Aizkora
Iker Vicente ruge en Tolosa
Recuperó los dos troncos de desventaja y le sacó 2:21 minutos a Otaño


Actualizado el 03/01/2026 a las 22:16
Iker Vicente, el aizkolari de Ochagavía, solventó su más difícil todavía, la cuarta apuesta de su carrera deportiva, en 51:10 minutos y 1.995 hachazos. Fue el tiempo y los golpes que empleó para cortar 14 troncos de 54 pulgadas y 4 de 72, dos piezas más que los que debía cortar el guipuzcoano Eneko Otaño, para embolsarse los 12.000 euros que había en juego en la Plaza de Toros de Tolosa (6.000 suyos, 6.000 del rival). Vicente engrandeció aún más su palmarés, dándole una pátina ya de leyenda. Es superior a todos en todo, incluso dejando dos troncos de ventaja a su rival. ¿Quién se va a atrever ahora a lanzarle un desafío?
Con una ventaja de dos kanaerdikos (dos piezas de 54 pulgadas) y ante un aizkolari en forma como Eneko Otaño, la apuesta era una maniobra de riesgo para Iker Vicente. Pero el planteamiento (desde la elección de la madera por parte de su padre, Dani Vicente, y su primo Eneko Saralegi, al orden de corte) y la ejecución fueron simplemente perfectos por parte del aizkolari de Ochagavía. Y eso que Otaño no hizo, ni mucho menos, un mal trabajo.
EL ONDON DE ERATSUN
Vicente comenzó a ganar la apuesta a las 9 de la mañana, con la presentación de los lotes de madera ante los jueces. El equipo de Vicente puso para los oinbikos (los troncos grandes, de 72 pulgadas) cuatro ondones (la parte de abajo del árbol, la más dura). De los que en el protocolo previo se desecharon dos: uno de ellos porque estaba hueco en el interior; otro -una vez montado en la plaza- fue retirado también por presentar un nudo. Tuvieron que presentar el de reserva, el cuarto, que era hermano de uno de los desechados. Madera muy dura, exigente, traída desde Eratsun, y con la que Iker Vicente había trabajado a conciencia, con un corte estrecho muy estudiado y practicado y hachas específicas.
El factor suerte también tuvo su papel en la apuesta. En el sorteo, el cara o cruz para ver quién elegía qué parte del tronco cortar, cayó del lado de Vicente, que optó por la parte del lote más asequible, menos dura.
LO DURO, DE INICIO
En cuanto los jueces dieron el pitido de salida, Eneko Otaño comenzó su trabajo en su línea por los kanaerdikos para después ir a los oinbikos.
Vicente hizo lo contrario. Empezó su fila por los troncos de 72 pulgadas. Arrancó por el más blando para coger ritmo, para afrontar después el tronco más duro de toda la apuesta. Mientras el de Beizema devoraba casi cuatro kanaerdis, Vicente se peleaba con su tronco de 72 más complicado, el duro de Eratsun. Necesitó 6:10 minutos y 281 hachazos para partirlo. Después fue devorando kanaerdikos. El de Ochagavía había cortado cuatro troncos mientras que Otaño ya había liquidado cinco kanaerdis y el primero de 72 pulgadas de su lote.
El de Beizema apostó por cortar los cuatro troncos grandes seguidos. Acabó su fila (de la que había excluido dos kanaerdis) y comenzó la de Iker Vicente por el oinbiko más duro. La pieza de 72 pulgadas fue un suplicio para él. Era su octavo tronco y tardó 8:52 minutos en acabar con él (2:42 minutos más que el navarro). En el tiempo que Otaño cortó esa pieza de Eratsun, Vicente se había liquidado los dos últimos kanaerdis de su fila y oinbiko y medio de la de Otaño. Una bestialidad.
La apuesta salió muy perfilada del segundo paso por los troncos grandes a favor de Vicente, que encontró en los siete kanaerdis finales un terreno en el que abrir diferencias. Y eso que en tres de ellos encontró nudos y llegó a romper un hacha. Nada le pudo parar.


