Opinión
Campeón del Manomanista... y de la vida


Publicado el 31/05/2022 a las 06:00
Si Unai Laso hubiera nacido en Snowflake, un pueblo de apenas 5.000 habitantes del estado de Arizona, y la pelota mano fuera un deporte americano, el día después de la final los guionistas de Netflix, HBO o la plataforma que quiera estarían ya trabajando en una serie sobre su vida. La trama daría juego. El deportista menospreciado por su empresa, que le echa a la calle. Él que sigue entrenándose día a día, convencido de que puede ser un buen pelotari. Él, que por un conflicto laboral entre manistas y empresa con una huelga de por medio, es readmitido. Él que, a su vuelta, va dando pasos y consiguiendo resultados hasta lograr ser campeón. Hilos de una trama tan real como apasionante. Aunque esto no sea América, ni nadie haga una serie sobre Laso, su ejemplo puede ser fuente de inspiración para muchos jóvenes -deportistas o no- en una sociedad en la que las cosas llevan tiempo en permanente cuesta arriba, y sin visos de mejoría inmediata.
No responde el caso de Unai a ese soniquete de manual de autoayuda o de coaching barato, tan manido: el “si quieres puedes, todo es posible”. Simplemente porque es mentira. No todo lo que se quiere se puede, y los límites -físicos, materiales, de la clase que sean- están ahí, y con ellos hay que convivir.
La vivencia de Laso, sin embargo, es un magnífico ejemplo de algo tan denostado en los tiempos que corren como la cultura del esfuerzo. Cuando Baiko, inexplicablemente, decidió no renovar su contrato y mandarlo a la lista del paro, Unai siguió entrenándose día a día. En el gimnasio, en el frontón... No se le cayeron los anillos por dar un teórico paso atrás como reciclarse en el campo aficionado para jugar campeonatos territoriales. Tampoco por ponerse a estudiar o hacer cursos de formación, por si las cosas se torcían. Unai tenía en la cabeza ser pelotari, porque ama a la pelota. E insistió una y otra vez a base de trabajo, constancia y tenacidad. Pasó muy malos momentos, tuvo dudas, vivió días grises y negros, como los pasamos todos. Pero supo apoyarse en su familia y amigos e hizo palanca en el esfuerzo hasta tocar la gloria.
