

Barriola, el zaguero más versátil
Publicado el 26/05/2022 a las 06:00
Posiblemente sea uno de los pelotaris más queridos y admirados del cuadro de las últimas décadas. Y hay motivos. En el cuerpo a cuerpo Abel Barriola es un tipo cuyo carácter, nobleza, cercanía y afabilidad ha enganchado a muchos. Pelotísticamente el leizarra ha sido uno de los zagueros más versátiles de la historia. Ahí están sus números. Pertenece al club de los ocho que tienen la triple corona -Manomanista, Parejas y Cuatro y Medio- y el número de finales disputadas a lo largo de su carrera. 11 finales. Tres del mano a mano, dos de Parejas, seis dentro de la Jaula... y tres txapelas en su palmarés, una por modalidad.
2002 fue el año del despegue del leitzarra. Barriola jugó ese año su primera final a todo frontón después de imponerse por la mínima a Elkoro por la mínima en cuartos, batir al vizcaíno Agirre 22-10 en semifinales. Se plantó en la final contra el vigente campeón de ese año, Rubén Beloki. Y la final fue un auténtico desastre.
Barriola dejó en tres tantos al látigo de Burlada en la segunda final más abultada de la historia después de la de 1963. El un choque de zagueros, se esperaba mucho más del encuentro. Pero Beloki terminó acusando en exceso las dos semanas de inactividad con las que afrontó el partido por los problemas que arrastraba en la derecha.
En aquel partido Barriola logró siete tantos directos del saque, mostrándose como uno de los mejores sacadores en la distancia. Pelotari largo, con dos buenas manos, el leitzarra mostraba una habilidad especial a la hora de terminar el tanto de dos paredes o dibujando la dejada.


LA FINAL DE 2008
Abel Barriola fue un campeón de transición entre el final de la era de Rubén Beloki y Patxi Eugui y la irrupción de dos de los pelotaris que han marcado la historia reciente de la mano, Aimar Olaizola y Juan Martínez de Irujo.
El zaguero de Leitza tuvo que esperar cinco años para volver a meterse en una final individual a todo frontón. En 2007 topó con la versión evolucionada de Aimar Olaizola, que le dejaba en diez tantos y sumaba su segunda txapela. Aimar ya no era solo el pelotari que jugaba con pureza ortodoxa a bote, sino que la irrupción de Irujo le había hecho aprender a utilizar el aire.
Abel Barriola jugó su última final mano a mano en 2008 en uno de los partidos más sentidos de toda la historia de la modalidad. Ese año la txapela fue una pelea entre leitzarras, en una final inédita, única, que fue la final entre dos amigos y un pueblo.
Aquel día Oinatz Bengoetxea pudo con Abel (22-11) con su estilo atrevido, guerrillero, indomable. Eso sí, luego lo celebraron juntos, con todo Leitza.