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Pelota

Guardar el respeto

El pasado sábado un grupo de aficionados pitó durante dos tantos a Jokin  Altuna en el Labrit después de que el juez no diera una estorbada como vuelta. El público del frontón siempre ha sido respetuoso, exquisito, y es algo que no debería perderse

Publicado el 13/12/2022 a las 17:10
Aupa pelotazales 
En la pasada jornada del Parejas hubo tres jugadas polémicas que los jueces no señalaron. Pasó con una falta en el 11-10 en Larraintzar, la estorbada de Altuna del 14-14 en el Labrit y el domingo otra estorbada de Urrutikoetxea protestada por Jaka en el 
19-15 en Llodio. Solo en el caso de Altuna en el Labrit el público -una parte muy concreta de aficionados de la grada superior- pitó al delantero guipuzcoano. Lo hizo de forma estruendosa en el saque del tanto posterior y durante el peloteo, y el tanto siguiente. Un gesto feo, que sobraba.
La entrada a cualquier espectáculo, sea el que sea, no da derecho a faltar al respeto a  sus protagonistas, los pelotaris en este caso. La decisión del juez de no dar vuelta y la posterior protesta de Ezkurdia y Martija es entendible, también el enfado de los seguidores de pareja de Sakana. Pero una cosa es eso y otra la pitada monumental y el abucheo que se llevó Jokin Altuna y no solo durante el saque, sino cada vez que tocaba la pelota en ese tanto y en el inicio del posterior.  Tradicionalmente el público pelotazale siempre se ha caracterizado por el respeto exquisito hacia el pelotari y lo que pasa en la cancha. Es una de las señas de identidad de un deporte ancestral.  Es indudable que el perfil del aficionado del frontón, en especial el del Labrit está cambiando. Desde hace décadas ya no hay finales por la mañana, ni Ángelus, ni se fuma, se apuesta mucho menos... Ahora, ir a la pelota forma parte de un plan general de ir de fiesta. Se rejuvenece la grada, hay otro ambiente, otro color, la grada empuja literalmente al pelotari. Y es una evolución natural. Es eso, o morir. Pero lo que nunca se puede perder es el respeto a quienes están en la cancha. La pitada y el abucheo a Altuna del pasado sábado fueron faltas de respeto. El propio pelotari dijo que sentía asco. Es una cuestión básica de educación de saber dónde se está, de saber estar, de respeto hacia quienes juegan y a quienes están viendo el partido.
La semana también ha dejado las finales del Memorial Guillermo Mazo y del Cuatro y Medio de Huarte. En el Toki Eder uhartearra se vio la cruz de la pelota, aficionada en este caso. Laia Salsamendi, que jugaba la final del Cuatro y Medio femenino, se rompía los ligamentos de su rodilla derecha. El grito de dolor, sus lloros tirada en el cuadro dos se quedaron en la memoria de todos los que estuvimos en Huarte. Hacía un año que Laia se había roto los ligamentos de la otra rodilla, y entre una cosa y otra le habían tenido que operar de una peritonitis. Pero a pesar de todo eso, quiere seguir siendo pelotari, porque es su pasión. Ánimo Laia.
Nos vemos en los frontones.  
Luis
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