Pelota
Radiografía del Cuatro y Medio: Juego cada vez más rápido en los últimos diez años
La sensación generalizada de que al Cuatro y Medio se juega cada vez se juega más deprisa la corroboran los números. En diez años han cambiado los pelotaris que juegan en menos tiempo y menos pelotazos


Publicado el 16/11/2023 a las 05:00
¿En cuánto tiempo cambia un deporte o una modalidad? Depende de factores como los protagonistas, los elementos y el escenario. Pero una década no es un mal punto de referencia. Al menos en lo que se refiere a la mano profesional, y más concretamente al Cuatro y Medio. En las diez últimas ediciones concluidas de la Jaula -no se analiza la de este año, a falta de la final- se juega cada vez más rápido, con menos pelotazos en menos tiempo y un número similar de tantos. De las tres, el Cuatro y Medio ya era la modalidad más explosiva; ahora lo es más. Cinco variables: los tantos en juego, el tiempo, los pelotazos que se dan, los tantos de saque y las faltas dan fe de ello.



La última década ha supuesto un tiempo de cambio adicional en el Cuatro y Medio. De 2013 hasta nuestros días La Jaula ha vivido el ocaso y despedida de los dos manistas que más han marcado a la mano profesional desde la retirada de Julián Retegui: Aimar Olaizola y Juan Martínez de Irujo. Ellos impusieron con la llegada del nuevo siglo el nuevo juego de aire, que en la Jaula es incluso más acentuado. La ortodoxia del juego a bote dio paso a la heterodoxia y creativa violencia del aire.



SIN ZAGUEROS, CON JOKIN
En estos diez años han desaparecido de la circulación los zagueros dentro del acotado. Mendizabal III en 2017 fue el último reducto. Las empresas optan por especialistas. Porque el dominio del aire (desde el resto de saque, el protagonismo de la volea y el sotamano como elementos de defensa y ataque) Delanteros que sacan bien y que en su inmensa mayoría manejan bien el juego de aire. Más agresividad, velocidad e intensidad. Menos tantos, tiempo de juego y menos pelotazos; se han reducido en más de 1.000 en una década.
Y en ese nuevo ecosistema aparece un nuevo dominador, Jokin Altuna. Siete finales jugadas en la última década -tres ganadas-, que son ocho con la de este año. Un nuevo dominador, que quizá no es el más dotado en lo físico, pero que marca la diferencia con su brillantez técnica y táctica. Un pelotari que, con 27 años, puede destrozar todos los registros porque -en teoría- le queda casi una década buena.
UN 17% DE SAQUES
Si el saque en cualquier modalidad pelotazale es el principio de todo, en el Cuatro y Medio se ha convertido en el cimiento de una estructura de juego. Y no solo porque con el disparo inicial ha supuesto en la última década prácticamente un 17% de los tantos (se ha incrementado dos puntos desde 2013 hasta hoy), sino porque a partir de él, del resto, se juega más que nunca a terminar al tercer pelotazo. O en su defecto a imprimirle un ritmo endiablado al juego.
Se juega a más velocidad, con menos tiempo para ver, decidir y ejecutar, y aún así se hila fino, o lo parece si se atiende a las pasas de la distancia. Se juega más buscando los ángulos, que en largo. En una década el número de pasas se ha reducido de la veintena a menos de media docena. El juego que cambia.
LA FRONTERA DE LOS 300
En una década de Cuatro y Medio se han disputado 218 partidos (se cuentan los 22-0 por suspensiones) de los que solo 17 han llegado o sobrepasado la barrera de los 300 pelotazos (un 7% del total) y tres de ellas han sido en finales. En la mitad de las ediciones de la última década del Cuatro y Medio, las finales han sido los partidos más peloteados.
Menos pelotazos, más rápidos, y un número de palizas relativo. Un 26% -se incluyen ahí los 22-0 de partidos suspendidos- han quedado 22-10 o menos. La mayor paliza, el 22-2 de Bengoetxea a Retegui Bi en Tolosa en 2018.
El partido más duro, los 399 pelotazos del Olaizola-Saralegi
¿Cuál ha sido el partido más peloteado del Cuatro y Medio en la última década? Fue la primera de las semifinales de la edición de 2013. Se jugó el 30 de noviembre en el Labrit, allí Aimar Olaizola y Ekaitz Saralegi -la revelación de ese año- dieron 399 pelotazos en una hora de juego para acabar resolviendo la eliminatoria con un 22-18, que supuso el séptimo pasaporte del goizuetarra en una final del Cuatro y Medio. El delantero tolosarra le apretó al navarro hasta el tramo final del encuentro. Olaizola II tuvo que echar mano de esa pelota trabajadora para meterle del cinco y medio para atrás y terminar decidiendo el encuentro.
El segundo encuentro más duro fue, precisamente la final que el año pasado disputaron Joseba Ezkurdia y Jokin Altuna, que terminó resolviéndose por la mínima. Ezkurdia sumó su tercera txapela en la distancia luego de una final que necesitó 394 pelotazos, la más peloteada y exigente que se ha jugado en la última década y se decidió por una txapa en el tanto final.
La mitad de los 22-21 de la historia en finales, en esta década
Desde que en 1953 se puso en marcha el campeonato del Cuatro y Medio, ha habido seis finales que se han resulto por la mínima. La primera fue el 22-21 de Akarregi sobre Bolinaga en la primera edición. La última, la del año pasado entre Ezkurdia-Altuna. De las seis de toda la historia, el 50% se han jugado en la última década, lo que dice lo reñido de la competición.
