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Entrevista
Emparejados

Ioseba Fernández y Ana Llorens: Una alianza de amor y deporte

El patinador y la atleta viven con intensidad su relación desde hace casi 10 años

Ana prepara a su marido y él confía en ella, a pesar de que cuando se conocieron no había visto ni una prueba de patinaje

Ioseba Fernández y Ana Llorens, el sábado pasado en Larrabide, tras ganar la atleta el campeonato navarro de 10.000 m.
Ioseba Fernández y Ana Llorens, el sábado pasado en Larrabide, tras ganar la atleta el campeonato navarro de 10.000 m.
Actualizada 22/03/2021 a las 07:56

Están hechos el uno para la otra. Dos caras de la misma moneda. Ioseba y Ana. Casados desde 2014, llevan juntos más de 9 años, en los que su unión, reforzada por el deporte, se ha hecho cada vez más sólida. Ella elabora respuestas largas, reflexionadas. Él contesta veloz, sus ideas brotan rápido. Por algo Ana es fondista, y Ioseba, campeón del mundo de patinaje velocidad. Y ambos, felices padres del pequeño Marc, de 3 años, que asiste a la entrevista entretenido con sus juegos.

Dos grandes deportistas unidos. ¿Cómo califican su relación?

Ana Llorens: Nos conocemos muy bien. Sabemos tanto los puntos fuertes como los defectos de cada uno. Intentamos hacer la convivencia lo mejor posible. Los deportistas somos muy raros y muy difíciles de convivir, por la manera de entrenarse, de cuidarnos. Juntar dos deportistas, y más en deportes tan diferentes, tiene su aquél. Debes esperar a que tu pareja vuelva del entrenamiento y tenga un mal día, o de una competición que no le salga, o que simplemente no quiera hablar. Nos conocemos tan bien que la convivencia es más fácil.

Ioseba Fernández: Para mí, conocerle es lo mejor que me ha pasado en la vida. Lo pensé desde el principio, la vida nos ha puesto obstáculos muy difíciles, personales, laborales, y he concluido que con ella soy mejor. Ésa es nuestra unión. Al principio, es más fácil, pero al superar todos estos problemas, nos hemos hecho más fuertes como pareja.

A.L.: Hemos pasado por momentos duros de lesiones, personales... pero al superarlos hemos salido más fuertes. Algunos nos han hecho discutir como pareja. Pero una vez que ha pasado, nos ha unido.

¿Qué le aporta uno a la otra, y viceversa?

I.F.: Todo. Me complementa muy bien, me entiende, me ha hecho mejor persona. Yo antes era más radical para algunas cosas, y me ha calmado. También le daba demasiadas vueltas, y ella intentaba relativizar las cosas.

A.L.: Para algunas cosas somos totalmente distintos. A veces hago las cosas sin pensar. Me pasa algo por la cabeza y lo hago o lo digo. Soy muy impulsiva. Y él me dice: “Piensa, tranquila”.

I.F.: Eso es bueno para todo. Ella no dice ‘no’ a nadie ni nada, es una montaña rusa que sube y baja. Y yo creo que le hago falta. Y ella a mí. Si no, yo no haría nunca nada. Soy todo lo contrario. De tanto pensar, de tanto darle vueltas a la cabeza, no daría ningún paso. Yo le freno y ella me impulsa.

En el tema deportivo, que también les une al preparar Ana los entrenamientos de Ioseba, ¿cómo se llevan?

