y demás parientes, incluido su mentor Seve Arcelus, precedió a uno de los momentos más comprometidos para él. Al final de un vídeo en el que escuchó elogios a diestro y siniestro, apareció una foto de la familia con la imagen de su madre, Resu, fallecida en abril pocos días después del festival donde Javier dijo adiós a la afición navarra en el Labrit.

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