La crónica

Pelotazo a la gloria de Unai Laso

El delantero de Baiko dejó en siete a un desdibujado Joseba Ezkurdia en la final navarra

Unai Laso, con la txapela de campeón y el trofeo, celebra su victoria flanqueado por Joseba Ezkurdia y Erik Jaka
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Unai Laso, con la txapela de campeón y el trofeo, celebra su victoria flanqueado por Joseba Ezkurdia y Erik Jaka
Unai Laso, con la txapela de campeón y el trofeo, celebra su victoria flanqueado por Joseba Ezkurdia y Erik Jaka

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Luis Guinea

Actualizado el 29/05/2022 a las 23:02

Eran las siete y cuarto en punto de la tarde cuando Unai Laso descargó un pelotazo atrás de derecha inalcanzable para Joseba Ezkurdia. A esa hora subió el 7-22 final al marcador que convertía al delantero de Biskarret en el decimocuarto campeón navarro en la historia del Manomanista. Atronó el Navarra Arena coreando su nombre. El mismo chaval al que hace un año su empresa le volvió la espalda dejándole en la calle, abría las puertas del Olimpo de la mano profesional para convertirse en el nuevo campeón. Laso firmó una final perfecta, fiel a su estilo, que dejó sensación de interruptus entre las 3.000 almas que poblaban la grada porque se esperaba una mayor igualdad.

Lo había apuntado el pentacampeón Juan Martínez de Irujo ayer en estas mismas páginas. La final pasaba por saber estar en la cancha. El rendimiento de dos finalistas novatos en el mano a mano en un escenario tan exigente como desconocido como el Arena pasaba por cómo desenvolverse en ese escenario. Y fue Laso quien no se arrugó ante el escenario y la final, porque Laso es así, un echado para adelante. Arrancó la final con sus tres tantos más duros. 20 pelotazos en el 0-1 en el que Ezkurdia marró un gancho que se fue abajo. 16 para que empatara el de Arbizu de dos paredes. Otros tantos para que Laso culminara de paradita después de castigarle con dureza al de Sakana a base de derechazos. Después de esos tres tantos comenzó a intuirse la impresión de que el delantero de Baiko hacía todo fácil y ligero en el frontón. Pensaba, podía, ejecutaba y disfrutaba. Como si no hubiera 3.000 personas en la grada. Mientras que Ezkurdia parecía que llevara dos piedras de mil kilos en los bolsillos y poco a poco en el ánimo.

Las impresiones de esos tres primeros tantos se confirmaron con rapidez, se transmitieron también a la grada, donde los seguidores de Laso hicieron enmudecer a los de Ezkurdia. Y a las tablas de la contracancha, donde en un santiamén no hubo dinero.

LA DERECHA QUE ATROPELLA

Unai Laso supo sacarle todo el jugo a las posibilidades que ofrecía el Arena, donde quien atacaba primero tenía mucho ganado. Puso los cimientos con buenos saques, consiguió cuatro directos, y empezando a mandar en el peloteo desde el tercer golpe. El de Biskarret tuvo brillo en la derecha. Gozó todo lo gozable desde abajo, le dio altura a la pelota y haciendo palanca en un frontis vivo, le hizo vivir a Joseba Ezkurdia muy lejos del frontis. El voleísta de Arbizu poco a poco se fue encontrando con el peor escenario que tenía en su plan de partido. Obligado a defender desde muy atrás de aire, o atropellado por una pelota con la que no podía pasar a dominar. ¿Cuántas veces pudo sacar a relucir Ezkurdia su volea de ataque con la que tanto dueño suele hacer en toda la final? Ninguna.

Laso no solo hizo daño castigando atrás, también hiló fino a la hora de terminar el tanto. Acertó con el gancho y el dos paredes, y supo alternar el juego largo y los tantos duros con los remates rápidos. La mano de Aimar Olaizola en la preparación del partido pudo verse en el Arena.

LA PRESIÓN, LOS ERRORES

Joseba Ezkurdia vio cómo la final se le fue escurriendo poco a poco entre las manos. Y eso que Rubén Ayarra, su botillero, trató de reconducir el partido pidiendo su primer descanso en el 1-6. Al la velocidad y el dominio con el que jugó Laso, se le unieron los errores del voleísta de Arbizu, siempre obligado.

Ezkurdia nunca supo ni pudo encontrar continuidad en su juego. Cometió dos faltas de saque (la primera por saque corto en el 3-10 en un momento decisivo, la segunda por pasarse en el 4-13), y marró cuatro pelotas claras de zurda de las que tres fueron a la contracancha.

A partir del 5-14, un gancho perfecto de Unai tras dominar a Ezkurdia en el peloteo la final se desinfló de forma definitiva. El camino hasta el 7-22 fue casi un paseo para el nuevo campeón.

Es la grandeza y la miseria del manomanista, la txapela que nunca se gana por casualidad y que solo está al alcance de los más grandes.

Fotos de la final del Manomanista 2022: Ezkurdia 7-22 Laso./
Fotos de la final del Manomanista 2022: Ezkurdia 7-22 Laso./Jesús Caso y José Antonio Goñi

LA FINAL DEL MANOMANISTA 2022, EN DIRECTO

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Ambiente en el Pabellón Navarra Arena durante el partido previo a la final
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Ambiente en el Pabellón Navarra Arena durante el partido previo a la finalDiario de Navarra
Ambiente en el Pabellón Navarra Arena durante el partido previo a la final

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Juego de luces en la presentación de los pelotarisGorka Fiuza
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