A.L.: Cuando empecé a salir con él, no había visto una prueba de patinaje en mi vida. Pero me llamó mucho la atención que me dijera que no tenía entrenador, o que entrenaba solo. Como buena novia enamorada, iba a verle a los campeonatos. Me llamaba mucho la atención su forma de patinar. Yo no tenía ni idea de patinaje, pero veía que los demás iban a 10.000 revoluciones y él a 60. Ves los tiempos y dices: “¿Qué ha hecho?” Tiene tanta fuerza en las piernas, alarga tanto, que no necesita ir tan rápido como los otros. Es muy bonito verle patinar. Él me empezó a preguntar poco a poco. Y yo le decía: “¿Qué quieres que te diga?” Jamás me he puesto a estudiar, pero él confiaba cada vez más en mí. En muchos momentos, él necesitaba que yo le dijera cómo estaba patinando para cambiar. Y se notaba que, aunque lo que yo le decía era una cosa pequeña, confiaba en mí.

I.F.: Soy buen alumno -dice sonriendo y provocando la risa de Ana-. Voy a decir la verdad. Yo al principio no quería que tuviese nada que ver en mis entrenamientos. Pensaba que era una mezcla que podía explotar. Fue conocernos y empezar a vivir juntos, y pensaba que, si además entrenábamos juntos,iba a reventar por algún lado. No hubo un momento en el que dijésemos que a partir de entonces se iba a encargar de ello. Fue saliendo. Ella ha ido a verme entrenar, a muchas competiciones. Era una incondicional desde el minuto 1. Se fue al Campeonato del Mundo con mis padres cuando casi no los conocía. Es muy observadora, por su deporte, donde los pequeños detalles marcan la diferencia. Ve cosas que los demás no vemos. Es un feedback mucho más rápido que grabarme entrenando.

Se ve que se complementan de maravilla. Pero, a causa del deporte, ¿han tenido roces o enfados?

I.F.: Pocos.

A.L: El año pasado, nada, porque no ha competido. En 2019 sus entrenamientos eran muy complicados, porque no estaba centrado en el día a día. Yo venía que no entrenaba muy bien. De vez en cuando le decía alguna cosa, y como su estado emocional no estaba muy bien, me saltaba enseguida. Me decía: “¡No!” Siempre ha sabido llevar muy bien mis críticas, pero ese año fue más difícil. Y lo entendía, porque sabía era por otro tema.

I.F.: En 2019 no di pie con bolo, ni en competición, ni en las lesiones, ni en los entrenamientos... Llegó un momento en el que sabía que lo estaba haciendo muy mal, me tuve que ir a Taiwan a entrenar. Ella no me lo decía más, pero yo sabía que estaba entrenando mal.

¿Cómo lo pasan cuando su pareja está compitiendo?

A.L.: Yo lo paso muy mal con él. Me pongo muy nerviosa. Es una carrera de 9 segundos y ser oro o quedarte fuera es esto -hace un gesto con los dedos-. Si sopla un poco de viento, si hay una piedra en la salida... se lía petarda. Por eso lo paso tan mal.

I.F.: Yo lo paso muy bien viéndola -ríe-. Cuando hacía gimnasia, fatal. Me ponía nervioso toda la semana. Sufría mucho, porque llevaba una carga que era inhumana. Tenía que trabajar, hacer gimnasia, correr. Entrenaba 5 horas seguidas todos los días. Creía que le estaba dando demasiada leña al cuerpo.

El año pasado fue muy duro para todos. Ana tiene la suerte de practicar atletismo, que es un deporte que ha seguido adelante, pero Ioseba no ha tenido competiciones. ¿Cómo lo ha vivido?

I.F.: Al principio, muy mal. Ya en 2018 había ganado el Campeonato del Mundo sin esperarlo, porque estaba entrenando para el siguiente. Es el que menos he disfrutado y la medalla a la que menos valor doy. Y en 2019, que tenía todas las expectativas, mazazo. Ya eran dos años sin disfrutar. En 2020 había puesto muchas esperanzas, quería volver a disfrutar entrenando, compitiendo. Y sentía una gran impotencia. Primero te cambiaban la fecha del Campeonato del Mundo, lo volvían a aplazar, cada dos por tres reuniones... Y yo tenía que cambiar la planificación con el hándicap de que no sabía si podía salir, sin pista, sin gimnasio... Preparamos uno en casa. A final de año, cuando vimos que el Mundial era imposible, nos lo tomamos con calma.

