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Boxeo

Mikel Fernández, el 'Rocky' de la Chantrea

El mejor boxeador de ‘muay thai’ del país es un pamplonés de 29 años que ha recorrido el mundo, se hizo campeón en la cuna de este deporte, Tailandia, y no olvida sus raíces

Mikel Fernández, al proclamarse vencedor en la última pelea que protagonizó en Ponferrada, el pasado mes de septiembre.
Mikel Fernández, al proclamarse vencedor en la última pelea que protagonizó en Ponferrada, el pasado mes de septiembre.
Adrián Rubio/mambafightclub
Actualizada 27/01/2021 a las 06:00

C OMO muchos chavales de la Chantrea, Mikel Fernández Cía se pasó muchos años de su vida jugando al fútbol. Y no con cualquiera. Fue compañero de filas de Iker Muniain y Iñigo Eguaras, grandes ídolos del barrio, y era un extremo goleador que se formó en distintos equipos hasta llegar a ser pichichi con el Lagunak de Primera Regional y estar a punto de dar el salto a Tercera División. Pero había otro deporte por el camino: el boxeo. De hecho, fue su primer amor cuando tenía 5 añitos y lo veía en la tele junto a su abuelo Luis y, cuando apareció en serio en su vida, no lo dejó escapar. De tal forma, que el joven chantreano aspirante a futbolista cogió las maletas y decidió luchar por su sueño en Tailandia, cuna del boxeo tailandés o muay thai. Nunca cayó a pesar de que le decían que era malo o no estaba preparado. Nunca cayó a pesar de que tenía lo mínimo para subsistir. Dejó su vida en Pamplona y comenzó su vida de película. El resultado es un palmarés brillante en el que destaca su título de campeón de España súper gallo profesional. “Soy el único navarro que lo ha conseguido”, dice orgulloso, porque a pesar de haber viajado por el mundo, haberse hecho boxeador en Bangkok y vivir ahora en Ponferrada, es y se siente profundamente chantreano.

Desde tierras leonesas, Mikel atiende feliz la llamada, y eso que sabe que en Navarra apenas se ha hablado de él. Hace unos días, la revista de su barrio Auzolan le hizo un reportaje y ayer afrontaba ilusionado el reto de descubrir a los navarros quién es y cómo ha llegado a la cumbre de este deporte de contacto similar al kickboxing, con el que curiosamente pelea por ser considerado olímpico. A diferencia del boxeo, en el que se emplean sólo los puños, o las principales artes marciales, que permiten puños y pies, en muay thai, llamado “arte de ocho miembros”, se usan tibias, codos y rodillas.

 

COMPAÑERO DE MUNIAIN

Mikel recuerda cómo cuando era un niño se quedó prendado del boxeo. “Yo jugaba al fútbol en el equipo del barrio, allí estaban Muniain, Eguaras... Era bastante bueno. Mi abuelo, Luis Fernández Moreno, había sido boxeador amateur. En casa había dos teles, una estaba con el fútbol y otra con el boxeo. Pero yo veía el boxeo. Tenía 5 o 6 años y ya me gustaba. Luego me puse a ver películas de boxeadores, como Rocky, y a conocer la vida de Muhammad Ali, Mike Tyson...”, recuerda Mikel.

Durante su infancia, pasó mucho tiempo en la plaza del Juanto (conocida tienda de chucherías ubicada en la plaza del Félix) con sus amigos, algunos de los cuales se iniciaron en el muay thai y le animaron a ello, sabiendo que su abuelo había sido púgil. Alternaba el fútbol y sus inicios con este nuevo deporte. Dejó los estudios y muy joven se puso a trabajar en lo que le salía, como Focsa o, con más continuidad, Embutidos Goikoa.
Su flechazo definitivo con el muay thai fue al entrar al local donde entrenaban sus colegas, y al respirar aquel ambiente lo vio claro: “Eso es lo que yo quería. Enseguida me organizaron una pelea y la gané. Así que cuando me llamaron para hacer la pretemporada en Lagunak, dije que no. Me enamoré de aquello y no quería hacer otra cosa. Llevaba dos o tres años muy buenos en el fútbol, tenía hablado seguir con Lagunak o ir al Amaya que había subido de Preferente a Tercera. Yo soy muy constante, me he cuidado siempre mucho. Pero lo tuve muy claro. No sé si porque me acordaba de mi abuelo, por la sensación de cansancio que tenía al acabar de pelear... En el fútbol estaba acomodado. Era técnico y rápido, pero no me hacía sentir bien. Y con 21 años, decidí dejarlo y centrarme en el muay thai”.


