Herri Kirolak
Resistir en la tronza
Los Barberena, tres décadas compaginando vida laboral, familia y deporte
Publicado el 02/08/2026 a las 05:00
Josetxo lleva empuñando una sierra durante 33 años e Iñaki, 26. Dos vidas dedicadas al deporte rural. Sin embargo, esta entrega a la tronza comienza a tambalear cuando cuesta sacar hora y media de entrenamiento al día, las parejas no se inscriben en las competiciones o han encontrado otro deporte que les llena más.
Los hermanos Barberena trabajan en una carpintería en Iraizoz. Un lugar que frecuenta más Josetxo, el menor de los dos, ya que Iñaki también trabaja en Pamplona y alterna los dos sitios. Ambos con familia e hijos, consiguen sacar cualquier rato para entrenar. “Antes, cuando éramos jóvenes, era más fácil”, explica el mayor.
ÉPOCA DORADA
Hace quince años, los Barberena dedicaban a la tronza seis días a la semana y su objetivo era vencer a los Esnaola, pareja que sustentó el título de campeones de Euskadi durante muchos años. “Teníamos un preparador, una dieta y todo para derrotar a los mejores”, confirma Iñaki. Asimismo, era una lucha “bonita en la que siempre nos quedábamos a muy poco”. Hasta que todo el tiempo y el esfuerzo dedicado tuvo su recompensa. “La primera vez que les vencimos fue la más importante. Veníamos de muchos años siendo segundos”, afirma el de Iraizoz. A partir de aquel momento se colocaron la txapela numerosas veces hasta que a día de hoy acumulan diecisiete en el Campeonato Navarro y doce en el de Euskadi.
Ahora, la situación ha cambiado. “Vivimos de las rentas”, específica el mayor. La nostalgia y la inercia son los motivos por lo que se siguen moviendo por este deporte, aunque “realmente no estamos agusto”. No obstante, continúan entrenando tres días a la semana.
Un domingo a las siete de la mañana, cuando su familia aún duerme, los hermanos “entrenan a escondidas”, expresión que le gusta utilizar a Iñaki para resaltar que sacan tiempo de dónde no lo tienen. De esta manera, una vez se despierte el resto, pueden dedicarles el cien por ciento a ellos. Otras veces se saltan la hora de comer para entrenar y enganchar con el trabajo. O, por ejemplo, también les ha ocurrido que cuando llegan a practicar ya se tienen que ir. “Esta especialidad no es como ir a correr. Tienes que preparar la madera, limpiar todo y para cuando te preparas…Una hora y media no te quita nadie. Y el tema es que no tenemos ese tiempo”, declara Iñaki. Unos años difíciles que hacen rememorar aquellos en los que aún mantenían esa ilusión por este deporte.
La competición es otro de los grandes motivos que pesan en el juicio de los Barberena. Lo que antes eran dieciséis parejas inscritas, ahora cruzan los dedos para que haya tres (el mínimo para que la competición se celebre). “Si no llegamos a venir, se cancela el evento”, explica Iñaki en referencia al Campeonato de Euskadi que se celebró ayer en Ansoáin. Torneo al que fue con la incertidumbre de si iba a poder acabar. Además, uno de los causantes de que se haya “estropeado el tema de competir es que hubo años en los que había una gran diferencia entre las parejas que luchaban por ganar y las que no”, y es un motivo por el que “la gente se ha desanimado”.
No obstante, el de Iraizoz aclara que entre lo negativo, también hay que hacer referencia a que hay aficionados que no compiten o, por ejemplo, en el mixto hay muchas parejas que cortan. El legado de la tronza continúa aunque no sea de una forma visible como lo son las pruebas.
ILUSIÓN POR OTRO DEPORTE
El pasado invierno, Iñaki decidió alternar la tronza con el Crossfit, un deporte que mezcla fuerza y ejercicios de alta intensidad. “Me hacía mucha falta para despejar la cabeza y estar un poco mejor”, aclara el mayor de los Barberena. Y lo que se ha encontrado al combinar estas dos disciplinas deportivas es que “iba mucho más agusto a Crossfit”. Unos años en los que ha vivido el cambio de la tronza en el aspecto competitivo, y que han desembocado en el descubrimiento de otra pasión, otro deporte. “Ahora que lo he tenido que dejar un poco de cara al Campeonato de Euskadi, lo echo mucho en falta”.
La continuidad de los Barberena en el Herri Kirolak es una incertidumbre. No se sabe cuántos años más cortarán en las plazas y darán un espectáculo a cualquiera que se asome al vallado. No obstante, Iñaki ha descubierto otro deporte que sin herramientas de por medio y al resguardo de un techo, consigue recuperar la ilusión.