¿Y cómo ocupa su mente un número uno como Ioseba Fernández cuando no puede patinar?

I.F.: Cuando estábamos encerrados, con un hijo es más fácil estar ocupado. No había tiempo libre. Estábamos esperando a que nos dieran la casa -se han mudado dentro del mismo barrio de Ripagaina- y andábamos entre la de su madre y mi padre.

A.L.: Pensábamos que iban a darnos la casa en enero , pero se retrasó a junio. Y durante esos meses no teníamos casa.

I.F.: Cuando ya podíamos salir, ocupé mi mente en la competición. Cuando vi que se cancelaba el Mundial, le dije a Ana que necesitaba hacer algo y empecé a trabajar en un gimnasio, dos días a la semana, como monitor de sala y dando alguna clase. Y me viene muy bien para ocupar mi mente. Los dos estudiamos un curso de entrenadores de nivel 3, ella ya ha terminado, yo todavía no.

¿Cómo es un día en casa de los Fernández-Llorens?

A.L.: Nos levantamos pronto, para desayunar, y Ioseba le lleva a Marc al cole en bici, salvo que llueva o haga mucho frío. Mamá se queda haciendo la comida, o limpiando. Después, papá se marcha a trabajar y a entrenar. Yo entreno por la mañana y después voy al cole a por Marc. Comemos todos juntos y me marcho a trabajar a Anaitasuna. Los días que Ioseba también trabaja, llevamos a Marc a casa de los abuelos, voy a buscarle y volvemos para cenar. Y el rato que nos queda libre, a estudiar y a hacer tareas de casa.

I.F.: Si no trabajo, entreno a primera hora y ella a segunda. Le llevo en bici porque me viene bien para despejarme.

¿Echan de menos algo?

A.L: La normalidad, poder ir a ver a Ioseba entrenar. O que él venga, ayer fue la primera competición después de mucho tiempo. Antes hacíamos muchos viajes juntos por el deporte y hemos perdido eso que era tan bonito.

I.F.: Sentimos lo de todo el mundo, falta de libertad, y los que hemos viajado tanto, aún más.

¿QUIÉN ES...
Más competitivo/a. A: Él. I: En las cosas pequeñas yo. Me pico con más facilidad
Más detallista. A: Él, pero mucho, mucho. I: Creo que sí
Mejor cocinero/a. A: Él. He comprado un robot y cocino algo, pero si no, pasta y pechuga. I: Si hablamos de cocina clásica, yo
Mejor amo de casa. A: Yo. I: Ella
Más organizado/a. A: Yo, tengo cada minuto del día organizado
Más soñador/a. A: Él, sin duda. Él es más de futuro, yo de hoy
Más tranquilo/a. I: Yo
Más gracioso/a. I: Ella, aunque hay veces que dices, ahora no -ríe-
Mejor bailarín/a. I: Ella. A: Sólo ha bailado el día de la boda y no durmió un mes pensando en eso

 

 

 

 

 

 

 

 

DNI
Ana Llorens Pérez
Nacimiento Pamplona, 7-2-1982
Familia Casada con Ioseba Fernández, madre de un hijo, Marc
Equipo Bathco Running Team
Palmarés Campeona navarra de 10.000 (2021), campeona de España máster en 5.000 y 2.000 m.o. (2020) y en 10.000 (2020), bronce europeo (2019)

Ioseba Fernández Fernández
Nacimiento Iturmendi, 22 de octubre de 1989​
Familia Casado con Ana Llorens, padre de un hijo, Marc
Equipo Maestro Skates (su propia marca internacional)
Palmarés Campeón del mundo en 2018 y en 2017 en 100 m, oro mundial en 2014 en 500, oro mundial en 2012 en 200

 

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