 

EL VIAJE CLAVE A TAILANDIA

Volvió a pelear y volvió a ganar. Y entonces, surgió la oportunidad que cambió su vida: viajar a Tailandia. “Cogí un avión con cuatro o cinco españoles y me fui para allá. Iba a aprender, a estar 6 meses, pero no sabía lo que me iba a encontrar. Lo dejé todo. Mi trabajo en Chorizos Goikoa, mi novia... Mi madre me decía: ‘¿Adónde vas hijo, con 22 años? Quédate con el trabajo”. Vendí el coche para tener dinero. Me quedé sin nada. Yo no había salido de la Chantrea. Lo más lejos que había ido era a Salou. Fui una vez a Benidorm y aluciné”, recuerda sincero Mikel, que no ha borrado su primera impresión al pisar suelo tailandés.

“Me bajé del avión y dije: ¡Qué pasa aquí! La gente me hablaba, yo no entendía nada. Uno de los chicos españoles me tranquilizó. Me dijo que las primeras semanas iban a ser de impacto. Estaba en una barriada de Bangkok, un gimnasio famosísimo de la vieja escuela. Yo vivía en una habitación con un colchón, las cucarachas caían al suelo. No tenía ni televisión ni nada, sólo frigorífico y aire acondicionado. Mi habitación era de las pobres, pobres. Había gente con dinero que tenía las habitaciones buenas”, rememora.

La intención de Mikel Fernández estaba clara, aunque no supiera cómo iba a conseguirlo. “Yo quería ser campeón, lo tenía clarísimo. Vi que necesitaría mucho tiempo para aprender. Mi entrenador me dijo que necesitaba mucho entrenamiento. No daba un duro por mí -dice riendo-”.

En el gimnasio, la vida de Mikel fue dura. Compartía cuadrilátero con jóvenes oriundos de condición muy humilde. “Se habían metido al muay thai para pagar las medicinas de su familia. Eran chicos de mucho nivel y pelear con ellos fue lo que me hizo crecer. Yo era malísimo y entrenando todos los días con ellos conseguí mejorar. Al principio, tienes que conectar con ellos. Creen que les vas a robar el pan, es una cultura muy cerrada. Los entrenadores les inculcan que el blanco no les puede ganar”, revela el navarro. A pesar de las dificultades, el chantreano siguió perseverando. “Estuve dos o tres meses entrenando sin parar. Pasándolo fatal en la habitación, con agujetas... Ellos llevaban desde los 5 años haciendo lo mismo y yo acababa de empezar a entrenar de verdad”, confiesa.

 

'MANOS DE PLOMO'

Llegó un momento clave para él. “Peleé con un chico chino, le gané, se acercó el dueño del gimnasio y me preguntó si estaba preparado para competir. Le dije que sí, que es lo que estaba esperando, una oportunidad. Así que me organizó una pelea con un tailandés en un estadio que allá llaman de rodaje”, continúa.

El rival tenía más peso que él. “Tenía unos brazos que yo pensé... Esta pelea va a ser difícil. Fue muy reñida, el chico era muy superior técnicamente que yo, mucho más listo, pero... A mí me apodan Manos de Plomo porque dicen que golpeo muy fuerte con las manos. Cuando quedaban 10 segundos lo cogí por la mano derecha el estómago y la otra en la cara y lo senté. Y gané. Mi entrenador me dijo que era muy malo ténicamente, pero que tenía que ganar. Y me empezó a entrenar de verdad”, relata.

Aquel chaval por el que nadie apostaba, salvo él mismo, ha llegado a ser campeón de España profesional en la única federación que respalda el Comité Olímpico Español, la Federación Española de Kickboxing, Muay Thay y Deportes Asociados (FEKM).

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